La Coctelera

de la vida y sus cosas...

Para hablar sobre las cosas cotidianas que pasan en nuestra vida. Incluso de aquellas que no suelen parecernos importantes.

Categoría: Artículos

15 Agosto 2009

El libro de nuestra vida

Hay quienes piensan que la vida es como un libro en blanco y que somos nosotros, los que día a día, vamos escribiendo en él y tejiendo las historias que conformarán nuestra propia vida.

Algo de cierto hay en todo eso... A diario, y casi siempre sin ser conscientes de ello, tomamos decisiones y elegimos caminos sin saber muy bien por dónde nos llevarán. Y es así como una pequeña historia se empieza a escribir en las páginas blancas de nuestro libro de la vida.

Pero no siempre somos nosotros quien escribimos esas historias. A veces son otros quienes las escriben apropiándose de nuestro libro y dejando en él sus huellas. Huellas que no siempre son fáciles de borrar y que tal vez más tarde, de alguna manera, pueden impedirnos pasar página.

Ya sea porque somos incapaces de no hacerlo o porque nos gusta recrearnos en ellas, algunas de las páginas de nuestro libro personal nos calan y nos llegan más hondo de lo que quizás sería aconsejable. Las leemos y releemos una y mil veces hasta que las tenemos ya tan interiorizadas que nos cuesta darnos cuenta, porque no queremos admitirlo, que son simplemente un episodio más en nuestras vidas.

Pero inevitablemente, y casi siempre con algo o con mucho dolor, llegará un día en el que tendremos que armarnos de valor, sacar las fuerzas necesarias, hasta de debajo de las piedras si fuera preciso, para pasar página y comenzar a escribir en una nueva hoja en blanco.

Una hoja en blanco que nosotros, una vez más, deberemos llenar. Con nuestra letra alegre y saltarina en ocasiones; meláncolica y arrastrada en otras; pero que siempre ha de ser nuestra propia letra y nuestra propia mano la que escriba las páginas en blanco en este nuestro libro de la vida.

Sólo así, al mirar hacia atrás y releer alguna de sus páginas, podremos sentir que fuimos los forjadores de nuestro propio destino.

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3 Junio 2009

Como un Castillo de Arena

Hay momentos en los que la vida se empeña en querer darnos lecciones que hubiéramos preferido no tener que aprender.

Pero ahí está ella, como queriendo burlarse de nosotros... Obligándonos a abrir los ojos a una realidad de la que nos gustaría escapar... Y como no podemos hacerlo es entonces cuando aprendemos... Cuando se nos rompen los esquemas y sentimos que nuestro castillo de arena se nos ha derrumbado.

Como esos castillos de arena que durante horas, pacientemente, algunos niños construyen cerca del agua... Demasiado cerca... Sin ser conscientes de que en cualquier momento el mar puede arrasar con ellos y destruirlos.

Cuando lo han terminado se alejan unos pasos para poder contemplarlo desde la distancia, que es desde donde todo se ve con más objetividad, para admirar su obra de la que tan orgullosos se sienten.

Y es entonces, justo en ese instante, cuando esa ola que parecía haber estado esperando pacientemente a verlo terminado se lanza implacable contra él con un aire casi burlón. Y en apenas unos segundos destruye y deja convertido en un simple montón de arena lo que hasta entonces había sido un hermoso y majestuoso castillo en el que moraban los duendes y las hadas.

Así es la vida a veces... Quizás demasiadas veces... Nos empeñamos en construir castillos de arena que con un simple golpe de mar se derrumban y desaparecen para siempre....

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3 Febrero 2009

Como juncos somos...

Nunca te engañes a ti mismo; la verdad sólo hace daño a los mediocres y a los débiles...

Desde que leí esta frase, no recuerdo cuándo ni donde, ha sido la máxima que siempre he intentado aplicarle a mi vida. Pero es tan y tan difícil seguirla al pie de la letra...

Tanto, que últimamente no dejo de pensar que de ser cierta el mundo debe de estar lleno de personas mediocres y débiles. Yo entre ellas, por supuesto... Porque ¿quién no se ha engañado a si mismo en alguna ocasión? Por no hacerse daño; por cerrar los ojos y no tener que enfrentarse a la realidad; por vivir de sueños imposibles esperando lo que en el fondo sabemos que jamás podrá llegar a nuestras vidas...

Pero, ¿de dónde sacar las fuerzas necesarias para seguir adelante enfrentándose cara a cara con la fría y cruda realidad? En ocasiones lo intentamos una y mil veces. Cayéndonos; volviéndonos a levantar de nuevo; huyendo por caminos que no conducen a ningún destino; escondiéndonos tras falsas promesas de libertad y de felicidad, pero que sabemos no son ciertas; creándonos ilusiones, aunque tengamos que arrancarlas de debajo de las piedras, con tal de poder sobrellevar lo que en el día a día se nos hace menos llevadero...

No engañarse nunca a si mismo significa tener el coraje suficiente para aceptar las cosas tal como son, por duras y alejadas de nuestros sueños que estén... El coraje y la valentía de enfrentarse a la vida plantándole cara y luchando a brazo partido con ella, si fuera preciso, con tal de conseguir ganarle la batalla... Esa batalla que en más de una ocasión consideramos perdida... Pero como nos negamos a rendirnos seguimos y seguimos batallando en una lucha casi imposible porque a pesar de todo no hemos perdido la esperanza de poder ganarla algún día...

Lo importante en nuestras batallas diarias es ser como el junco: que por mucho que el viento se empeñe en ocasiones en doblegarle al final siempre termina de nuevo erguido y en pie...

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26 Enero 2009

Escribir por escribir...

A veces me pregunto por qué o para qué escribo... Por qué siento en ocasiones esta necesidad de poner por escrito todo lo que se me cruza por la mente.

Escribo y escribo a diario... Cosas sin sentido a veces... Pensamientos absurdos otras; vivencias, sueños imposibles, realidades que me golpean sin piedad en pleno rostro... Lo que me pasa; lo que me gustaría que me pasara, lo que ya viví... Incluso lo que aún me queda por vivir...

Escribir tiene algo de mágico y de misterioso. Es como una necesidad del alma que cuando surge no hay forma humana de detenerla. Y entonces pillas lo primero que tienes a mano. Cualquier minúsculo trocito de papel puede servir, en un momento dado, para dejar plasmados esos pensamientos que te asaltan.

Escribir, de alguna manera, es también el equivalente a reir o a llorar. Cuando la tristeza del alma resulta tan aplastante que casi te puede, en vez de llorar, dejando que las lágrimas fluyan lentamente o a raudales, arrastrando con ellas toda la angustia que te oprime y asfixia hasta casi no dejarte respirar, escribes...

Y vas dejando, en lo que era una hoja en blanco, todo un cúmulo de sentimientos que si no fuera así seguramente jamás saldrían fuera. Después llega la liberación, aunque sólo sea momentánea, y la angustia desaparece.

Otras veces escribes, aunque en mi caso ocurre poco, las cosas buenas que te van pasando. Y con el tiempo, cuando vuelves a releerlas, es como vivirlas un poco de nuevo...

Ya sean alegrías o tristezas, escribir por escribir puede llegar a convertirse en la mejor terapia...

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5 Enero 2009

Cuando un amigo se va...

Hay una canción de Alberto Cortez que siempre me gustó especialmente: Cuando un amigo se va...

Y de ella, dos de sus estrofas, tienen un significado muy especial:

Cuando un amigo se va queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo...

Cuando un amigo se va se queda un árbol caído que ya no vuelve a brotar porque el viento lo ha vencido...

A lo largo de toda mi vida siempre he pensado que la amistad era uno de los regalos más hermosos que la vida podía ofrecerte.

Quien tiene un amigo tiene un tesoro... Ésta y cientos de frases más hacen referencia a la amistad. Pero la amistad es una de las más delicadas plantas que existen. Hay que cuidarla y mimarla para que no termine secándose. Y no es nada fácil hacerlo.

En ocasiones la vamos descuidando, apenas si la regamos ni le quitamos las malas hierbas que le van creciendo alrededor, ni tampoco le damos todo ese afecto y cariño que necesita para crecer hermosa y llena de vida.

Otras veces cometemos el error de excedernos en su cuidado: la regamos demasiado y terminamos asfixiándola y ahogándola. Por querer cuidarla y protegerla demasiado acabamos con ella. Y un buen día nos damos cuenta que aquella hermosa planta que la vida puso en nuestras manos ha terminado mustia y medio seca. Casi sin posibilidad de que vuelva a florecer...

Y es entonces cuando se te vienen a la mente aquellas otras palabras de una triste y hermosa canción...

Algo se muere en el alma cuando un amigo se va...

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10 Mayo 2008

El Puzzle

 

 

Finalmente había llegado el día...

 

Sentada delante de la mesa donde lo tenía todo dispuesto y vestida con aquel pantalón de chandal del que era incapaz de desprenderse, a pesar de lo viejo y desgastado que estaba, una camiseta de manga corta que ya pasó también sus mejores años y con sólo unos calcetines de lana en sus pies, sin zapatillas, como le gustaba caminar por la casa, cerró los ojos por un instante como para concentrarse mejor en la labor que tenía por delante. Una tarea nada fácil la que se le presentaba: había decidio reconstruir su vida...

A un lado de la mesa tenía una humeante taza de té a la que le había añadido una hojita de hierbabuena. Con mucho azúcar; como siempre le gustaba tomarlo.

Al otro lado, a la izquierda, una varita de incienso de sándalo, que un día le regaló alguien muy especial, expandía a su alrededor un intenso aroma que le transportaba a otros universos... Aquellos a los que demasiado a menudo le gustaba escapar...

Enfrente tenía la cajita de madera donde había ido guardando, día tras día, todas las piezas que fue rescatando y que ahora se disponía a unir de nuevo como si de un inmenso puzzle se tratase.

 

Sabía que era misión casi imposible poder volver a reconstruirlo y dejarlo tal y como era antes, porque algunas de las piezas se le habían ido perdiendo por el camino, otras estaban irreconocibles y algunas más pensaba descartarlas para siempre porque no quería que volvieran a formar jamás parte de su Vida.

 

Además, junto con las piezas que representaban lo que fue, estaban también las que se habían ido añadiendo en los últimos tiempos. Las que reflejaban cómo era en la actualidad. No deseaba que formaran parte de su puzzle personal, pero era consciente de que para bien o para mal ahí estaban y el puzzle no quedaría completo ni terminado si no las incorporaba. Aunque su sola visión le produjera una tristeza nada fácil de sobrellevar. Pero tenía la esperanza de que con el paso del tiempo sería capaz de hacerlo y que terminaría viéndolas como una parte más de su bagaje personal.

 

También, y después de meditarlo mucho, había puesto en la cajita de madera, junto con lo que fue y lo que era, otras muchas piezas de lo que se había propuesto ser a partir de ese momento: alguien no tan vulnerable; que no se diera tanto a los demás, porque, aunque tarde, estaba aprendiendo que eso sólo llenaba de sufrimiento, tristeza y melancolía su Alma...

Y albergaba, quizás la vana esperanza, de que con la reconstrucción pudiera apartarlos de su vida... Lo que no sería nada fácil, porque se le habían metido tan dentro en el Alma estos sentimientos que sacarlos no podría hacerlo del todo...

 

Casi como si fuera un solemne ritual tomó un sorbito de la humante taza de té, inspiró profundamente los aromas del incienso de sándalo que ya se habían esparcido por todo su entorno y colocó la primera pieza...

 

Lo que saldría de allí, una vez terminado, nadie podía saberlo....

 

 

 

 

 

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9 Enero 2008

El Baúl

Abrió la tapa del gran baúl donde guardaba su vida.

Un baúl que había ido creciendo con los años, no pocos ya, y en el que en un revoltijo sin orden ni concierto se guardaban todas sus vivencias. Sabía que tenía que estar allí, lo que un día, todavía no lejano en el tiempo, había perdido. Eso era al menos lo que esperaba y deseaba con toda su alma: poder encontrarlo. Sólo así volvería a ser quien fue...

 

Comenzó por sacar, por ser la más reciente, toda la tristeza que cargaba a sus espaldas y que guardaba en él. Tanta, que en ocasiones sentía que su peso le aplastaba y le impedía caminar con soltura. La arrojó casi con rabia a un lado de la habitación y continuó rebuscando y rebuscando en su baúl...

 

Los largos días de playa, el paseo por la montaña, aquella golondrina que en un día de lluvia quedó empapada y moribunda en su balcón, y que amorosamente secó y dio calor hasta que se repuso y emprendió de nuevo el vuelo...

 

El nacimiento de sus hijos, su primer día de colegio, la mañana de Reyes abriendo los regalos con ellos y reviviendo con ilusión su ya tan lejana infancia...

 

Todo lo fue haciendo a un lado y siguió buscando y buscando...

 

Más al fondo del baúl encontró los apacibles días de su niñez, cuando libre como un animalillo salvaje correteaba por el campo y se bañaba en las frías aguas del riachuelo que discurría a las afueras del pueblo donde pasó sus primeros años...

 

Las ilusiones perdidas, los amigos que el tiempo y la distancia se llevaron, los más recientes que habían venido a llenar el hueco que los otros dejaron... La muerte de quien tanto amaba... A quien todos veían sólo como a un gato pero que siempre fue algo más...

 

Los días de otoño que tanta melancolía y a la vez alegría traían siempre a su vida... El muñeco de nieve que hicieron cuando la gran nevada y al que todos los vecinos fotografiaron...

 

La soledad, su inseparable compañera a lo largo de toda su vida...

Encuentros, desencuentros, amores, desamores... Tristezas, alegrías, risas algunas, lágrimas pocas...

 

Lo que llegó tarde a su vida y se marchó aun antes siquiera de haberlo tenido...

Poco a poco el suelo de la habitación quedó alfombrado con todo aquello que fue sacando de su baúl... Pero lo que con tanto afán buscaba, casi con frenesí, no aparecía por ningún lado. Y sabía que tenía que estar allí. Porque no hacía tanto tiempo que lo había perdido...

 

Con desaliento se dejó caer al suelo cuando tomó conciencia de que en realidad no sabía siquiera lo que estaba buscando....

 

 

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17 Diciembre 2007

Entre la Tristeza y la Nada...

Entre la Tristeza y la Nada, me quedo con la Tristeza...

No recordaba dónde había leído esa frase ni quien la había escrito. Sólo que se le había quedado grabada a fuego en la mente. Siempre pensó que esa frase escondía una gran verdad. Sabía por experiencia propia que no había nada peor que vivir en la Nada. Sintiendo ese gran vacío interior, que como una inmensa tela de araña le envolvía de vez en cuando, más a menudo de lo que le hubiera gustado, y de la que sabía era imposible e inútil intentar escapar... Una tela de araña que le iba axfisiando poco a poco, de tal manera que en más de una ocasión creyó que no sería capaz de sobrevivir...

Entre la tristeza y la nada, me quedo con la tristeza... Se lo repetía mil veces cuando vivía en la Nada. Porque aún no había experimentado lo que era vivir en la Tristeza... Y la añoraba... Y deseaba vivir en ella mil veces antes que sentir el vacío de la Nada... Pero ahora ya sabía lo que era eso... Ahora era la Tristeza la que se había adueñado de su alma y ya no tenía esa seguridad de que ésta fuera mejor...

La Tristeza le había atrapado y la Nada con su mirada burlona, pero a la vez tranquilizadora, no paraba de observarle... Y ahora era a la Nada a quien llamaba con gritos silenciosos...

Aunque sabía, con la más absoluta certeza, que a partir de aquel día en que sus miradas se cruzaron, inevitablemente la Tristeza sería su compañera de viaje en lo que le restara de vida...

¿Entre la Tristeza y la Nada, me quedo con la Tristeza...?

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Siempre creí saber quien era. Ahora ya no lo tengo tan claro... ¿Soy como me veo yo? ¿Como me ven los demás...?

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