
¿Qué pueden tener en común un macaco y una paloma? Aparentemente nada. Uno, es un Primate, perteneciente al Orden de los mámíferos, al que también pertenece el hombre, mientras que la otra es un ave, que aunque se haya adaptado perfectamente al entorno humano, nada tiene que ver con él. Aún así, a pesar de las enormes diferencias que les separan, este macaco y esta paloma se han hecho inseparables. El pequeño macaco, de tan sólo doce semanas de edad, fue abandonado por su madre y se encontraba solo y muy deprimido en una clínica veterinaria de la provincia china de Goangdong, cuando conoció a la paloma. Y a partir de ese momento macaco y paloma ya no volvieron a sentirse solos.
Y cuando leí esta noticia me dio qué pensar. Porque una vez más me dije que el hombre, supuestamente el ser más inteligente que habita este nuestro maltrecho planeta, debería aprender y mucho de este macaco y esta paloma.
A ellos no les ha importado pertenecer a especies diferentes. Que una sea capaz de surcar los aires con su vuelo, mientras que el otro se desplaza saltando de rama en rama, o a ras de suelo... Que su aspecto físico sea totalmente opuesto: ni el color, ni la apariencia, ni ni las plumas en la paloma y el pelo en el macaco...
Que su forma de reproducirse sean completamente distinta... En fin, que no tengan aparentemente nada en común.
Pero sólo era aparentemente. Porque sí hay algo que tienen en común y es su capacidad de amar y solidarizarse con las necesidades del otro. Sin que les haya importado para nada la especie a la que pertenecían, ni el color, ni el aspecto físico, ni nada de nada.
Sólo vieron que se sentían solos y que se necesitaban y se dieron mutuo apoyo. Eso que tantas y tantas veces el ser humano le niega a sus semejantes, guiado por su egoísmo, prejuicios... y por tantas y tantas cosas.
Son sólo un macaco y una paloma. Pero tienen mucho que enseñarnos...
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Hoy se ha celebrado en mi pueblo la Fira d'Oportunitats. O sea, la Feria de las Oportunidades, donde los comerciantes sacan a la calle productos rebajados, saldos y todo aquello que tienen almacenado en sus tiendas y que no hay manera de vender. En la plaza montan sus paradas y allí cada uno ofrece y vende lo que puede. Que a mi no me parece mal, porque si con eso consiguen sacarse de en medio lo que no venderían de otra manera, pues perfecto. Aparte de los comerciantes también montan sus paradas todos aquellos que tienen cualquier tipo de negocio para darse a conocer: floristerías, talleres de coches, carpinterías, cristalerías, reformas para el hogar... pero de todos ellos la que más éxito ha tenido ha sido la parada montada por una de las carpinterías de aluminio que tenemos aquí. Se dedica a realizar cualquier trabajo relacionado con este material, además de colocar toldos, puertas blindadas y no sé cuantas cosas más. Pero no era esto lo que atraía al público, a pesar de tener una variada muestra de sus productos, sino las cuatro atractivas muchachas que al son de la música a todo volumen que tenían puesta no paraban de bailar. Eran muy jovencitas, y seguramente con las prisas de la inauguración del fiestorro éste, y para no llegar tarde, se olvidaron la mitad de la ropa en casa. No les dio tiempo mas que a ponerse la parte superior de un bikini, y por abajo algunas llevaban una faldita, si se le podía llamar así, y otras un pantaloncito o lo que debió serlo antes de que le cortaran las piernas. Al pantalón, quiero decir...
Se arremolinaba tanta gente alrededor que era imposible acercarse a las puertas o ventanas de aluminio que tenían en exposición. Suponiendo, claro esta, que a alguien le interesara ver estas cosas.
Y yo no lo critico, que quede claro. Que cada uno atrae público a su negocio como mejor le da Dios a entender... Pero sí me apenó un poco verlo, no lo voy a negar. Y no porque yo vaya de feminista por la vida, que de eso no tengo nada. Al menos si por feminismo se entiende quítate tú para ponerme yo... Lo que me apenó fue ver como se aprovechan de unas pobres chicas que por ganarse cuatro euros, son capaces de ponerse a bailar allí, medio desnudas, sin venir a cuento. Porque si lo que estuvieran promocionando fuera una discoteca, o una tienda de ropa interior, o qué se yo qué cosa... tendría algo de lógica su presencia allí. Pero una carpintería de aluminio.... En fin, que no lo entiendo... Debo de ser muy antigüa.
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En estos días no hemos parado de ver por televisión imágenes de la famosísima Pasarela Cibeles. Allí, bajo la atenta mirada de todos aquellos que han tenido el “privilegio” de poder asistir a ella, han desfilado las y los modelos luciendo las prendas que supuestamente se llevarán la próxima temporada.
Yo no voy a entrar en si las chicas , algunas de ellas parecían cadáveres andantes, están o no están demasiado delgadas. Tampoco en la polémica que se ha generado porque las han medido y pesado, y a la que no se ajustaba a lo establecido la dejaban fuera. Aunque sí reconozco que como mujer creo que es algo humillante que te traten como si fueras ganado de feria.
De lo que yo quiero hablar es de los modelitos que alguna de ellas se han visto obligadas a lucir.
Y para muestra, ahí va eso.


Y otro más, que por supuesto no tiene desperdicio.

Ahora, desde la más profunda reflexión, ¿ puede alguien, por favor, decirme en qué celebraciones, bodas, bautizos, comuniones, eventos... podremos lucir semejantes trajes, en el supuesto caso de que nos los compráramos? Porque no podemos olvidar que para la mayoría de los mortales, sus precios son prohibitivos.
Sostengo, pese a quien pese, que el mundo está loco.
Si por un casual , vamos, si por esos giros que da la vida yo decidiera meterme a diseñadora de ropa y decidiera crear un traje como alguno de éstos y me presentara en la pasarela Cibeles con él, ¿ qué ocurriría?
Sería el hazmerreír de todos los que allí estuvieran. Me echarían a patadas por destrozarles la vista con semejante engendro.
Pero, ¿ y si el que lo ha diseñado es un modisto de reconocida fama?
Pues hale, todos a aplaudir, que para eso estamos aquí y hemos conseguido un pase que no cualquiera tiene.
Y allí se veían por la tele, sentaditos en sus sillas y aplaudiendo a rabiar cuando de haber podido leerles la mente seguro que estaban pensando:
¡ Dios, qué horror de traje!
Esta vida nuestra es de pena. Ya no sabemos ni lo que está bien, ni lo que está mal, lo que vale la pena y lo que no lo vale. Y no paramos de bailar al son que nos tocan.
servido por delavidaysuscosas
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