Para hablar sobre las cosas cotidianas que pasan en nuestra vida. Incluso de aquellas que no suelen parecernos importantes.
24 Febrero 2007
12 Enero 2007

Encuentro hoy en mi buzón una carta que me ha hecho, por fin, creer, que la suerte sí está de mi lado. Os la transcribo para que os deis cuenta de que es cierto lo que digo. Empieza así.
OFICINA DE PREMIOS SIN RECLAMAR
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Comunicación de Premio:
Apreciada amiga María: (aquí, como se puede leer, aunque no me conozcan de nada ya me aprecian . Lo que me reconforta bastante. Aunque como este país está plagado de Marías, vete tú a saber si se trata de mi. Pensaré que sí, para no estropearme la ilusión.)
Justamente acabo de volver de la "Entrega Especial. Premios y Regalos no Solicitados" de la temporada pasada, y todavía estoy muy impresionada. Esta vez el valor de los premios y regalos es de miles de euros. Entre otros muchos hay valiosos televisores de plasma, viajes a Praga, cámaras digitales Sony, teléfonos móviles de última generación, ordenadores portátiles, equipos de home cinema y lectores de DVD, por valor de más de 13.000 euros.
Y ahora viene lo mejor: (esto lo dice la carta, no yo)
¡¡¡Usted por fin ha ganado, mi muy querida amiga!!!
¡Pero cuanto me quieren!, ¿no es maravilloso que me quieran así?
"¿Cómo es posible?", se preguntará usted, ahora. ( Y me lo pregunto, tiene razón la mujer ésta. Porque así, sin conocerme de nada y que me vengan a regalar tantas cosas...) Pues es muy sencillo. (ahora me lo aclararán, me dije), nosotros realizamos entregas de premios por un valor total de más de 180.000 euros. ( no me he pasado poniendo ceros. Es lo que dice la carta) Y una vez tras otra, los ganadores legítimos no reclaman su premio. ( que hace falta ser tontos. Para una vez que alguien regala cosas... Además, como dice el refrán, a caballo regalado...)
Esto es así, y realmente es increíble, amiga María, ¿o no? ( Pues sí, vaya si lo es, pero ya sabemos que hay gente pa tó)
Porque, amiga mía, ( me salen amigos por todos lados) ¿ quién renuncia voluntariamente a un televisor de plasma ( yo no, que el mío de no plasma está ya para que lo jubilen), a un teléfono móvil (yo tampoco, porque el que tengo es de la época de los dinosaurios), a un viaje a Praga ( a esto no renuncio ni loca; por fin podré llegar más allá de Andorra), a un ordenador portátil (bieeen, ya no tendré que ir mendigando por casa a mis hijos que me dejen un ratito el ordenador, que parece que forme parte de su anatomía, por lo poco que se despegan de él), a un equipo de home cinema, a un lector de DVD? ( a nada de todo esto, todo para mi)
Por eso para usted, mi querida María, ( pelín empalagoso me está empezando a resultar esto), el descuido de estos ganadores es todo un acierto. Porque según el reglamento establecido, en el artículo 16, los premios no solicitados deben de ser entregados a otros ganadores. ( aquí se ve que es donde entro yo).
¡Estimada María, hoy por fin ha tenido suerte!
Ya era hora, porque dejé de comprar el cupón de los viernes hace años, cuando vi, después de dos meses ininterrumpidos comprándolo todos los viernes, que ni por equivocación me tocaba el reintegro, aunque fuera.
¡Me alegro tanto por usted! (pues yo más), porque según mis datos el Departamento de Grandes Premios le ha nombrado ganadora. ¿Y quién se lo merece mejor que usted? (hacen cada pregunta... Pues nadie, naturalmente)
¿Y qué es lo que tiene que hacer, mi estimada amiga María, ( no es por ser desagradecida pero como que empieza a cargarme un poco tanto querida y estimada...) para recibir su premio? Es muy sencillo, envíe rellenada la tarjeta adjunta, que no necesita sello (hasta eso me ahorran), y nosotros, rápidamente, nos pondremos en contacto con usted para gestionar la entrega del premio.
Lo que no me ha quedado claro es si sólo me darán uno a elegir, o si por el contrario son todos para mi sola.
¡Qué nervios...!
24 Noviembre 2006

Hay veces en la vida en las que todo tu mundo se pone patas arriba. Esa especie de balsa en la que creías vivir, así, de repente, se te convierte en un mar bravío que agita toda tu existencia.
Hasta hoy, yo era una mujer normal. Como miles y miles de mujeres que pueblan este nuestro vasto mundo. Ni alta ni baja; ni gorda ni flaca; ni guapa ni fea... Y ni joven ni vieja.
De esas que cuando pasan por el lado de los demás, ni siquiera se percatan de su existencia. Porque son como una sombra. ¡Qué digo! Como la sombra de una sombra.
Pero vivía, a pesar de todo, feliz en mi mundo de ignorancia. Porque al no llamar la atención, al pasar siempre desapercibida, tampoco tenía problemas con los demás. Era como que no existía. Pero hoy mi vida cambió y me siento como si un rayo me hubiera traspasado.
Ocurrió al abrir mi correo, como hago cada día, siempre con la vana ilusión, a veces inconfesable, de que allí, esperándome, se encontraría el mensaje que cambiaría mi vida. Ese que me haría, por fin, salir de mi anodina y rutinaria existencia.
Y no es que yo estuviera esperando algo así como lo que le ocurrió a Meg Ryan en la película aquella que se llamaba "Tienes un e-mail", y en la que Tom Hanks se convertía en su anónimo enamorado.
En realidad, para ser sincera, ni siquiera yo misma sabía qué es lo que esperaba encontrar al abrir mi correo. Pero lo que de ninguna manera me esperaba, lo que jamás me hubiera atrevido a imaginar, era encontrarme con un mensaje como éste. Un mensaje que se ha convertido en mi peor pesadilla.
En un extenso artículo, en el que te dan consejos y te recomiendan una serie de ejercicios para que cuando llegue el verano, que total, está ahí a la vuelta de la esquina, te pillé en toda tu plenitud, había uno que sobresalía por encima de todos los demás. Y era éste:
Ejercicios en casa: cadera, cola y muslos.
Y a continuación añadía:
Estos ejercicios desafiarán tus caderas, tu cola y tus muslos en una forma completamente distinta a lo que estás acostumbrada. No esperes al verano para acordarte de tu físico
Y no acaba aquí la cosa. Porque un poco más abajo, el citado mensaje añadía:
Las caderas, la cola y los muslos son las zonas críticas del cuerpo de toda mujer. Y las más observadas por ellos; y por ellas. Ésta es una rutina de ejercicios focalizada en estos sectores, que puede realizarse en cualquier sitio y momento.
Y fue como si un abismo se abriera bajo mis pies.
Corrí como una loca a mi habitación, sin apagar siquiera el ordenador, y como una desquiciada comencé a quitarme toda la ropa hasta quedar como Dios me trajo al mundo.
Empecé a inspeccionarme por todo el cuerpo. De la cabeza a los pies. Hasta busqué entre los dedos de las manos y de los pies, por si se encontraba allí escondida y yo no me hubiera dado cuenta nunca de su existencia. Encontré las caderas. Encontré los muslos. Pero ella no estaba.
Al final, dándome por vencida, después de tan minucioso examen sin ningún resultado positivo, tuve que aceptar lo inevitable. Y entendí, en aquel mismo momento, por qué siempre me había sentido un poco rara. Un poco diferente a todas aquellas mujeres que me rodeaban. Y la explicación, de tan sencilla como era, me dejó anonadada. Era, simple y llanamente, porque yo no tenía cola.
16 Noviembre 2006
Hubo un día, no muy lejano en el tiempo, en el que me convertí, o mejor dicho me convirtieron, en señora.
Y ese día mi vida cambió.
Hasta entonces yo llegaba, pongamos por caso a la pescadería, y pedía la tanda, o la vez, como se decía en mi pueblo, y esperaba tranquilamente, con toda la paciencia del mundo sin tratar de colarme, como haría cualquier persona de bien, a que la pescadera preguntara:
- ¿A quién le toca ahora?
Y yo amablemente contestaba:
- Me toca a mi. Póngame una merluza, por favor.
A veces, mientras esperaba que llegara mi turno, alguien, entrando por la puerta de la pescadería a mis espaldas, preguntaba:
- ¿La última, por favor?
Y antes de que me diera tiempo a responder, alguna amable y servicial compradora, de esas que siempre están al tanto de todo y que también estaba esperando su turno para comprar, respondía:
- La última es aquella chica de allí.
Pero llegó un aciago día en el que ante la susodicha pregunta la amable y servicial compradora, que ejercía de informadora no oficial, respondió sin vacilar:
- La última me parece que es aquella señora de allí. La del sueter azul.
Y la señora era yo.
Y no sólo eso. Sino que la pescadera, cuando ya me había servido las truchas que ese día había comprado para la cena, también preguntó:
- ¿Quiere algo más, señora?
Y aquel triste y penoso día, en el que al salir de casa era todavía la chica del sueter azul, salí corriendo de la pescadería y sin pararme siquiera a comprar el pan, como tenía pensado hacer, me fuí derecha a casa para mirarme en el espejo del cuarto de baño, donde podía verme casi de cuerpo entero, porque ansiaba descubrir qué era lo que así, tan de repente y de un momento a otro, sin que yo me hubiera percatado, había cambiado en mi para que la chica del día anterior se hubiera convertido en una señora.
12 Noviembre 2006
Llevo ya tiempo queriendo cambiar de aires. Siempre me resultó aburrido pasar demasiado tiempo en un mismo lugar, y aquellos que me conocen ya saben que me gusta recorrer mundo. Soy una incansable viajera.
Cuenca, Segovia, Cáceres, León, Madrid, Santiago de Compostela, Gijón, Sevilla, Ibiza, Bilbao, Toledo... Y multitud de pequeños pueblecitos, que a lo largo de mi vida he ido recorriendo en mis innumerables viajes y correrías.
Pero esta vez soñaba con un viaje diferente. Algún lugar que estuviera un poco más allá de Andorra, que fue el país más exótico y alejado que me atreví a pisar.
Y no se me ocurrió hacer otra cosa que lo que una vez vi en una película: hice girar la bola del mundo, cerré mis ojos, y al azar señalé con mi dedo un punto en el globo terrestre. Tenía miedo, no vaya a creerse. Porque como me había prometido a mi misma que iría al destino que la suerte me designara, pensé que a lo mejor me tocaba ir a Portugal, que era otro de mis más lejanos destinos que en su día recorrí.
Tampoco es que lo recorriera demasiado, para qué engañarnos. Que fui poco más allá de la frontera y enseguida me di la vuelta para casa.
Pero no sé, en esta ocasión, como que me apetecía algún destino realmente más alejado.
Abrí los ojos casi con miedo y miré para ver dónde se había detenido mi dedo. Aquel que me indicaría el lugar de mi próximo destino. Y cuando vi el lugar, casi me muero de la impresión: Los Estados Unidos de América.
¡Qué suerte la mía!, no pude por menos que exclamar. Los Estados Unidos de América... Los EEUU, que queda como más chic.
Por fin visitaría el país de las libertades y de las oportunidades. Donde hasta un simple actor de cine, no un actor precisamente de Oscar, pudo llegar a ser presidente de la nación. Donde no se discrimina a nadie, ni por su raza, sexo, religión... Que eso de que la mayoría de los condenados a muerte, son casi todos negros , hispanos o deficientes, no son más que habladurías.
Los EEUU... Me parece casi un sueño pensar que pronto estaré allí. Si puedo, haré todo lo posible para que suceda, conoceré al señor Bush. El hombre más poderoso del mundo. Ante quien todo el planeta agacha la cabeza, algunos casi hasta dar con ella en el suelo. Un hombre que un día cualquiera se levanta y piensa: "¿Qué puedo hacer hoy?" Y mira, para entretenerse se le ocurre echar unas cuantas bombas en Irak, porque se le metió entre ceja y ceja que tenían escondidas no sé que cosa de unas armas químicas de destrucción masiva. Que esas hacen mucha pupa, y él quería salvar al planeta de algún loco que se atreviera a usarlas.
Bueno, pues no hay más que hablar. Allá que me dirijo sin más pérdida de tiempo.
Como es lógico y natural, antes de emprender el viaje quise informarme un poco sobre este país, del que ya se sabe casi todo, pero del que desconocía la mayoría de leyes que rigen en sus estados. Todo porque no quería llevarme sorpresas desagradables, una vez estuviera allí.
Encontré una página por internet, donde explica detalladamente las particularidades de sus leyes y ahora me ha entrado la duda. No sé si me conviene ir o no, porque alguna de sus leyes o normas, me van a crear más inconvenientes que otra cosa. Como ejemplo, para que se me comprenda, paso a explicar algunas de estas mencionadas leyes.
En Atlanta va contra la ley atar una jirafa a un poste del teléfono o a una farola.
¿Y yo qué hago? Desde que tengo como mascota a una jirafa, que se llama Ceferina, cada vez que la saco a pasear, si tengo que entrar a comprar en una tienda, acostumbro a dejarla atada a la farola más próxima mientras realizo la compra... Que no es plan entrar con ella al supermercado. Y yo que tenía pensado llevármela para que viera mundo...
La ley de Chicago prohibe comer en un lugar que está ardiendo.
Otro inconveniente más. No hay nada que me produzca más placer en este mundo, que comer mientras el fuego devora todo lo que hay a mi alrededor.
En Blythe, California, una ordenanza declara que una persona debe poseer al menos dos vacas para poder llevar botas de cowboy en público.
¡Pues sí que la han hecho buena! Si algo he deseado siempre en esta vida era poder tener unas botas de cowboy. Y qué mejor ocasión para comprármelas que allí, en la cuna de los pistoleros. Pero si resulta que debo poseer dos vacas primero, ahí está el lío. Porque ahora no sé si las vacas las tengo que llevar de aquí, o me las puedo comprar allí mismo. Que sería lo más cómodo. Porque no me veo yo viajando tantas horas con dos vacas sentadas a mi lado en el avión. O bueno, a lo mejor podría llevarlas en barco. Y en el caso de que me las comprara en los EEUU, tendría el mismo problema para el viaje de vuelta. Que después de pagar el dineral, que seguro me costarán las vacas, no es cuestión de deshacerme de ellas una vez conseguidas mis botas de cowboy, que son mi principal objetivo.
Es ilegal en Wilbur, Washington, montar un caballo feo.
¡Ya estamos con las discriminaciones! Ni los caballos se libran de la esclavitud de la belleza en la que vivimos. ¿Y cómo sé yo, en el caso de que quiera montar un caballo, si es feo o guapo? Porque si voy a ir allí, lo lógico es que monte en un caballo. Más aún cuando tendré mis botas de cowboy, esas que para poder comprármelas, habré de ser propietaria de dos vacas. Que lo seré. Porque vaca arriba, o vaca abajo, no va a impedirme tener las botas de mis sueños.
Va contra la ley que un monstruo entre en los limites de Urbana, Illinois
Mira tú por donde, esta ley me parece de lo más apropiada. Porque a ver qué gracia tiene ir paseando tranquilamente por las calles de Urbana, y así de repente, que se te atraviese un monstruo en el camino. Es como para asustarse.
En Denver es ilegal prestar la aspiradora al vecino.
¿Y qué le digo si me la pide? Pues no mire, que es ilegal que yo le haga este favor. Luego otro día yo necesitaré que me preste un poco de azúcar, y como es lógico y natural me dirá que naranjas de la china.
Las mujeres deben obtener permiso escrito de sus maridos para ponerse dentadura postiza.
Espero, deseo, le pido a Dios, que no se me caigan los dientes mientras esté allí. Porque, ¿y si mi marido se niega rotundamente a firmarme el permiso? Qué me quedo, ¿con la boca como la de un recién nacido? ¿Y de qué me alimento? ¿De biberones?
Tampoco es que sean malas todas las leyes que allí tienen. Que hay algunas que son de lo más sensatas.
Las mulas no pueden dormir en una bañera.
Pues me parece muy bien, oiga. Porque imagínate, que vienes toda cansada de hacer turismo por la ciudad. ¿Y qué es lo que te apetece en un caso así? Pues darte un relajante baño de espuma. Y vas toda decidida a llenar la bañera con agua calentita y tus sales de baño relajantes, y resulta que te encuentras allí a la mula dormida. ¡Como que no te haría ninguna gracia!
Está prohibido tener mas de dos vibradores en casa.
¡Es que hay cada viciosa suelta...! No se conforman con uno, no... Tienen que tener dos por si al primero se le acaban las pilas...
No se pueden tirar pedos en lugares públicos después de las 6 a.m. de los jueves
Es que ni los jueves, ni los viernes ni los domingos... ¡Que es una
guarrada!
No se puede pescar montado en camello.
¡De total acuerdo! Te ven los pobres peces llegar montado en un camello con la caña en la mano y ya no hace falta que los pesques. Se mueren del soponcio.
Te pueden detener por hacer una falsa promesa.
Una ley así hacía falta en este país. No quedaba ni un político libre.
Según la ley de Texas, cuando dos trenes se juntan en un cruce de vías, ambos deben parar completamente, y ninguno debe seguir adelante hasta que el otro se haya ido.
Esta es otra, que si la leéis con detenimiento, os daréis cuenta de que es la más sensata que existe para evitar accidentes. Deberían tomar nota de ella todos los países.
Esta ley seguro que la promulgó el hermano de Bush, aquel que le dijo a Aznar lo de la República de España. Es que los pobres lo suyo es de familia...
No se pueden cruzar los límites del estado con un pato en la cabeza.
La gente hace cada cosa... Se plantan un pato encima de la cabeza, y ya se piensan que así, por las buenas, pueden ir de estado en estado.
Lo que sí tengo muy claro es que si decido quedarme a vivir en los EEUU, el estado que elegiré será el de Idaho. Con lo que a mi me gusta el chocolate, ¡cómo me voy a poner...!
Según la ley del estado de Idaho es ilegal que un hombre le regale a su amada una caja de bombones que pese menos de 50 libras (aprox. 23 kg).
Nota importante: Como a veces falla el enlace de más arriba que te lleva a la página donde me informé sobre las leyes, copio aquí la dirección, por si alguien tiene pensado visitar los EEUU, para que no emprenda el viaje sin antes haberse informado.
http://www.otae.com/leyes_absurdas/
4 Noviembre 2006
¿ Qué sería de nosotros si no existieran los teléfonos móviles ? ¿ Cómo nos moveríamos por la vida? ¿Y cómo pudimos vivir tantos años sin éllos?
Un viernes más cojo el tren para casa de mis padres, y una vez más me llevo un libro para entretenerme por el camino. El paisaje, me lo sé ya tan de memoria, que como distracción ya no me sirve.
Por eso me llevo siempre mi libro, pese a que cada vez me está resultando más difícil poder leer en el tren.
Cuando más concentrada estoy, los inevitables e incesantes pitidos o musiquillas de los móviles consiguen hacerme salir de ese mundo de fantasía en el que me encontraba metida.
Los hay de todo tipo:
-Tin tin tin tin tin tin tin tin tin tin..... - este no me gusta nada. Me resulta de lo más monótono.
- -Tiruriruriruriruriruriruri.... - por el contrario, este otro no está tan mal. Me recuerda a las cabras aquellas que se ponían hace años debajo de mi balcón, y a las que pobrecitas mias, en lugar de estar retozando por el campo, les hacían subirse a una escalera. Todo para conseguir unas cuantas monedas.
-Ring ring ring ring ring ring...... - demasiado antigüo. El de toda la vida, pero que todavía, algún nostálgico, es el que hace sonar.
Y luego están los sonidos de diseño. Aquellos que el dueño del aparatito ha personalizado y que también los hay de todo tipo:
- Canciones de moda, que como no, Bisbal o Paulina Rubio se llevan la palma. No me gustan ninguno de los dos. Ni como cantan, ni como bailan, ni como se ríen... Soy de otra época, qué le vamos a hacer.
- Melodías románticas: como de eso soy un poco, aunque sin blandenguerías, me resultan más llevaderas.
- Bandas sonoras de películas: como la del último Mohicano, una de mis preferidas. Otra de esas películas que veo una y otra vez y no me canso de ella.
- Música clásica: casi no se oyen de estas, y es una pena.
- Bandas militares: éstas me dan repelús. No me gustan nada.
- El Cara al Sol: me da un yuyu escucharla....
- La Internacional: si me acuerdo de mi abuelo, me trae muy buenos recuerdos.
- El Himno de España: como si es el de Zinzinati. Lo siento, pero tampoco me dice nada. Soy española como podía haber sido de Camerún. Un accidente de la vida.
Pero sin ninguna duda, entre todo el catálogo de sonidos, destacan los que te avisan con un mensaje de voz:
- Joseeeeee, coge el teléfono que te están llamandooooo....
Y si el dueño del aparatito, el tal Jose, no lo coge, el teléfono se enfada. Como es lógico y natural. Porque a ver, ¿a quién le gusta ser ignorado?
Y es entonces cuando el móvil, dejando a un lado sus buenos modales, grita con voz aún más fuerte:
- Joseeeee, que cojas el teléfono jodeeeer. ¡Qué te están llamandoooo!
(Perdón por la expresión, pero es así, ni más ni menos, como se expresa un teléfono enfadado.)
La primera vez que lo escuché miré en todas direcciones, intentando adivinar cual de los viajeros había dicho semejante grosería, allí en publico.
Pero todos seguían con un gesto imperturbable y no pude adivinarlo. Hasta que por fin, lerda de mi, me dí cuenta que era el teléfono el que hablaba.
Igual que en el caso de los sonidos o músicas, los mensajes que te avisan de que tienes una llamada son muy variados. Todos a gusto del consumidor.
- Killooo, coge er teléfono mi armaaaaa.....
- Tienes una llamada, tienes una llamada.... - repite incansable una voz como de ultratumba.
Lo mejor de todo es que en el instante que se escucha un móvil, más de una mano lo agarra frenética y empienzan a tocar botoncitos para cerciorarse si es el suyo o no.
¡ Qué vida más interesante tiene la gente ! - pienso yo para mi misma.
A mi no se me ocurre coger el mio, mi dinosaurio-móvil, de tan grande y antiguo que es, porque no espero nada. Pero ellos, deben estar constantemente esperando algo, porque hasta las conversaciones se paralizan, y ponen cara de decepción cuando se dan cuenta de que el móvil que sonaba no era el suyo.
- Sabía que no era el mio, pero por si acaso. - le comentaba una chica al darse cuenta de que su móvil no era, a su compañera de asiento.
Y esperan y esperan... Esa llamada que quizás les cambiará la vida. O no.
Luego están las conversaciones, o más bien los retazos de conversaciones, a veces, a grito pelado, que no tienes más remedio que escuchar.
Pero esas las dejo para otro día.
27 Octubre 2006

Me llega un correo con el muy sugerente título de:
“ Consejos para lucir más joven “
Y a mi, que los años ya me están empezando a resultar un poquito pesados, de tantos como se me están acumulando, se me pusieron los ojos como platos, ávidos de lectura esclarecedora.
Aquí dejo los consejos, porque soy una persona generosa que no lo quiere todo para si, por si a alguien le puede servir de ayuda, como me ha servido a mi.
Primer consejo: Lleva el pelo por debajo del mentón. Ni más largo ni más corto. El flequillo ladeado hacia el mentón y a poder ser en un tono ligero.
Mal empezamos. Llevo el pelo corto de un tono no sé si ligero o pesado, porque no entiendo qué quiere decir con lo de ligero. Sólo sé que es castaño y mi flequillo cae encima de mi frente y no ladeado hacia el mentón como sugieren. La solución que le veo yo a esto, así de pronto, es esperar a que me crezca el pelo o ponerme unas extensiones. Esto último si me urge mucho lo de lucir más joven. Que tampoco es que haya tanta prisa...
Segundo consejo: Ten cuidado con las depilaciones excesivas. El pelo de la mujer, a partir de los treinta años, se regenera con mucha mayor dificultad y por eso es más difícil recuperar el pelo perdido.
Pues tampoco es que me preocupe demasiado esto. Con los sacrificios que se pasan para eliminar el pelo de allí donde no lo quieres, que se regenere con más dificultad, pues como que es una alegría. Aunque por otro lado, como la finalidad de estos consejos, es lucir más joven, parece dar a entender que no me quite los pelos. En qué quedamos, ¿ me depilo o no me depilo ?
Tercer consejo: Camina siempre con la espalda recta y los hombros erguidos.
Se hará lo que se pueda, pero mi madre se hartó toda la vida de gritarme "endereza esa espalda", y nunca lo consiguió del todo. Además, que por la edad, mi espalda ya no es lo que era. Que tampoco es que fuera demasiado.
Cuarto consejo: Piensa en todas las mujeres atractivas que conoces. Seguramente ellas siempre se muestran erguidas y confiadas. Esto no sólo te hará perder dos kilos en segundos, sino que te hará rejuvenecer cinco años también.
Si lo hago, lo de pensar en ellas y después me echo un ojo a mi misma, ya no salgo de casa. Por lo que dará igual si mi postura es erguida o encorvada. Y a ver si me aclaro, que no acabo yo de pillarle el tranquillo a esto. ¿ Quiere esto decir que si pienso en todas las mujeres atractivas que conozco perderé dos kilos y rejuveneceré cinco años así de repente ? Debo haberlo entendido mal... Porque si realmente esto es así, ¡ Pero qué chollo dios mio ! Sin gimnasia, sin régimen, sólo por mirar a otras mujeres atractivas... Ruego a Milady, Trini, Mariana, y a todas las que se quieran apuntar y hacerme el favor de colaborar conmigo, que me envíen su foto por correo urgente, que de aquí a las navidades como poco diez kilos menos. Y aunque el articulito no dice nada de los hombres, pues que tampoco me vendría mal, por si acaso, una fotito de Rafa, o de Corlas, ahora que parece que se está apuntando al cocteleo... que algo ayudará, creo yo. Cuantas más personas atractivas mire, más kilos que se me irán...Porque puedo asegurar, que me quedaré cegata si hace falta de tanto mirarlas. Pero yo los kilos los pierdo como está mandado.
Quinto consejo: Ve por un blanqueamiento de dientes. El tabaco, el café, las bebidas de cola y otros malos hábitos, dejan tus dientes día a día, opacos y sin brillo. Como amarronados.
Mira que suena mal lo de amarronados... Y eso de los otros malos hábitos, pues que tampoco sé muy bien a qué se refiere. Yo tengo unos hábitos muy buenos y decentes. Que siempre fui una mujer correcta, educada en un colegio de monjas... en cuanto a lo de ir a por un blanqueamiento, no tengo ni la más remota idea de adonde tengo que ir a por él. Se referirá, creo yo, a que vaya al dentista. Es que se explican muy mal...
Al principio no veía relación entre unos dientes blancos y lucir más joven. Pero después de hacer trabajar la mini neurona que tengo, comprendí el porqué de esta recomendación. Si mis dientes resplandecen con un brillo cegador, de esos que cuando miras has de apartar la vista porque te daña la retina, aquellos que intenten mirarme en realidad no sabrán si estoy más vieja o más joven. Porque mis dientes les cegarán. O sea, que sencillamente, no me verán. Problema resuelto.
Consejo extra: Duerme bien por las noches. Pocas cosas pueden hacerte envejecer tanto y en tan poco tiempo como una noche de mal sueño. Tus ojos estarán hinchados, tu piel cetrina y apagada y tu cara caída.
Sin comentarios. Esto ya me supera. Sobre todo lo de la cara caída...
26 Octubre 2006
Nos pasamos la vida haciendo preguntas tontas.
De esas que nosotros mismos deberíamos saber la respuesta, ya sea porque es de lo más evidente, o porque si no fuéramos unos ingenuos, sabríamos que jamás nos van a responder con la verdad.
Vas a la frutería porque quieres comprar una sandía. De esas bien gordas y rojas por dentro. De las que te puedes comer medio kilo sin ningún tipo de remordimiento, porque estás harta de escuchar que no tienen apenas calorías.
- ¿ Qué tal salen las sandías ? - le preguntas con toda tu buena fe al frutero.
Y él, como era de esperar, te responde con su mejor sonrisa:
- Están en su punto. Dulces, dulces... Tenga, pruebe un poco y ya verá.
Y te da un trocito de otra sandía que tiene allí partida, y tú vas y la pruebas.
- Sí, es verdad; qué dulce está.
Así, toda contenta, te vas para tu casa con tu sandía sin imaginar siquiera que la que te llevas estará, cuando la abras, toda blancuzca y más sin gracia que una patata cruda.
Y no se te ocurra, cuando vayas la próxima vez a la frutería, decirle al buen hombre que la sandía no te salió buena. Que no sabía a nada. Porque seguro que te dirá:
- ¡ Pues qué raro ! Si nadie se me ha quejado. Además, recuerdo que le dí a probar un trocito y me dijo que le gustaba.
Lo que no añade, es que la que te dio a probar era de una que tiene allí partida, en su punto, y preparada especialmente para las degustaciones de sus clientes.
Y tú te callas, porque reconoces que la tonta has sido tú. ¿ No esperarías que te dijera la verdad ? Que con una sinceridad fuera de lo común, respondiera a tu pregunta diciéndote que las sandías tienen menos sabor que un caramelo de gelatina neutra.
Otro día vas a la pescadería y te miras y remiras la merluza, o las sardinas, que no hacen muy buena cara, como si estuvieran pasando una gripe de esas que te dejan medio patidifusa. Y le preguntas a la pescadera, si la merluza, o las sardinas, están frescas.
¡ Pero qué pregunta señores ! ¿ Qué esperas que te conteste ?
- No, muy fresca no es que estén. Más bien yo diría que están medio podridas. Pero no se preocupe, que como las hemos tenido metidas en cámaras, casi ni se nota.
Pero en lugar de esto, como es lógico y natural, porque el negocio es lo primero, te responde sin dudarlo:
¿ Que si está fresco mi pescado ? ¡ Fresquísimo, señora ! Recién pescadito que lo tengo...
- No sé, es que lo veo como un poco descolorido...
- ¡ Qué dices mujer ! Si casi hasta da saltos de alegría, de tan fresco como está. Lo que pasa es que con estos focos se le ve así. Es por las luces que tenemos aquí.
Y por no hacerle un feo te llevas la merluza para tu casa, o las sardinas, que las quieres para hacerlas a la brasa, y que cuando lo intentas se te empiezan a desmontar, y más que sardinas a la brasa se te quedan como paté de sardinas encima de la parrila, y que tienes que ir recogiendo con una cuchara si es que quieres aprovechar algo.
Y no olvidemos lo que pasa con los huevos... Que a pesar de que los hayan modernizado y lleven impresos la fecha de caducidad, la mayoría de frescos no tienen nada.
Si los compras en el super, no te llevarás a engaño, porque llegas, los coges y para el carro. Nadie te va a engañar
Pero si te decides a comprarlos en la parada del mercado donde los venden, no se te ocurra preguntar si son frescos.
Lo que pasa es que casi es inevitable. Una vez más vuelves a hacer la pregunta tonta:
- ¿ Estos huevos son frescos ?
- ¿ Frescos ? Del día señora... Si tengo las gallinas aquí debajo que me los van poniendo al momento... Según los voy necesitando.
Sí, hasta con la fecha de caducidad los ponen ya. Te dices a ti misma.
Y te llevas, como no, los huevos. Y cuando intentas freir uno, empieza la clara a extenderse por la sarten de tal manera, que si se detiene es porque se lo impiden las paredes de la sarten. De no ser así, me vería el suelo de la cocina convertido en un huevo frito.
Y después está la pregunta más tonta entre todas las preguntas tontas. Vamos, la tontísima. ¡ La supertonta !
- ¿ Me quieres ? - preguntas cuando le tienes encima tuyo todo afanado por conseguir lo que quiere conseguir.
Seamos serios. ¿ Te va a decir que no ? ¿ Para que le des un empujón que le lance a tres metros de ti ?
Te dirá que sí, que eres la única en su vida. Que te quiere, que te ama, que te adora, que te idolatra...
Lo que sea. Te dirá lo que haga falta con tal de que le dejes continuar.
Pero, atrévete a preguntárselo en frío. Cuando estéis tranquilamente sentados en un banco del parque viendo comer a las palomas.
Por tanto, ¿ no es ésta la reina de las preguntas tontas...?
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