Mis historias en el tren...

Subo al tren, como siempre en el primer vagón, y me voy en busca de mi rincón preferido: el que está pegando a la cabina del conductor.
Me gusta este sitio porque se encuentra un poco aislado al estar medio encajado entre el lavabo y uno de los laterales del tren.
Es un rinconcito en el que casi nunca se sienta nadie, a menos que el resto de los vagones se encuentren totalmente ocupados, pero que a mí me atrae especialmente porque me permite distanciarme un poco de los demás viajeros.
Algo menos de una hora dura el trayecto que voy a hacer. Un trayecto mil veces recorrido, pero no por ello menos sorprendente, porque me permite conocer y palpar la vida en directo. Saldrían mil historias de ello...
Los transportes públicos son una fuente inagotable de conocimiento del ser humano porque muy a menudo te encuentras en ellos con gente de todo tipo y condición. Y estoy refiriéndome a los transportes en los que el recorrido va más allá de unos pocos minutos, como suele pasar en los autobuses urbanos o en el metro. En estos, dejando ya de lado el hecho de que te sientes allí dentro como metido en una especie de axfisiante nicho en el que te empujan y apretujan por todos lados, no da tiempo, por el trasiego de entrar y salir continuo de la gente, a pensar más allá de cómo hacer para salir indemne de la aventura que casi siempre supone viajar en ellos.
El tren es otra cosa. No siempre va tan lleno; no en los horarios en los que yo me muevo, y por eso el viaje puede convertirse en un tiempo casi de relax. Un tiempo que tengo sólo para mí y en el que, dependiendo de mi estado de ánimo, aprovecho para leer, escribir en esa libreta que llevo siempre conmigo, o en ocasiones para pensar.
Pensar sin prisas; recreándome en mis pensamientos y tratando de diseccionar lo último que haya ocurrido en mi vida o en mi entorno más cercano. Dándole una y cien mil vueltas a todo lo que me resulta incomprensible, sobre todo al comportamiento humano que es para mí el mayor de los misterios. Intentar comprender qué se esconde bajo determinados comportamientos da para mucho pensar...
Quizás debería aprender a no darle tantas vueltas a las cosas. Aceptarlas tal y como son sin intentar llegar al fondo de ellas, porque la experiencia me ha demostrado que esto a la larga sólo nos trae sufrimiento.
Es ésta una de mis asignaturas pendientes...
