La soledad nos acecha
Hace unas semanas murió el padre de mi vecina.
Era un hombre ya muy mayor. Tenía alrededor de noventa años y a pesar de que vivía en la casa de al lado, nunca había hablado con él. Llevaba meses sin bajar a la calle por culpa de las escaleras. Se pasaba las horas sentado en el balcón de su habitación, siempre que el tiempo se lo permitía, viendo pasar la vida.
Como hacía más de dos semanas que no le veía en el balcón, sentado en su silla, le pregunté a su hija que si es que estaba enfermo. Que me extrañaba no verle.
-Le enterramos hace cinco días - me contestó.
Y yo me quedé helada.
-Pero dónde murió, ¿en el hospital? - quise saber.
-No, murió en casa a las ocho de la noche del pasado miércoles, pero vino un coche de la funeraria y se lo llevó al tanatorio.
Y me quedé más helada todavía.
¿ Cómo es posible que no me hubiese enterado si sólo nos separaba una simple pared? ¿ En qué clase de mundo estamos viviendo?
Mi abuelo Juan murió cuando yo tenía doce años. Fue de madrugada y mi madre me despertó para decirme que me levantara, que el abuelo, que vivía con nosotros, acababa de morir. Como mi madre no tenía hermanos en el pueblo enseguida llamaron a los vecinos. Y se formó una especie de cadena humana. Vinieron las mujeres y entre unas cuantas le lavaron y le pusieron el único traje que tenía, para que estuviera bien vestido al emprender su último viaje. Una fue a la casa de los primos de mi madre a darles la noticia. Otros, al ser de día, avisaron al cura para que tocara las campanas de la iglesia, anunciando que había un muerto en el pueblo. Los hombres desmontaron la cama y pusieron una especie de plataforma donde colocaron el ataud, que alguien, no recuerdo quien, se había encargado de ir a buscar al taller del carpintero que los fabricaba en el pueblo.
A partir de ese momento ya no estuvimos solos. Durante todo el día y la siguiente noche que mi abuelo, ya muerto, pasó en casa, unos entraban y otros salían.Acompañándonos en nuestro dolor.
Más tarde llegaron mis tíos de Madrid y Barcelona, pero hasta ese momento, vecinos, primos, amigos... y medio pueblo, desfiló por nuestra casa.
Y este era el ritual que ocurría cada vez que alguien del pueblo moría.
Y así uno se sentía menos solo.
Y así parecía que el dolor no fuera tan grande.
Hoy en día sería impensable que algo así ocurriera. De los vecinos, la mayoría de las veces, no conocemos ni sus nombres.
La soledad, como una mancha de aceite se va extendiendo poco a poco en esta sociedad en la que vivimos.
Sólo nos tenemos a nosotros mismos. Y esto no puede ser bueno.

Martha Humphrey dijo
Querida,Darunia...
Son muchos los amigos,a los que quiero desearles una feliz navidad y un prospero año nuevo,y no solo este año,pero también los venideros.La navidad ya se aproxima y el tiempo a veces no alcanza para escribirle a cada uno,es por eso que estas humildes letras,van dirigidas con mucho amor para todos.Es un mensaje cortito,pero en el,he puesto todo mi corazón y cariño.Y en un sobresito de agradecimiento las he guardado y lo he sellado con lazitos de alegría,para cuando las puedas leer,se te queden en el alma...
Este sobrecito contiene...paz y felicidad,para ti,y todos tus seres queridos,amor,bienestar y optimismo,y un cumulo de esperanza también.Y hoy que puedo estar aquí,te expreso mi sincero agradecimiento,tu amistad la valoro, con mi alma y mi corazón...
Gracias por existir en mi vida,¡¡¡siempre,siempre!!!,te lo agradeceré,y gracias le doy siempre al señor,porque fue él,quien te puso en mi camino.Eres una persona especial,lo puede percibir mi alma,me gustan tus buenos sentimientos y el cariño que das a los demás.
Ya con estas lineas me despido,y te dejo el sobrecito con mis buenos deseos,abrelo hoy o en la noche buena,ese es mi regalo,un humilde regalo de amor.
Feliz navidad y un prospero año nuevo, para ti y todos tus seres queridos.Te lo deseo desde el fondo de mi corazón.
Sinceramente...
Martha Humphrey
17 Diciembre 2006 | 09:54 PM