La buhardilla de mi vida
En estos últimos días me he dedicado a poner un poco de orden en la buhardilla de mi casa.
Creo, que de toda la casa, es mi lugar preferido. En ella se guardan todo tipo de objetos y recuerdos que a lo largo de los años he ido acumulando y que por alguna extraña razón, supongo que por nostalgia, soy incapaz de tirar.
En las estanterías, que cubren una de sus paredes, se apilan los cientos de libros cuya lectura, desde mi ya lejana adolescencia, me han ido marcando y haciendo de mi lo que ahora soy.
Cajas que guardan alguna ropa y los primeros patucos de mis hijos. Sus juguetes y peluches preferidos, los puzzles, playmobils, las Barbis, los Legos, sus primeros dibujos y cuadernos escolares... Felicitaciones echas en una cartulina y coloreada por ellos mismos, donde dice " Para mamá"...
Y un sin fin de cosas y objetos extraños, que al formar parte de mi vida me impiden deshacerme de ellos.
Y entre todas las cajas, una que guarda para mi un significado muy especial: la que contiene mis cuadernos, poemas y todo aquello sobre lo que escribí durante años, cuando alguna cosa me llegaba dentro.
Mi primera novela... La única que logré terminar y ponerle punto final, antes que el desencanto y la vida me llevaran por otros derroteros.
Son casi ciento ochenta folios, escritos con mi vieja máquina Olivetti, y que ahora, con el paso de los años, han amarilleado y se han vuelto casi imposibles de leer.
Tenía apenas veinte años cuando la acabé, y debía de ser muy ingenua por entonces porque hasta me atreví a enviarla a un concurso.
Concurso que por supuesto no gané. Y ahí quedó de nuevo, guardada en su caja, como fiel testimonio de un tiempo que ya se perdió.
Algunas historias más, inacabadas, como la del viejo Juan, donde intentaba describir el mundo visto a través de los ojos de un anciano de ochenta años.
El libro de poemas que escribí y yo misma me autoedité, cosiendo las hojas y pegándole unas tapas que fabriqué...
Tantas y tantas cosas...
Y ahora... La historia parece que se repite.
Ahí está mi hija: tan solitaria y encerrada en su mundo como lo estuve yo.
Pero ojalá que a ella la vida le abra las puertas que a mi cerró. Y que no tenga que guardar sus sueños en una caja, como tuve que guardarlos yo.

Juan dijo
Que bonito que con menos de veinte años hayas escrito poemas y que los sueños no se guarden en una caja y nos lo transmita a los demás. Besos
http://www.lacoctelera.com/lo-que-hay/post/2006/10/01/alguna-vez
1 Octubre 2006 | 10:56 PM