La Mujer Rota
Hace unos días, viajando en el tren que me llevaba a Barcelona, coincidí casualmente con una vieja amiga a quien no veía desde hacía años.
No es que hubiéramos sido íntimas, pero sí compartimos buenos momentos. Y como ella se casó mucho más joven que yo, enseguida nos perdimos la pista. Aunque la recobramos unos años después, gracias a otra amiga que vivía cerca de ella y con la que de vez en cuando se encontraba. A través de ella había ido sabiendo de su vida a lo largo de todos estos años. Y ella había hecho otro tanto conmigo. Nos mandábamos recuerdos, pero nunca nos llamábamos. Ni ella ni yo fuimos jamás amantes de las conversaciones telefónicas. Es más, en mi caso las detesto.
Yo estaba en mi mundo, leyendo El Corazón de Piedra Verde, de Salvador de Madariaga, un libro que me había prestado mi hermana y que recomiendo, cuando sentí que alguien me tocaba en el hombro.
Levanté la cabeza del libro y me quedé mirándola durante unos segundos, sin acabar de reconocerla, hasta que por fin me di cuenta de quien era.
No sé como me vería ella a mi después de casi quince años de habernos perdido la pista, pero yo a ella la encontré muy cambiada. Y más que cambiada físicamente, con una expresión de tanta tristeza en los ojos, que me parecía imposible que fuera aquella otra muchacha alegre y vital que en su día fue.
Se sentó a mi lado y al principio nuestra conversación giro en torno a las preguntas típicas en un caso así: " ¿ Cómo estás?; Pues casi no has cambiado...; (aquí me imagino que mentimos las dos para quedar bien) ; ya estarán muy mayores tus hijos... A veces he preguntado por ti... A pesar de no habernos visto durante todos estos años, siempre recuerdo lo bien que lo pasábamos juntas...
Y así durante un buen rato, hasta que la conversación giró a temas más personales.
Me contó que hacía apenas tres meses que su marido la había dejado. - Y no entiendo todavía por qué, añadió. Entre nosotros iba todo muy bien. Teníamos nuestras cosillas como cualquier otra pareja, pero nada más...
- ¿ Y tus hijas? - quise saber - ¿ Siguen contigo ?
- La mayor se fue a vivir con su novio poco antes de que su padre me dejara, y la pequeña ha alquilado un piso con unas amigas, para estar más cerca de la Universidad.
- Entonces, ¿ahora vives sola? - le pregunté.
Y aquí se me puso a llorar. Yo no sabía qué hacer ni qué decir. Nunca he sabido reaccionar en una situación como ésta. Sirven de tan poco las palabras... Se la veía tan desvalida...
Me hubiera gustado cogerle la mano; decirle que lo sentía en el alma; que la vida a veces es una verdadera porquería, pero que a pesar de todo hay que seguir adelante... Pero no me atreví a hacerlo.
- Y ahora me he quedado sin nada - añadió casi sin voz. Mi marido, al que dediqué toda mi vida, ahora me deja tirada; mis hijas, haciendo cada una su vida; estoy sin trabajo; con mis padres viejos y enfermos...
Se la veía completamente hundida y yo seguía sin saber como aliviar un poco, al menos, la angustia que sentía.
Y siguió hablando y hablando, como si necesitara sacar fuera todo lo que llevaba dentro. Y yo asintiendo a lo que me estaba contando, porque no encontraba nada apropiado que decir.
- ¿ Recuerdas aquel libro que una vez me dejaste ? - me preguntó para mi sorpresa.
- No sé a cual te refieres. Siempre nos estábamos prestando libros la una a la otra.
- Aquel sobre el que tanto hablábamos, y decíamos que nunca nos pasaría lo que a su protagonista porque no nos íbamos a permitir depender económicamente de un hombre. Pués ahora estoy igual que ella.
Y de pronto recordé el libro: era La Mujer Rota de Simone de Beauvoir.
En él, Monique, la protagonista, es una mujer que ha dejado a un lado su vida para convertirse exclusivamente en esposa y madre. Ahora está obsesionada por saber cuáles han sido las causas por las que su marido, durante los últimos ocho años, la ha estado engañado con otra.
Acosa a preguntas a sus amigas, a sus hijas ya independizadas, e incluso al marido, con el que aún convive pese a haberse enterado de que le está siendo infiel, para averiguar en qué falló.
Todavía hoy puedo recitar casi de memoria aquel párrafo que tanto nos gustaba, y que busqué en el libro en cuanto regresé a mi casa.
En una de tantas discusiones que tienen, Monique se encara con su marido y le hace el siguiente reproche:
" Tu culpa más grande es haberme dejado aletargar en la confianza. Aquí estoy, a los cuarenta y cuatro años, las manos vacías, sin profesión, sin otro interés que tú en la vida. Si me hubieras avisado hace ocho años, me habría organizado una vida independiente y aceptaría más facilmente la situación. "
Y allí estaba mi amiga, sintiéndose tan mal como debió sentirse la mujer de aquel libro. También ella lo acababa de perder todo, y ahora, a su edad, tenía que empezar de nuevo. Lo primero buscarse un trabajo para poder subsistir.
El suyo lo abandonó al nacer su primera hija, porque con un marido representante de comercio, siempre viajando de un lado a otro, y ella auxiliar de enfermera, con turnos de doce horas, no se veía capacitada para ocuparse de todo.Además tuvo a sus hijas muy seguidas y no tenía a nadie que le echara una mano.
Se me quedó mirando como si esperara algo. Como si yo pudiera hacer algo por ella...
- ¡ Como me he alegrado de verte ! - me repitió por enésima vez. - Lástima que no vivamos cerca para poder juntarnos de vez en cuando y hablar...
El tren estaba llegando a mi estación. Me puse en pie y le di dos besos.
Y allí se quedó ella, sentada, mirándome a través del cristal de la ventanilla mientras me decía adiós con la mano.
El tren arrancó y cuando ya estaba perdiéndose en el túnel, me di cuenta de que ni siquiera nos habíamos dado los números del móvil.
Finalmente, el túnel se tragó al tren y con él a mi amiga de la juventud. Y no sé si alguna vez nuestras vidas volverán a cruzarse.
Quiero creer que sí. Lo deseo con toda el alma, porque su marcha me había dejado un sabor agridulce.

saruka dijo
yo tengo 22, y el otro dia con una amiga nos preguntamos como nos veriamos con 30. ahora estamos en un momento clave de nuestra vida. que vértigo me da que algo parecido nos pueda pasar.
se me ha encogido el corazón con el relato. intenta encontrar a tu amiga, necesita apoyo. saludos
9 Octubre 2006 | 10:26 AM