La Coctelera

de la vida y sus cosas...

Para hablar sobre las cosas cotidianas que pasan en nuestra vida. Incluso de aquellas que no suelen parecernos importantes.

14 Octubre 2006

Paula

" Escucha, Paula, voy a contarte una historia, para que cuando despiertes no estés tan perdida ".
Así comienza la conmovedora historia de este libro. Cuando en 1991, Paula, la hija de Isabel Allende entró en coma , su madre, en las largas e interminables horas que pasó al lado de su cama, primero en el hospital y más tarde en su propia casa, fue contándole la historia de su vida y de su familia, para que todo aquello no se perdiera en la memoria de los tiempos.
Pero Paula no podía oírla. Jamás saldría del coma y moriría un año después. Aún así, con el coraje y la tenacidad que sólo una madre puede tener, fue desgranando la historia familiar, con la esperanza, según sus propias palabras, de atraerla de nuevo a la vida.

Quizás esto sería lo que deberíamos hacer todos los padres con nuestros hijos: sentarnos tranquilamente a su lado, hablar durante horas y horas y transmitirles todo el saber de nuestros antepasados; esa historia familiar que se perderá inevitablemente en el olvido.
Actualmente, en esta sociedad en la que vivimos, sería impensable que ocurriera algo así. Ya no tenemos tiempo para hablar. La relación padres-hijos cada vez es más escasa. Se ha reducido a la mínima expresión. El aislamiento en el que vivimos ha llegado hasta el mismísimo corazón de las propias familias.
Aquellos tiempos en los que la comunicación que imperaba era la del boca a boca, ha pasado a la historia. Ya no hay tiempo para nada.
Sentarse tranquilamente a comentar los sucesos del día, hablar sobre la historia familiar, o intentar indagar en el pasado, a la mayoría de nuestros hijos les parecería una pérdida de tiempo.
Parece como si no nos interesara saber de donde venimos. Y casi podría decirse que tampoco nos interesa saber hacia donde vamos.
Vivir al día; esa parece ser la tónica con la que se vive en la actualidad. Una vida acelerada, con tantos y tantos cambios de un día para otro, que desgraciadamente no nos queda tiempo para detenernos un momento a reflexionar.
Y las pequeñas cosas de la vida, aquellas que son realmente las que conducen a la felicidad, pasan por nuestro lado sin que seamos conscientes siquiera de ello.
Se nos escapan de las manos, porque nuestro objetivo está en alcanzar otras metas: cuanto más grandes mejor.

servido por delavidaysuscosas 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

rafael

rafael dijo

El libro es buenísimo, como La casa de los espíritus, aunque no es una autora que me guste especialmente.
No sé si uno tendría el mismo coraje que ella para superar la muerte de un hijo, espero no saberlo nunca.

15 Octubre 2006 | 09:05 PM

Darunia

Darunia dijo

A mi me gusta como escribe, pero no me entusiasma. No sé si me explico.
Quizá sea porque primero empecé con García Márquez y ella me lo recordaba bastante.
Aunque La Casa de los Espíritus, sí me gustó mucho. Y éste, por el drama que encierra.
Cómo superar la muerte de un hijo es algo que escapa a mis entendederas. Me resulta imposible imaginarlo siquiera.

15 Octubre 2006 | 10:48 PM

barquero

barquero dijo

No he leído el libro. De todos modos, me interesa mucho la reflexión sobre la relación entre padres e hijos. Por doble motivo (soy profesor y también padre de un niño), me doy cuenta de que el estilo de vida que nos hemos auto-impuesto (aunque creo que también hay algo que se nos ha impuesto externamente), trabajar muchas horas para ganar más dinero para poder pagar las deudas, para poder tener algún que otro capricho (ropa, tecnología...), hace que pasemos menos horas con nuestros hijos. No es mi caso y que por suerte tengo a mi hijo toda la tarde a partir de las 17h. , pero muchos de los padres de mis alumnos, llegan a casa sobre las 19-20 h, cansados, estresados, con ganas de no agobiarse demasiado, y eso repercute muchísimo en el cuidado de sus hijos.
¿Solución? intentar adaptar los horarios laborales al de la escuela (¡¡¡¡no al revés!!!!), para así con un plan laboral un poco más humano, poder dar respuesta a las necesidades de nuestros hijos.

16 Octubre 2006 | 12:16 PM

Darunia

Darunia dijo

Barquero, eso sería lo ideal. Que los horarios laborales, al menos el de uno de los padres, coincidiera con el horario escolar.
A fin de cuentas tampoco serían tantos años, porque llegados a una determinada edad, ya comienzan a hacer su vida y no nos necesitan tanto.
Y de paso, si los padres no estuvieran tan agobiados creo que repercutiría favorablemente en la relación familiar.
Entiendo que no es fácil llegar a casa, después de pasarte ocho o diez horas en el trabajo, y tener que ponerte a jugar con los niños. O sentarte a escuchar como te cuentan lo que les ha pasado en el colegio. Que quizás son tonterías pero que para ellos es importante.
Y lo peor de todo es que quizás se adquieren unos hábitos de no comunicación, por falta de tiempo, que luego son difíciles de romper.
Saludos.

16 Octubre 2006 | 09:10 PM

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