Preguntas tontas
Nos pasamos la vida haciendo preguntas tontas.
De esas que nosotros mismos deberíamos saber la respuesta, ya sea porque es de lo más evidente, o porque si no fuéramos unos ingenuos, sabríamos que jamás nos van a responder con la verdad.
Vas a la frutería porque quieres comprar una sandía. De esas bien gordas y rojas por dentro. De las que te puedes comer medio kilo sin ningún tipo de remordimiento, porque estás harta de escuchar que no tienen apenas calorías.
- ¿ Qué tal salen las sandías ? - le preguntas con toda tu buena fe al frutero.
Y él, como era de esperar, te responde con su mejor sonrisa:
- Están en su punto. Dulces, dulces... Tenga, pruebe un poco y ya verá.
Y te da un trocito de otra sandía que tiene allí partida, y tú vas y la pruebas.
- Sí, es verdad; qué dulce está.
Así, toda contenta, te vas para tu casa con tu sandía sin imaginar siquiera que la que te llevas estará, cuando la abras, toda blancuzca y más sin gracia que una patata cruda.
Y no se te ocurra, cuando vayas la próxima vez a la frutería, decirle al buen hombre que la sandía no te salió buena. Que no sabía a nada. Porque seguro que te dirá:
- ¡ Pues qué raro ! Si nadie se me ha quejado. Además, recuerdo que le dí a probar un trocito y me dijo que le gustaba.
Lo que no añade, es que la que te dio a probar era de una que tiene allí partida, en su punto, y preparada especialmente para las degustaciones de sus clientes.
Y tú te callas, porque reconoces que la tonta has sido tú. ¿ No esperarías que te dijera la verdad ? Que con una sinceridad fuera de lo común, respondiera a tu pregunta diciéndote que las sandías tienen menos sabor que un caramelo de gelatina neutra.
Otro día vas a la pescadería y te miras y remiras la merluza, o las sardinas, que no hacen muy buena cara, como si estuvieran pasando una gripe de esas que te dejan medio patidifusa. Y le preguntas a la pescadera, si la merluza, o las sardinas, están frescas.
¡ Pero qué pregunta señores ! ¿ Qué esperas que te conteste ?
- No, muy fresca no es que estén. Más bien yo diría que están medio podridas. Pero no se preocupe, que como las hemos tenido metidas en cámaras, casi ni se nota.
Pero en lugar de esto, como es lógico y natural, porque el negocio es lo primero, te responde sin dudarlo:
¿ Que si está fresco mi pescado ? ¡ Fresquísimo, señora ! Recién pescadito que lo tengo...
- No sé, es que lo veo como un poco descolorido...
- ¡ Qué dices mujer ! Si casi hasta da saltos de alegría, de tan fresco como está. Lo que pasa es que con estos focos se le ve así. Es por las luces que tenemos aquí.
Y por no hacerle un feo te llevas la merluza para tu casa, o las sardinas, que las quieres para hacerlas a la brasa, y que cuando lo intentas se te empiezan a desmontar, y más que sardinas a la brasa se te quedan como paté de sardinas encima de la parrila, y que tienes que ir recogiendo con una cuchara si es que quieres aprovechar algo.
Y no olvidemos lo que pasa con los huevos... Que a pesar de que los hayan modernizado y lleven impresos la fecha de caducidad, la mayoría de frescos no tienen nada.
Si los compras en el super, no te llevarás a engaño, porque llegas, los coges y para el carro. Nadie te va a engañar
Pero si te decides a comprarlos en la parada del mercado donde los venden, no se te ocurra preguntar si son frescos.
Lo que pasa es que casi es inevitable. Una vez más vuelves a hacer la pregunta tonta:
- ¿ Estos huevos son frescos ?
- ¿ Frescos ? Del día señora... Si tengo las gallinas aquí debajo que me los van poniendo al momento... Según los voy necesitando.
Sí, hasta con la fecha de caducidad los ponen ya. Te dices a ti misma.
Y te llevas, como no, los huevos. Y cuando intentas freir uno, empieza la clara a extenderse por la sarten de tal manera, que si se detiene es porque se lo impiden las paredes de la sarten. De no ser así, me vería el suelo de la cocina convertido en un huevo frito.
Y después está la pregunta más tonta entre todas las preguntas tontas. Vamos, la tontísima. ¡ La supertonta !
- ¿ Me quieres ? - preguntas cuando le tienes encima tuyo todo afanado por conseguir lo que quiere conseguir.
Seamos serios. ¿ Te va a decir que no ? ¿ Para que le des un empujón que le lance a tres metros de ti ?
Te dirá que sí, que eres la única en su vida. Que te quiere, que te ama, que te adora, que te idolatra...
Lo que sea. Te dirá lo que haga falta con tal de que le dejes continuar.
Pero, atrévete a preguntárselo en frío. Cuando estéis tranquilamente sentados en un banco del parque viendo comer a las palomas.
Por tanto, ¿ no es ésta la reina de las preguntas tontas...?

rafael dijo
Darunia, es muy divertido el artículo de hoy, las preguntas tontas a la que tan acostumbrados estamos que no nos damos cuenta de ellas.
Lo de preguntar si te quiere después de, es peor: "¡Cof, cof, que sí mujer... cof, claro que te quiero... cof, cof". Dice entre toses por el esfuerzo supremo del después de.
Y si lo preguntas en el banco del parque, eso es cogerlo a traición, ¿cómo se puede preguntar eso mientras se está dando de comer a las palomas?
Lo malo de todo es que cuando uno lo pregunta, es porque no lo oye mucho últimamente, que se lo digan de forma espontánea.
El relato del mercado es buenísimo.
Un beso.
26 Octubre 2006 | 08:55 PM