La Coctelera

de la vida y sus cosas...

Para hablar sobre las cosas cotidianas que pasan en nuestra vida. Incluso de aquellas que no suelen parecernos importantes.

29 Octubre 2006

La Mochila

Hace un par de semanas me fui de compras con mi hijo.
Es algo que hacemos de vez en cuando, los dos solos, unas veces porque es él quien necesita comprarse algo, y otras porque lo necesito yo.
Aunque no siempre, si no me apetece ir sola le convenzo para que me acompañe y él accede. Y luego, pacientemente, espera delante de los probadores mientras yo decido qué es lo que no me quedará peor.
Nos habíamos llevado unos libros para el viaje, y aunque él, normalmente opta por su consola como entretenimiento, en esta ocasión siguió mi consejo de que aprovechara para leer el libro sobre el que tendría que hacer un trabajo para el instituto.
Pero como ya nos ha ocurrido en otras ocasiones, en lugar de leer nos pusimos a hablar.
Casi todo el tiempo de videojuegos, que es su tema favorito, o de las maravillas técnicas que tendrá la nueva videoconsola que pronto saldrá al mercado. O de cosas que pasan en el colegio...
A veces se quedaba callado y se abstraía mirando el paisaje a través de los cristales de la ventanilla del tren.
Y yo aprovechaba, ahora que casi se había olvidado de mi presencia, para mirarle a él.
Acaba de cumplir quince años, y pese a su metro ochenta de estatura, y de que ya se afeita una o dos veces por semana, no podía dejar de ver en él a mi niño pequeño. Aquel que no podía dormirse si no era enredando sus dedos en mi pelo.
Siento que la vida me premió dándome un hijo como él. Y que todos aquellos sueños que tuve que dejar por el camino, posiblemente no valían ni lo que la más ínfima partícula de su existencia.
Continúo mirándole, y me pregunto qué es lo que hará la vida con él.
Si será razonablemente feliz; si será una buena persona... Quiero creer que sí, porque ahora en un ser generoso, amigo de sus amigos, y salvo algúna que otra rabieta, típica de sus quince años, es un chico razonable, quizás excesivamente bueno.
Sé, que no ha de pasar mucho tiempo, antes de que esta relación tan estrecha que ahora tenemos se vaya haciendo cada vez más distante.
Más pronto o más tarde tendrá que seguir su propio camino y no me quedará más remedio que acostumbrarme. Y posiblemente le veré cada vez menos. Y quizás, sólo quizás, cuando ya su carácter y su personalidad estén definitivamente formados, nos alejen más cosas de las que nos unan. Pero sea como fuere, siempre me quedarán estos momentos para recordar.
Ahora, sueño con que se convierta en un hombre de bien. En una persona honesta, que jamás anteponga sus intereses a los intereses de los demás, si esto supone tener que pisotearles sus derechos.
Que sepa respetar a las personas y que cuando encuentre a su pareja ideal, sepa ver en ella a una compañera. Caminando siempre a su lado. Nunca delante, y por supuesto tampoco nunca detrás.
No sueño para él que se convierta en un triunfador, si por triunfador se entiende llegar a lo más alto en la escala social y a cualquier precio.
Quiero que triunfe, sí; pero en la carrera de la honestidad; en la de la comprensión de las desgracias ajenas. Que aprenda a valorar lo que la vida le vaya ofreciendo, sea mucho o poco, y que entienda que la felicidad no es un todo, sino un cúmulo de pequeños instantes felices, que no siempre somos capaces de apreciar.
Y me gustaría, que al final de su camino, cuando vuelva la vista atrás, no tenga jamás que sentir vergüenza de sí mismo, porque hizo cosas que iban en contra de su dignidad como ser humano.
En uno de los muchos cursillos a los que asistí en la Escuela de Padres, que organiza mi ayuntamiento, recuerdo que nos decían que los niños llegan a este mundo con una mochila a las espaldas.
Mochila que al nacer está completamente vacía, pero que nosotros, padres y educadores, vamos llenando poco a poco con nuestras enseñanzas.
Y de nosotros depende que esa mochila se llene de cosas buenas.
Todas las enseñanzas, consejos, recomendaciones... que se le van dando a un hijo a lo largo de su vida, - nos decían - van a parar a esa mochila.
Y aunque aparentemente, cuando les aconsejamos, pueda parecer que por un oído les entra y por el otro les sale, la realidad es que no es así.
Va quedando almacenado en su mochila personal, y algún día, ante cualquier contratiempo o dificultad que se les presente en la vida, y cuando no sepan qué actitud o camino tomar, siempre podrán echar mano a su mochila y extraer de allí alguna de las enseñanzas que a lo largo de los años les hayamos ido dando.
Lamentablemente algunas personas caminan por la vida con su mochila medio vacía, o llena de cosas inservibles, porque no tuvieron a nadie que se la llenara. Y cuando tienen que sacar algo de ella, se encuentran que no hay nada aprovechable.
Yo no sé si esta metáfora de la mochila es cierta o no. Pero por si acaso, se la estoy llenando tanto, que el pobrecito mio cualquier día ya no podrá con ella.

servido por delavidaysuscosas 10 comentarios compártelo

10 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Luz

Luz dijo

Y aparte de la mochila... que mejor compañera de viaje como una madre con devoción? Seguro que sabra encontrar los mejores utensilios para el camino con tu ayuda y tu consejo :)

Un abrazote.

30 Octubre 2006 | 10:18 AM

Milady

Milady dijo

Estoy de acuerdo con Luz. La mochila es importante, pero el afecto seguro e incondicional, aunque no se exprese con grandes ideas ni grandes ejemplos, es un equipaje de oro para el resto de la vida.
Eres una madre magnífica, Darunia. Cuidas, proteges, enseñas y, sobre todo, amas. Haces más de lo que se espera, no tengas miedo, tu parte la cumples más que de sobra, eso ya lo sabes. Supongo que tu temor nace de todo lo demás, de la vida, de lo que no se puede controlar. Es imposible dejar de temer por un hijo, no se les puede proteger del mundo entero y todos sus peligros, incluida la mala suerte. Excepto cubrirlo con una capa mágica anti-infortunios, haces todo lo demás. Tu hijo tiene mucha suerte.
Un abrazo.

30 Octubre 2006 | 06:12 PM

Mariana

Mariana dijo

¡Que maravilloso artículo!

Me has impactado.

Si no fuera por el invento de las Bitácoras, ¿donde se podía leer lo que siente una mujer cuando mira a su hijo de quince años? Y tan real, tan vivído, que te he acompañado en el tren mietras lo observabas. Y yo te observaba a ti.

He aprendido mucho leyéndo esto. Gracias.

Enhorabuena. A ti por el hijo. Al hijo por ti.

Un beso.

30 Octubre 2006 | 06:39 PM

rafael

rafael dijo

Recuerdo que una vez había quedado con mi hijo el pequeño para tomar café. Mientras caminábamos, él sacó un paquete de cigarrillos sin extrenar, lo habrió, y tuvo que dasandar unos metros para acercarse a una papelera y tirar el envoltorio. Tanto su madre como yo les decíamos que no se debía tirar nada al suelo. Nunca supimos si nos hacían caso, tal vez al ser tan jóvenes, en aquel momento no lo hicieran, pero las cosas que se enseñan de pequeños les duran para siempre. Esa es mi convicción.
Teniendo una madre como tú, no hay duda de que cuando sea mayor tendrá unos valores innegables para caminar por la vida con la frente alta, tal vez no ahora, pero siempre recordará los consejos de los padres.
En cuanto qué es lo que les va a deparar el futuro, es algo que me inquieta y más vale no pensarlo demasiado, es algo que sólo sabremos con el tiempo. Mientras tanto disfruta de él.

30 Octubre 2006 | 08:37 PM

Trini

Trini dijo

Darunia,

Que bien describes los sentimientos y temores que tenemos todas la madres (y lo padres, por supuesto)...y más cuando están en la adolescencia. Que nos entran todos los miedos, que queremos lo mejor para ellos y protegerlos de todos mal. Pero es cierto que debemos tener confianza en lo que les hemos educado, que es cierto que la vida da bandazos pero que si los pies están firmes en el suelo, las posibilidades de sortearlos con éxito se elevan a la máxima potencia.
Y si, os felicito a los dos que una relación tan estrecha a esas edades es muy difícil de conseguir.
Un beso muy fuerte de una madre con hijo adolescente a otra madre con hijos en la adolescencia

30 Octubre 2006 | 08:51 PM

darunia

darunia dijo

Muchísimas gracias a todos, empezando por Luz y terminando por Trini, por vuestras palabras.
Supongo que es inevitable que a los padres nos dé miedo el pensar que qué será lo que les deparará el futuro a nuestros hijos.
Y luego está también la duda de si lo estaremos haciendo bien. Si habremos sabido llevarles por el camino correcto.
Rafael, lo que cuentas del envoltorio que tiró tu hijo, demuestra que sí sirven las enseñanzas que les dimos.
Cuando empezaron a ir al colegio tuve miedo; cuando el instituto, esto ya para qué os cuento. Y de todo han ido saliendo airosos. Lo que demuestra que a veces nuestros miedos son infundados.
Mi próximo miedo vendrá para el próximo curso que mi hija empezará la Universidad.
Y como vivimos a unos cuarenta km. de Barcelona, tendrá cada día que desplazarse hasta allí.
Pero en realidad ella está tan tranquila. La de los miedos soy yo.
Un beso a todos.

30 Octubre 2006 | 09:57 PM

rafael

rafael dijo

Suele pasar, siempre somos los padres-madres quienes lo pasamos peor, vemos peligros donde no hay nada, tal vez los queremos demasiado, aunque nunca se les quiere demasiado.
Si me dejas te voy a contar otra cosa: resulta que cuando tenían 14 y 16 años, se empeñaron en meterse en Telepizza como repartidores a domicilio, me negué en redondo porque sé cómo van de locos los chavales, cuantas más repartan más dinero sacan, algunos se tienen que pagar la moto a base de eso. Es de las pocas cosas que les he negado porque las moton las tengo mucho respeto, total, que cuando el pequeño se independizó se compró una moto y además un coche, así que si no querías sopas toma dos tazas.
Creo que es ley de vida estar sufriendo siempre por los hijos, cuando no es una cosa es otra, supongo que mis padres "padecieron" lo mismo conmigo. Bueno, el abuelo "batallitas" ataca de nuevo.

1 Noviembre 2006 | 10:35 AM

Darunia

Darunia dijo

Rafael, no hay nada que me guste más en este mundo que oir los relatos de las " batallitas de los abuelos. "
Mi madre siempre dice que soy la única a la que puede contar " sus batallitas ". Porque me paso horas sentada a la cabecera de su cama preguntando y preguntando cosas del pasado y de la familia. Más ahora que sé que no queda ya demasiado tiempo para que me las cuente.
Así, a lo tonto, me estoy convirtiendo en el archivo familiar.
Y lo normal, es que los hijos, cuando se independizan lo primero que hacen es todas aquellas cosas que les prohibimos. Desde irse de vacaciones a Singapur, hasta comprarse una moto...

Pd. Y deja ya de autollamarte abuelito. Que lo único que vas buscando es que te regalemos los oídos diciéndote: " Pero si estás en la flor de la vida. Pero que tonterías dices, si los hombres maduros son los más interesantes... "
Mi marido sólo tiene cuatro años menos que tú. Así que ya ves por lo que jamás podré considerarte un abuelo.
Besos.

1 Noviembre 2006 | 10:53 AM

MB

MB dijo

Pues va a resultar que la curiosidad me va a venir bien.
Me gusta tu blog.
La metáfora de la mochila sea verdad o no es muy bonita.
Y en parte la veo muy cierta, pues más de una vez me he encontrado en situaciones en las que sin darme a penas cuenta, saco de algún lugar aquello que me enseñaron mis padres, abuelos, profesores...Y lo aplico, pues parece que no pero lo aprendí.
Así que el día que tenga hijos, que espero tener. Intentaré acordarme de la metáfora de la mochila.
Muy bonito el artículo, besos.

1 Noviembre 2006 | 03:01 PM

Darunia

Darunia dijo

Gracias MB.
También me ha pasado a mi. Que a veces me he sentido como perdida y de repente se me ha venido a la mente algunas de las enseñanzas que me dieron, y que me han ayudado a tomar una decisión.
Un abrazo.

1 Noviembre 2006 | 06:09 PM

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