La Coctelera

de la vida y sus cosas...

Para hablar sobre las cosas cotidianas que pasan en nuestra vida. Incluso de aquellas que no suelen parecernos importantes.

1 Noviembre 2006

Un día para los muertos

Hoy es el día de los muertos. En realidad es el día de Todos los Santos. El de los difuntos es mañana.
Pero es hoy cuando se les visita.
Desde el balcón de mi casa se ve el cementerio. Puedo ver, si cojo los prismáticos, hasta las coronas y ramos de flores que han depositado en los nichos.
Porque en este cementerio sólo hay nichos. Ni un sólo panteón; ni una sola tumba en el suelo.
Aquí no se hará realidad aquella frase que decía: " De la tierra naciste y a ella regresarás "
Los muertos no serán acogidos por la madre tierra. Seguirán encerrados entre cuatro paredes de cemento, de la misma manera que lo estuvieron en vida.
Desde bien entrada la mañana veo un incesante ir y venir de gente camino del cementerio. Todos con sus ramos de flores en las manos. Y aunque yo no lo vea, sé que también llevarán algo con que limpiar el cristal de la puerta del nicho.
Hay algo en los cementerios que siempre me ha atraído. Me gusta visitarlos. A pesar de que cuando camino entre sus calles no puedo dejar de sentir una especie de estremecimiento en mi espalda. Y cuando estoy allí, rodeada de tanta gente - me niego a pensar que no son mas que despojos de lo que un día fueron, - de quienes ya por fin han comprobado qué es lo que hay al otro lado, siento que hay algo como flotando en el aire. Como si quisieran decirme algo, pero que yo no soy capaz de interpretar.
Cuando era pequeña y vivía en mi pueblo, las incursiones al cementerio eran algo habitual. Incluso nos metíamos allí a jugar y a visitar las tumbas.
Nos entreteníamos leyendo las inscripciones de las lápidas, y por supuesto, las que más hondo nos llegaban eran aquellas en las que el muerto era un niño.
Porque además casi todas tenían pequeños angelitos de marmol blanco, en lugar de las cruces negras, y nos gustaba pasar la mano por sus blancas y gélidas alas.
Cuando había un entierro allá que estábamos la mayoría de las veces. Tan en primera fila nos poníamos que más de una vez a punto estuvimos, con los empujones que nos dábamos para ver mejor, de caer dentro de la fosa. Y todo porque existia la costumbre de que justo en el último momento, antes de bajar el ataud a la fosa, levantaban la tapa para que los familiares vieran al difunto por última vez. Y nosotros no queríamos perdérnoslo.
Y había veces que entre la arena removida podían verse restos de huesos o incluso, más de una vez, la calavera del anterior inquilino de la tumba.
Ya sé que esto hoy en día, desde la perspectiva que se tiene de la muerte, algo que parece que haya que ocultar, pueda parecer muy macabro que unos niños asistan a semejante espectáculo.
Pero es que la muerte, por aquella época, formaba parte de la vida. La veíamos casi como algo natural. Un paso más en el ciclo de la vida. Que por supuesto no era el paso último, sino el que te transportaba al más allá. A esa otra vida de felicidad eterna, que las monjas, y en las clases de catequesis, tan bien sabían describirnos.
Como nos decía una de las monjas en clase, allí había grandes parques llenos de columpios, balancines y toboganes. Sería porque como en el pueblo no había ni uno solo de éstos, qué mejor descripción del más allá para unos niños que un gran parque donde poder jugar.
Creo que debería tener unos tres años cuando vi a mi primer muerto. Fue un vecino y recuerdo que mi madre me dijo que iríamos a despedirnos de él, porque se iba para el cielo.
Y allí estaba, metido dentro de su ataud, con las manos entrelazadas a la altura del pecho y con un pañuelo blanco tapándole la cara. Porque por aquella época, a los muertos siempre se les tapaba la cara con un pañuelo blanco. Hoy en día a ninguna madre se le ocurriría llevar a un niño, de tan sólo tres años, a que presenciara el espectáculo de la muerte.
Si era un niño el que moría en el pueblo, aunque no le conociéramos mas que de vista, íbamos a su casa a verlo. Unas veces le tenían acostado encima de su cama y otras metido ya dentro de su pequeño ataud blanco.
Y la madre, sentada a su lado, cuando veía aparecer al grupo de chiquillos, rompía, inevitablemente, a llorar con todo el desconsuelo del mundo. Entonces no entendía por qué pasaba siempre esto. Pero ahora, desde mi posición de madre, imagino que lo que le ocurría era que al vernos, tomaba más conciencia aún de la terrible pérdida que acababa de sufrir.
Como yo formaba parte del coro de la iglesia, cada vez que había un entierro, tenía que ir a cantarle al difunto sus últimas oraciones.
" Dale, Señor, el descanso eterno y que brille sobre él la luz eterna. "
Esta era la canción que siempre entonábamos, mientras que yo no podía apartar mis ojos del ataud. Era como una obsesión. Me preguntaba, como todavía me lo pregunto a veces hoy en día, sí por fin habría resuelto todos los enigmas de esta vida.
La muerte es uno de los grandes misterios de la vida. Es, en realidad, el gran misterio.
Aquel que ni hemos descifrado ni creo que lleguemos a hacerlo jamás.
¿ Qué es lo que ocurre justo en el último instante ?
Sería tan hermoso que realmente fuera simplemente el paso a otra vida, o a otros mundos... Y que, como una vez leí no recuerdo dónde, al morir, al traspasar la última puerta, están allí, esperándote, todos aquellos seres queridos que te precedieron en el camino dispuestos a darte la bienvenida. Esto sería aún más consolador en el caso de los niños. Porque como decía también el artículo aquel, siempre hay alguien muy cercano de su familia esperándole, para que al llegar no se sienta tan perdido.
Qué gran consuelo nos daría saber que esto es realmente así. La pérdida no sería tan grande ni dolorosa, porque no sería mas que un paréntesis en nuestra vida. Como cuando se emprende un largo viaje en el que sabes, que por muchos años que pasen, al final volveremos a reencontrarnos con aquellos seres a los que amamos.
Pero como no hay ninguna certeza, y como mi mente racional me dice que todo está aqui, y sólo aquí, me quedo únicamente con estos versos de Machado:

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos del mar.

Empecé este artículo esta mañana. Cuando desde mi ventana se veía el cementerio con su ir y venir de gentes. Ahora, cuando el día está empezando a declinar, miro de nuevo hacia el cementerio y ya apenas si queda alguien.
El cementerio quedará, hasta el próximo año, de nuevo en soledad. Los muertos volverán a descansar en paz y yo me pregunto lo mismo que se preguntaba Gustavo Adolfo Becquer en aquellos versos:

¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es vil materia,
podredumbre y cieno?
¡No sé; pero hay algo
que explicar no puedo
que al par nos infunde
repugnancia y duelo,
al dejar tan tristes,
tan solos, los muertos!

servido por delavidaysuscosas 19 comentarios compártelo

19 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Milady

Milady dijo

Es cierto que cuando me despido de mis muertos y me alejo de sus tumbas, siempre siento que se quedan solos en un terreno frío y es, justamente en la despedida, cuando más tristeza siento, como si los abandonase de nuevo.
Un abrazo.

1 Noviembre 2006 | 09:15 PM

Corlas

Corlas dijo

Hola:

La muerte es la única verdad en la vida. Y los muertos, el testimonio de esa verdad. Por eso la muerte nos pone de cara ante la vida.

Darunia,
"¿Qué es lo que ocurre justo en el último instante?"
Pues que ante la pregunta: "qué, ¿todo bien?" te puedes dar el gustazo de decir: siiiiiiiiiiii!

Salud a tod@s!

1 Noviembre 2006 | 09:49 PM

Darunia

Darunia dijo

Milady,
Yo, hasta ahora, no tengo muertos a los que visitar. Porque todos mis allegados están enterrados en el pueblo donde nací.
Pero sí que es una sensación triste tener que dajarlos allí, solos.
Mi madre nos ha hecho prometer que cuando muera la incineraremos. Para que así, dice, no tengamos que pasar por el mal trago de tener que ir a visitarla.
Y porque, también dice, que bastante nos está haciendo padecer en vida como para seguir haciéndolo después de muerta.

1 Noviembre 2006 | 10:41 PM

Darunia

Darunia dijo

Corlas,
Y tanto que la muerte es la única verdad en la vida. Es de lo que por mucho que hagas no podrás escapar. La única certeza que existe.
En realidad cuando decimos que ya tengo un año más, deberíamos decir que ya tengo un año menos.
Un año menos, por supuesto, de vida.
Saludicos

1 Noviembre 2006 | 10:47 PM

Corlas

Corlas dijo

Reflexiones...

Hace más de 33 años que murió mi madre. Lloré, lloré y lloré (y lloro). Pensaba que lloraba por ella, (esto, años y años más tarde), pero me di cuenta que en realidad lloraba por mi. Lloraba porque yo no la tenía, no por que ella no me tuviera a mi. Hace más de un año que murió mi padre. Lloré, menos, pero sabía porqué lloraba.
Darunia, ha sido tu frase:
"Pero sí que es una sensación triste tener que dajarlos allí, solos",
la que me ha hecho pensar que la sensación triste viene porque en realidad nos dejamos solos a nosotros mismos, no a ellos, a los que ya les va, por fin, todo bien.
Cambiando de tema, soy muy perezoso, y me colapso rápido como para ir leyendo blogs por ahí, pero doy gracias a mi intuición por ser tan hábil como para traerme al tuyo.
Salud a tod@s!

1 Noviembre 2006 | 11:31 PM

Corlas

Corlas dijo

Darunia, mientras yo escribía, tu me contestabas.
Esto me ha hecho recordar un pensamiento que tengo para contigo.
Me parecía raro que contestaras a los comentarios uno por uno, no como yo, que aprovecho uno para varios. Quiero que sepas que al principio me parecía [siempre juzgando, (cagüendiez...)], pues eso, que no se lo que me parecía...
Me he dado cuenta que lo haces por respeto. Admirable.
Salud a tod@s!

1 Noviembre 2006 | 11:45 PM

Darunia

Darunia dijo

Gracias Corlas.
No sabes cómo lamento lo de tus padres. Y te lo digo de verdad, con el corazón. Haciendo cuentas veo que te quedaste sin madre cuando aún eras un niño. Y esto es lo más terrible que podía haberte pasado. Y ahora también tu padre...
Tienes toda la razón: quienes se quedan solos no son los que mueren sino lo que quedan con vida. Yo aún no lo he vivido, pero siempre pienso que debe de ser terrible saber que ya no les verás más. Que ya no estarán ahí para alegrarse contigo, ni para ayudarte siempre que lo necesites. Porque aunque tuviéramos ochenta años, los padres siempre son necesarios.
Y pasando a otra cosa, me gusta que dejes comentarios en mi blog. Ya sabes que tienes las puertas abiertas cada vez que quieras entrar.
En cuanto a lo de contestar a los comentarios uno por uno, si te soy sincera no es algo que hiciera premeditadamente. Me salió así desde el principio. Para mi, cada persona que me escribe, es un ser único y especial. Y por eso me gusta contestarles individualmente. Aunque me lleve más tiempo. Creo que sólo en una ocasión, que andaba con prisa, lo hice en un sólo bloque.
Ah, y no te preocupes por lo que hubieras pensado...Seguro que tampoco era tan malo.
Un abrazo.

2 Noviembre 2006 | 12:50 AM

Corlas

Corlas dijo

Gracias Darunia.
Y ahora, antes de ir a dormir, quiero contarte algo. Normalmente, mis momentos de pensamientos profundo-revelación-lucidez, me suelen acudir cuando estoy fregando platos. Curioso, pero más que comprobado.
Pues en uno de esos días de fregadera hasta los topes por dejadez del que vive solo, (escusa tonta), me di cuenta de que estaba dándole un repaso a mis desgracias, y al mismo tiempo, cosas de la mente ésta,
de los humanos, me daba cuenta de mi ser.
Entonces, clamé: ¡gracias a mis desgracias!
Porque me di cuenta que si no hubiera pasado por donde pasé, no sería el que soy.(Ni bien ni mal, yo.)
Para irle quitando dramatismo al asunto, y, para volver al idem, hablando de los muertos, ellos ya lo saben todo. Nosotros no.
Gracias por tu hospitalidad Darunia, de la que hoy me he aprovechado un poquito. Un beso.
Salud a tod@s!

2 Noviembre 2006 | 01:12 AM

Darunia

Darunia dijo

Corlas, no me extraña lo de tus reflexiones mientras fregabas. A mi me pasa algo parecido. Será porque como son tareas que no necesitas ni pensar cómo hacerlas, y además de lo más aburridas, la mente escapa de ellas y se pone a pensar en otras cosas.
Y está claro que tú eres el resultado de lo que te ha pasado. De tus desgracias, como dices. Ese tipo de cosas nos van marcando y cambiando, aunque no nos demos cuenta.
Yo ya expliqué en el artículo donde hablaba de mi madre, como su enfermedad, durante todos estos años, me cambió la forma de ser y de entender la vida.
Que tengas un buen día.

2 Noviembre 2006 | 08:12 AM

Mariana

Mariana dijo

No me afectan los cementarios, ni para bien ni para mal, ni considero que ahí enterrados estén seres queridos.

Claro que me duelo por no tenerlos conmigo, pero me duelo más en la soledad de mi habitación, o sentada bajo un árbol, que mirando una lápida que nada me dice.

Un beso.

2 Noviembre 2006 | 11:30 AM

Darunia

Darunia dijo

Mariana, en realidad los cementerios no deberían existir.
Porque lo que allí queda, ya no es la persona que fue. Y por tanto no tiene demasiado sentido ir a "visitarla."
Para mi lo ideal es la incineración. Que se lleva los restos, pero no el recuerdo. Que a fin de cuentas es lo que importa.
Un abrazo.

2 Noviembre 2006 | 01:43 PM

Antonio Alviárez

Antonio Alviárez dijo

Para mi la muerte es un renacer a la paz.
Gracias por tu comentario en mi blog, un abrazo

2 Noviembre 2006 | 03:28 PM

Darunia

Darunia dijo

No me dés las gracias Antonio. En todo caso soy yo quien ha de dártelas a ti.
Si la memoria no me falla, y estoy segura que no, tú fuiste el primero que dejó un comentario en mi blog, en un artículo que había escrito sobre la televisión. después yo dejé uno en el tuyo, y allí me vió Trini. Y pasó por mi "casa", para ver cómo era, y se quedó. Y detrás de ella vinieron todos los demás.
Asi que ya ves, tú fuiste el iniciador de esta cadena de nuevos amigos que me han surgido.
Un abrazo.

2 Noviembre 2006 | 03:56 PM

imagina

imagina dijo

En estos días que todo el mundo espera la señal para acordarse de sus muertos, los cementerios se llenan de gente (y esto es bueno porque al menos una vez al año van a adecentar la tumba de sus allegados), pero a mí los cementerios me gustan vacíos de gente, pasear por sus silenciosas calles, esporádicamente, dejar caer la vista sobre un nombre o un adorno de una tumba, pensar porque abundan tanto los gatos en los cementerios (¿), etc., pero no los veo como mi morada definitiva, desde hace mucho tiempo que decidí que cuando muriera (si esto ocurre (¿)), prefería ser incinerado. Ya veremos si los portadores de mis deseos, cumplirán con este. Porque lo que es seguro es que entonces, a mí, me dará completamente igual.
Saludos

2 Noviembre 2006 | 04:34 PM

Trini

Trini dijo

Me cuesta mucho comentar sobre el tema y no porque no tenga formada una opinión sino porque es un tema que me llega muy cerca del corazón. Desde Julio de 2004 me falta mi madre...al principio iba casi cada semana a verla al cementerio. Cuando murió extrañé mucho su presencia, si lloré, y lo hice mucho, fue por mí porque sabía que ya nunca más la tendría. Y sin embargo al mismo tiempo tuve una extraña sensación de paz interior, puesto que murió después de que año y medio le hubiese dado en una misma noche dos infartos. Ese año y medio que vivió después de recuperarse fue el año y medio que más feliz fue en mucho, mucho tiempo. Fue feliz, la vi reír y divertirse, disfrutaba como una niña ante los detalles más insignificantes…antes ella siempre estaba cabizbaja y deprimida (la vida le dio muchos palos) y después de ese aciago instante amó la vida con todas sus fuerzas, disfrutando no ya del minuto, sino del segundo.
Decía que al principio iba muy a menudo al cementerio...y me sentía en paz…sabía que no estaba allí, pero para mí era como estar con ella. Hasta que me separé…que era ir al cementerio y sentirme fracasada (mi madre adoraba a mi ex marido), que no sabía de qué hablar con ella sin que las palabras “perdóname mamá no lo he sabido retener” no surgieran en la conversación. Y todo se convertía en llanto, tristeza y desolación. Una noche soñé con ella, se dirigió a mí de forma amorosa, como lo hacía siempre y me vino a decir que no hacía falta que fuese a verla…que ella estaba conmigo a cada instante, y que sabía muy bien que yo pensaba en ella en todo momento. Ayer no fui al cementerio, tampoco fui el año pasado…de momento todavía no estoy suficientemente fuerte como para hacerlo. Pero tengo muy claro que el día que vaya, de nada le voy a tener que pedir perdón.
Ella está en mi pensamiento a cada instante…vaya yo, o no, a ver una losa fría.
Besos muy emocionados
PD: perdóname Darunia por la extensión….con los temas que me cuesta comentar me pasa eso: si me descuido te escribo El Quijote

2 Noviembre 2006 | 08:29 PM

rafael

rafael dijo

Uff, Darunia, peliagudo el tema. No tengo ni idea de lo que pasará en ese, supongamos segundo de transición, pero creo que después no hay nada más, naturalmente no lo puedo asegurar, nadie puede, pero es lo que creo.
Para alegrarnos el día, aunque ya ha pasado el día de los santos, te dejo la letra de esta canción de Mecano, uno de mis grupos favoritos.
Colgado del cielo/por doce cipreses
doce apóstoles de verde/velan doce meses
a la tapia en ruinas/que lo delimita
le han quitado algunas piedras/para hacer la ermita
tiene mi cementerio una fosa común/donde estamos los héroes de Cuba
los domingos los negros no dejan dormir/pues les da por cantar misa luba
Y los muertos aquí lo pasamos muy bien
entre flores de colores/y los viernes y tal
si en la fosa no hay plan/nos vestimos y salimos
para dar una vuelta/sin pasar de la puerta eso si
que los muertos aquí/es donde tienen que estar
y el cielo por mi/se puede esperar.
Este cementerio/no es cualquiera cosa
pues las lapidas del fondo/son de mármol rosa
y aunque hay buenas tumbas/están mejor los nichos
porque cuestan mas baratos/y no hay casi bichos
luego en plan señorial/el panteón familiar
de los duques Medina y Luengo/que aunque el juicio final nos trate por igual
aquí hay gente de rancio abolengo.

2 Noviembre 2006 | 09:57 PM

Darunia

Darunia dijo

Imagina, yo también les he hecho prometer a los míos que me incinerarán. Me horroriza pensar que me puedan encerrar en un nicho.
Una tontería, ya lo sé, porque no me enteraré de nada. Pero me deja más tranquila.
Lo de los gatos en bien curioso, pero cierto.
Debe haber alguna explicación.
Un saludo.

2 Noviembre 2006 | 11:31 PM

Darunia

Darunia dijo

Siento mucho lo de tu madre Trini.
Pienso que perder una madre es una de las cosas más tristes que nos puedan pasar.
Yo, aunque llevo años mentalizada, sé que cuando ocurra me sentiré como si me arrancaran una parte de mi.
La mia, que lleva una vida que ni es vida ni nada, si sólo pensara en mi desearía que viviera otros cien años. Pero a veces, cuando lo pienso friamente, y cuando la veo a veces desesperarse pidiendole a Dios que por favor se la lleve ya, me entran ganas de pedirle lo mismo. Si es que existe alguien a quien pedírselo.
A mi madre también le dieron infartos. El primero hace ya más de veinte años. Después le han ido dando anginas de pecho, tantas que ya ni recordamos el número.
Le han hecho ocho cateterismos, está operada dos veces del corazón. Una para ponerle un doble by-pass y otra para canviarle una válvula. Está también operada de vesícula, hernia, estómago, del femur que se partió por tres sitios, de un oído... y paro ya porque no acabaría nunca.
Por termino medio se ha ingresado, a lo largo de estos años, hasta cuatro veces por año. A veces con estancias de dos y tres meses.
Tiene una osteoporosis tan avanzada, que dice el médico que sus huesos parecen de cristal. Y unos dolores por todo el cuerpo que hasta morfina le han tenido que poner a veces. Y cada día que pasa, más inválida. Necesita ayuda constante.
Pero inexplicablemente, ahí sigue.
Creo que ya comenté que el año pasado por ahora le dieron unas horas de vida. Y ya ni recuerdo la de veces que nos han dicho lo mismo.
Ella siempre dice que cada uno tiene su hora, y que la de ella aún no ha llegado. Y debe de ser verdad. Si no, no se entiende. Con este panorama yo a veces me pregunto si no sería mejor estar muerta.
Con tu madre, al menos, te queda el consuelo de que sus últimos días fueron felices. Seguramente, después de los infartos, le canvió la visión que pudiera tener de la vida. Y quiso disfrutarla a tope, porque comprendió que nadie tiene la vida comprada. Es un préstamo que nos hicieron, y que nos lo pueden hacer devolver en cualquier momento.
La mia en cambio, el día que muera, nos quedará la sensación de que la vida le robó más de veinte años.
Y ella siempre nos dice que no lloremos cuando ocurra. Que pensemos que por fin descansó
Sin quererlo yo tampoco, he seguido con tu Quijote..
Que duermas bien.

3 Noviembre 2006 | 12:02 AM

Darunia

Darunia dijo

Rafael, aunque mi razón me dice que todo se acaba aquí, todavía me quedan restos de mi educación católica. Y de vez en cuando me asalta la duda.
Es tan triste pensar que aquí acaba todo...
Y es tan absurdo el pretender que no...
En fin, ya se verá. Porque de ahí sí que no me escapo.
Gracias por la canción de Mecano.
Ahora que ha dicho un juez que no es delito bajarse archivos de la red, la buscaré para ponerle música a la letra.
Es que hasta ahora yo nunca lo hacía. Siempre he sido muy "legal" en todo.
Feliz noche.

3 Noviembre 2006 | 12:15 AM

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