La Coctelera

de la vida y sus cosas...

Para hablar sobre las cosas cotidianas que pasan en nuestra vida. Incluso de aquellas que no suelen parecernos importantes.

4 Noviembre 2006

El móvil de mi vida

¿ Qué sería de nosotros si no existieran los teléfonos móviles ? ¿ Cómo nos moveríamos por la vida? ¿Y cómo pudimos vivir tantos años sin éllos?
Un viernes más cojo el tren para casa de mis padres, y una vez más me llevo un libro para entretenerme por el camino. El paisaje, me lo sé ya tan de memoria, que como distracción ya no me sirve.
Por eso me llevo siempre mi libro, pese a que cada vez me está resultando más difícil poder leer en el tren.
Cuando más concentrada estoy, los inevitables e incesantes pitidos o musiquillas de los móviles consiguen hacerme salir de ese mundo de fantasía en el que me encontraba metida.
Los hay de todo tipo:
-Tin tin tin tin tin tin tin tin tin tin..... - este no me gusta nada. Me resulta de lo más monótono.
- -Tiruriruriruriruriruriruri.... - por el contrario, este otro no está tan mal. Me recuerda a las cabras aquellas que se ponían hace años debajo de mi balcón, y a las que pobrecitas mias, en lugar de estar retozando por el campo, les hacían subirse a una escalera. Todo para conseguir unas cuantas monedas.
-Ring ring ring ring ring ring...... - demasiado antigüo. El de toda la vida, pero que todavía, algún nostálgico, es el que hace sonar.
Y luego están los sonidos de diseño. Aquellos que el dueño del aparatito ha personalizado y que también los hay de todo tipo:
- Canciones de moda, que como no, Bisbal o Paulina Rubio se llevan la palma. No me gustan ninguno de los dos. Ni como cantan, ni como bailan, ni como se ríen... Soy de otra época, qué le vamos a hacer.
- Melodías románticas: como de eso soy un poco, aunque sin blandenguerías, me resultan más llevaderas.
- Bandas sonoras de películas: como la del último Mohicano, una de mis preferidas. Otra de esas películas que veo una y otra vez y no me canso de ella.
- Música clásica: casi no se oyen de estas, y es una pena.
- Bandas militares: éstas me dan repelús. No me gustan nada.
- El Cara al Sol: me da un yuyu escucharla....
- La Internacional: si me acuerdo de mi abuelo, me trae muy buenos recuerdos.
- El Himno de España: como si es el de Zinzinati. Lo siento, pero tampoco me dice nada. Soy española como podía haber sido de Camerún. Un accidente de la vida.
Pero sin ninguna duda, entre todo el catálogo de sonidos, destacan los que te avisan con un mensaje de voz:
- Joseeeeee, coge el teléfono que te están llamandooooo....
Y si el dueño del aparatito, el tal Jose, no lo coge, el teléfono se enfada. Como es lógico y natural. Porque a ver, ¿a quién le gusta ser ignorado?
Y es entonces cuando el móvil, dejando a un lado sus buenos modales, grita con voz aún más fuerte:
- Joseeeee, que cojas el teléfono jodeeeer. ¡Qué te están llamandoooo!
(Perdón por la expresión, pero es así, ni más ni menos, como se expresa un teléfono enfadado.)
La primera vez que lo escuché miré en todas direcciones, intentando adivinar cual de los viajeros había dicho semejante grosería, allí en publico.
Pero todos seguían con un gesto imperturbable y no pude adivinarlo. Hasta que por fin, lerda de mi, me dí cuenta que era el teléfono el que hablaba.
Igual que en el caso de los sonidos o músicas, los mensajes que te avisan de que tienes una llamada son muy variados. Todos a gusto del consumidor.
- Killooo, coge er teléfono mi armaaaaa.....
- Tienes una llamada, tienes una llamada.... - repite incansable una voz como de ultratumba.
Lo mejor de todo es que en el instante que se escucha un móvil, más de una mano lo agarra frenética y empienzan a tocar botoncitos para cerciorarse si es el suyo o no.
¡ Qué vida más interesante tiene la gente ! - pienso yo para mi misma.
A mi no se me ocurre coger el mio, mi dinosaurio-móvil, de tan grande y antiguo que es, porque no espero nada. Pero ellos, deben estar constantemente esperando algo, porque hasta las conversaciones se paralizan, y ponen cara de decepción cuando se dan cuenta de que el móvil que sonaba no era el suyo.
- Sabía que no era el mio, pero por si acaso. - le comentaba una chica al darse cuenta de que su móvil no era, a su compañera de asiento.
Y esperan y esperan... Esa llamada que quizás les cambiará la vida. O no.
Luego están las conversaciones, o más bien los retazos de conversaciones, a veces, a grito pelado, que no tienes más remedio que escuchar.
Pero esas las dejo para otro día.

servido por delavidaysuscosas 28 comentarios compártelo

28 comentarios · Escribe aquí tu comentario

javier

javier dijo

Darunia, ¿quieres creer que no tengo móvil? Mejor dicho, en casa tenemos uno para los tres. Lo usamos cuando salimos de vacaciones y en momentos puntuales. Pero a diario, ninguno de los tres lo llevamos. Y nos sentimos tan a gusto.

4 Noviembre 2006 | 09:55 AM

Darunia

Darunia dijo

Mis hijos de quince y dieciseis años, tampoco tienen uno propio. No porque no se lo hayamos querido comprar, sino porque ellos dicen que no lo necesitan para nada.
Cuando salen fuera se llevan uno de los dos que hay en casa.
Móviles heredados de sus primas, y con más años que zarramacuca.
Veo que como nosotros, sois gente rara...
Saludos.

4 Noviembre 2006 | 10:06 AM

Milady

Milady dijo

Me gusta mucho tu forma de desmenuzar lo cotidiano Darunia. ¿De verdad hay tantos timbres distintos? Yo sólo distingo los de mis compañeros en la oficina y, por lo que cuentas, a excepción de un loco por la Salsa, los demás somos del tipo nostálgico de toda la vida. Y aquí nos dividimos en dos grupos: los que siempre esperan ser ellos los llamados (sus movimientos encajan perfectamente en tu explicación) y los que no las esperamos (usamos más los fijos). Aunque con tu cometario me has hecho pensar... quizá no es que esperen llamadas, sino que no quieran aumentar sus facturas devolviendo ellos las perdidas (lo que nos pasa a los despreocupados) y corran al móvil y a sus teclas para llegar antes de que deje de sonar. Yo me estoy planteando estar más pendiente de mi móvil, porque, no es que reciba muchas llamadas, pero la mayoría se pierden en el fondo de mi bolso, una tontería, pero es un despiste algo caro.
Feliz fin de semana. Un abrazo sabático.

4 Noviembre 2006 | 10:06 AM

Corlas

Corlas dijo

Hola Darunia, buenos días.
Yo tampoco tengo móvil, tengo un teléfono fijo. No es inalámbrico, sino "con alambrico" (sin acento), porque tiene un cable de varios metros...
Hace un par de años, cuando no había tanta variedad de tipos de llamada, me estuve riendo un buen rato al oir un teléfono reproduciendo el grito de Tarzán. Os lo podéis imaginar...
Javier, quedamos pocos. Resistiremos!!

Salud a tod@s!

P.D: A mi me revientan bastante los que yendo en servicio público se ponen a hablar exageradamente alto por el móvil. Entonces me pongo a silbar. Sino se dan por aludidos, me pongo a cantar.
Defensa propia.

4 Noviembre 2006 | 10:23 AM

Mariana

Mariana dijo

Por aquí firma otra detractora del móvil, aunque por desgracia, y obligación, debo llevarlo, pero eso sí, lo utilizo lo mínimo posible.

Un abrazo.

4 Noviembre 2006 | 10:51 AM

Egoime

Egoime dijo

¿Que no tenéis teléfono móvil?
¿Me enviáis un autógrafo, please?

4 Noviembre 2006 | 10:59 AM

Darunia

Darunia dijo

Milady, quizás en tu oficina sois todos más o menos homogeneos y por eso los timbres son parecidos.
Pero en el tren, que vamos allí mezclados gente de toda edad y condición, la variedad es enorme.
Y casi se puede clasificar a las personas por el que llevan puesto.
Los dos móviles que tenemos en casa, están casi siempre sin batería. Salvo cuando hay previsión de usarlos que los ponemos a cargar.
El que yo uso habitualmente, unas dos veces por semana, que es cuando voy a casa de mis padres.
Feliz sábado, para ti también.

4 Noviembre 2006 | 11:12 AM

Darunia

Darunia dijo

Corlas, desde el punto que con tu cable de varios metros te puedes desplazar por la casa, sí tienes teléfono móvil
Un poco rústico, para qué engañarnos, pero móvil a fin de cuentas.
Yo, si tuviera más valor, que no lo tengo, también cantaría, bailaría, tocaría palmas... lo que fuera con tal de no oir los gritos de quienes van hablando con su móvil en el tren.
Saludos.

4 Noviembre 2006 | 11:54 AM

Darunia

Darunia dijo

Mariana, bienvenida al club de quienes detestan el móvil.
Sé que por trabajo, o por otras motivos, a veces es inevitable tener que andar pendiente de él. Pero creo que hay demasiada dependencia.
Antes no existían y el mundo mo se hundía. Lo que quiere decir que no es tan y tan necesario.
Un beso.

4 Noviembre 2006 | 11:57 AM

Darunia

Darunia dijo

¡Ay qué ilusión! Por fin podré firmar un autógrafo. Es que siempre quise ser famosa...

"Para mi nueva amiga Egoime, quien además de tener un nombre precioso, es también un precioso ser humano"
Darunia

Bueno, pues no me ha quedado tan mal para ser el primero...
Un abrazo.

4 Noviembre 2006 | 12:09 PM

Trini

Trini dijo

Pues yo he tenido muy variada con los móviles.
Al principio era puro desastre, que o me lo dejaba en casa o me olvidaba de conectarlo. Hasta que en el trabajo me dieron un móvil y un portátil y me quitaron la secretaria. Entonces tenía móvil enchufado noche y día…y sonaba la quinta sinfonía de Beethoven. Ta tata chán…el que siempre me llamaba era el jefe…que un vuelco el corazón me daba, que cada vez que me llamaba era para echarme la bronca o para darme el doble de faena. Hasta dos móviles tuve en aquella época: uno para el trabajo, otro de uso personal….este último pura frivolidad que mi móvil no suena…pero en fin…así me sentía mejor.
Ahora que ya no tengo vida laboral estable, sólo tengo un móvil, algo afónico por supuesto...y sigo siendo puro desastre que a veces me tengo que llamar para averiguar donde lo he puesto. Pero mucho mejor así, que algunas veces (pocas, menos mal) me he descubierto mirando la pantalla del móvil cada cinco minutos por si una llamada o un mensaje había recibido (que naturalmente, no) y a mí me había pasado desapercibido.
En fin…un aparato más para llenar de comodidades una vida demasiado llena de frivolidades.
Besos celulares

4 Noviembre 2006 | 01:15 PM

Antonio Alviárez

Antonio Alviárez dijo

A mi me parecen un mal súper necesario...
Saludos

4 Noviembre 2006 | 02:12 PM

rafael

rafael dijo

Buen artículo, en clave de humor como a mi me gustan. Es verdad que esto de los móviles se ha convertido en una obsesión para muchos, incluído yo. Toda la vida hemos estado sin móvil, cuando nos íbamos a la calle, estábamos ilocalizables y no pasaba nada, ahora si me dejo el aparatito en casa soy capaz de volver de donde esté a por él. Claro, que también he vivido con nevera de hielo, y hasta con fresquera en el balcón, nos acostumbramos a lo bueno con rapidez, es natural, ¿quién podría vivir ahora sin Internet? Yo no.

4 Noviembre 2006 | 02:36 PM

Darunia

Darunia dijo

Trini, es que a veces se convierte en una verdadera obsesión el estar mirando la pantallita para ver si hay alguna perdida o algún mensaje.
A mi me ocurre cada vez que mi madre está en el hospital. O el fin de semana pasado, que mis hijos se fueron con los amigos al Salon del Manga de Hospitalet y no regresaron casi hasta las diez de la noche.
Miré la pantalla cientos de veces por si había algún mensaje de SOS, no fuera a ser que no me hubiera dado cuenta.
Obsesión total.
Un beso.

4 Noviembre 2006 | 04:56 PM

Darunia

Darunia dijo

Reconozco, Antonio, que es un mal necesario. Lo que a mi me parece es que, sobre todo los jóvenes, lo han convertido en un elemneto vital para ellos.
Y tampoco es para tanto.
Un saludo.

4 Noviembre 2006 | 04:58 PM

Darunia

Darunia dijo

Rafael, ¡qué moderno que eras!, con fresquera o nevera de hielo...
En mi casa, cuando era pequeña, eso sí, muy pequeña, recuerdo que mi padre le ataba una cuerda al botijo o a la botella de vino , los domingos, y los metía en el pozo que había en el corral de mi casa del pueblo. Para que se refrescaran. Porque como habrás comprendido, no teníamos nevera.
Otras veces iba yo con una cacerola pequeña a una tienda donde vendían hielo. Y tenía que volver trotando para que no se me derritiera por el camino.
Con razón mis hijos me dicen si les cuento estas cosas que yo vivía en la época de los dinosaurios.
Feliz fin de semana.

4 Noviembre 2006 | 05:04 PM

Girasol

Girasol dijo

jajajajjaja Genial Darunia, lo que me has hecho reir. Tengo teléfono móvil pero más por necesidad que por placer. Describes perfectamente el mundo que hay alrededor de ese artilugio cantarín. Me ha gustado mucho. Un beso.

4 Noviembre 2006 | 07:50 PM

Darunia

Darunia dijo

Gracias, Girasol.
Es que si te paras a pensarlo friamente, en según qué grupos de edades, parece como si su vida girara alrededor del móvil.
Juegos, melodías, pantallas... Lo van redecorando con si se tratara de su otra vivienda.
un abrazo.

4 Noviembre 2006 | 07:56 PM

Kar

Kar dijo

Tambien me he reido un poco...

Pero yo soy de las que parece que ya no vivo sin el, creo que nos acostumbramos muy pronto a las cosas, creo que no es necesario y viviriamos con mas tranquilidad sin el!!

Gracias por tu visita!!

Bicos!!

4 Noviembre 2006 | 08:02 PM

rafael

rafael dijo

Daruna, ¿a que tú no has encendido la cocina a base de soplillo, pues yo si, había que echar carbón, papel de periódico untado de aceite y unas teas con resina, se encendía con una cerilla y ¡hale! a darle al soplillo sentado en una banqueta. Era un incordio pero me gustaba el olor que desprendía

4 Noviembre 2006 | 08:03 PM

Darunia

Darunia dijo

De nada Kar.
Como ya expliqué en uno de mis escritos, suelo visitar a los amigos de mis amigos, porque confío en su "gusto coctelero."
Y así es como dí contigo. Y me gusta tu blog.
En cuanto a lo del móvil, supongo que yo lo veo desde otro punto de vista, pues al no trabajar fuera de casa, no lo necesito para nada.
Un abrazo.

4 Noviembre 2006 | 08:15 PM

Darunia

Darunia dijo

Rafael, que yo soy tan antigüa como tú...
De la cocina esa no me acuerdo y no sé porqué.
Lo raro es que me acuerdo de cuando en la cocina de mi casa del pueblo se hacía fuego en el suelo, debajo de una enorme chimenea que había, y a través de la cual, en invierno, entraba un frío que pelaba.
Pués tengo grabada perfectamente la imagen de la olla calentándose allí.
Pero lo raro es que mi siguiente recuerdo es ya de la cocina de gas butano. Y supongo de habría alguna enmedio. Como la de carbón. Pero no la recuerdo.
Y teníamos brasero, y no había agua corriente, y por las noches mi padre me ponía encima de la cama su pelliza, para que no pasara frío...
Seguro que los finolis de ciudad que andan por aquí, no saben ni lo que era una pelliza...
Es que ya lo he dicho otras veces, ¡qué soy mu de pueblo! Y me vine de allí con catorce años.

4 Noviembre 2006 | 08:23 PM

rafael

rafael dijo

Yo no he vivido en pueblos más que de pasada pero sé lo que es una pelliza, mi padre tenía una que olía a cuero y tabaco de cuarterón, y tenía una boina cuando las boinas no eran moda ni nada, sino una costumbre.
¡Qué hacíais fuego en el suelo? ¿Antes o después de que los dinosaurios habitaran la tierra?

5 Noviembre 2006 | 12:23 PM

Darunia

Darunia dijo

Pues no me acuerdo muy bien si fue antes o después de los dinosaurios. Sólo sé que fue más o menos por la Edad de Piedra.
La imagen del fuego en el suelo la tengo grabada. Pero no sabía si era real o imaginada. Se lo pregunté a mi madre y me dijo que yo no podía acordarme, porque era demasiado pequeña cuando aquello. Pero pequeña o no, me acuerdo.
Mi padre también usaba boina en el pueblo. Allí todos los hombres la llevaban. Cuando vinimos a Barcelona a vivir, por supuesto se la hicimos quitar. Es que nos hicimos más modernos y de mundo...

5 Noviembre 2006 | 12:41 PM

Corlas

Corlas dijo

Ja, ja, al leeros, me viene a la memoria las peripecias de mis abuelos cuando venían a Barcelona. (Con los dedos de una mano). Mi abuelo, yendo por Barcelona, al ver un edificio "moderno" (hablo de los años setenta), con aire acondicionado y con el aparato en cada ventana, preguntó: "¿Y tanta jaulica?

El fuego, Rafael, no creo que fuera en el "suelo"
sino en el "hogar". (Aprovecho para saludarte). En la casa de mi madre, estaba el hogar, que era más estufa, y luego, más cerca del corral estaba la "cocineta" con otro fuego donde se cocinaba para todos, cerdo incluído. Ya, recordando, más hacia el corral estaban los conejos, que en invierno compartían aposentos con la mulica, luego el lavadero, el corral con las gallinas y el gorrino, los cordericos, más conejos, y el carro. La puerta de atrás y el río.
Os doy las gracias por hacerme pasar tan buen rato recordando algo tan bello.
Salud a tod@s!

5 Noviembre 2006 | 10:12 PM

Darunia

Darunia dijo

Pues me temo que en mi pueblo es que estábamos más atrasados que en el de tu madre, Corlas. Porque el fuego sí que se hacía directamente en el suelo.
La cocina era más o menos rectangular, y la chimenea estaba en uno de los lados cortos. Y debajo de ella, era donde estaba el fuego.
Estaba delimitado el trozo con unos ladrillos alrededor. Y en el corral también teníamos conejos, y un cerdo, el perro y el gato. Gallinas no, porque mi madre decía que lo ponían todo perdido, y no las quería.
Ahora cuando lo recuerdo me parece que haga mil años de aquello...
Saludos.

5 Noviembre 2006 | 11:30 PM

Corlas

Corlas dijo

"Estaba delimitado el trozo con unos ladrillos alrededor."
El hogar!. Mínimo, pero eso es el hogar (Mínimo en cuanto a recursos, que no a energía familiar... ¿No Darunia?)
Tu madre tenía razón, porque en casa, a la que alguien se dejaba un segundo la puerta del corral abierta, se colaba alguna gallina digamos "creativa".
Mil no, pero casi...
A ver, ¿no es el sueño de la humanidad la longevidad?, pues los que estamos empezando a disfrutar de ella podemos regocijarnos.
Regocijémonos pues, je je.
Buenas noches.
Salud a tod@s!

5 Noviembre 2006 | 11:50 PM

Darunia

Darunia dijo

Es que en cuanto a creatividad a las gallinas no les gana nadie.
Con eso que que se suben a cualquier sitio, te van dejando muestras de su "arte" hasta encima de las camas, si te descuidas.
Buen comienzo de semana.

6 Noviembre 2006 | 08:45 AM

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