Sueños Rotos

Dejó por un momento de barrer y se quedó parada, en medio de la habitación, con la escoba todavía entre sus manos. Su mirada, que en un principio estuvo perdida, se clavó de una manera casi obsesiva en la fotografía del día de su boda que colgaba de una de las paredes. Una vez más, como venía haciéndolo últimamente, se preguntó si en realidad era ella, aquella, que con una radiante sonrisa, parecía mirarla desde el otro lado del cristal de la fotografía. Quince años, que ahora le parecían una eternidad, habían transcurrido desde aquel hermoso y soleado día del mes de mayo en el que vestida de blanco, y cargada de sueños e ilusiones, salió de la iglesia del brazo de él. - ¿Qué es lo que hice con mi vida? - se preguntó angustiada apretando con fuerza la escoba entre sus manos. - Hiciste lo que en aquel momento más deseábas: casarte con el hombre que amabas. Hubiera jurado que era su propia imagen quien le hablaba desde la fotografía, y no su imaginación. - ¿Le amaba realmente? - volvió a preguntar, sintiendo crecer su angustia. - No tienes mas que mirarme. ¿Acaso mi rostro no te dice nada? Mírame cuando tengas dudas y te darás cuenta de que sólo un gran amor puede ser la causa del brillo que desprenden mis ojos. - Quizás... Sí, quizás tengas razón. Pero, ¿qué queda de ti en mi? El color ha huído de mis mejillas; mis ojos ya no resplandecen; mis manos se encuentran ásperas... ¡Dime!, ¿qué queda de ti en mi? - Busca en lo más profundo de tu corazón y tú misma hallarás la respuesta. - Dudo mucho que encontrara algo, porque entre tú y yo hay miles de años luz por medio. Yo ya no tengo esperanzas ni ilusiones y tampoco me quedan sueños. Lo dejé todo por él, y ahora me pregunto si valió la pena tanto esfuerzo. Han quedado tantos proyectos por realizar... Se han marchitado tantos sueños... Ya apenas hablamos en el tiempo que pasamos juntos, tiempo que cada vez es más pequeño. ¿Qué han sido de aquellos interminables diálogos en los que gastábamos horas y más horas, hablando de mil y un temas y a veces de nada en concreto? Siempre llega tan cansado del trabajo que lo único que desea es estar tranquilo y reposar en silencio. Yo ya no sé si le quiero o si le odio, porque su indiferencia me hiere en lo más hondo y ni valor para decírselo tengo. Él decía que la sinceridad era lo que más amaba en mi, y hasta ésta se ha ido perdiendo. Ahora, cuando hacemos el amor, se diría que estamos cumpliendo una obligación y he llegado incluso, a fingir, un placer que ni siquiera siento. - Es muy triste lo que dices. ¿Por qué habéis dejado que las cosas llegaran a ese extremo? Debisteis haber puesto remedio cuando aún era tiempo. Porque cuando un sueño muere, se ha de saber reeemplazarlo por otro nuevo. - ¡Ojalá fuera tan sencillo como dices! Pero no es nada fácil inventar nuevos sueños, cuando el tedio y la rutina diarias se han hecho de ti los dueños. Hay veces en las que no sé si vivo o si vegeto, porque me encuentro metida como en un largo e interminable túnel negro. - Pero tienes a los niños... - Unos niños que ya no son tan niños, y que cada vez me necesitan menos. Sé que llegará un día no muy lejano en el que cada uno emprenderá su vuelo, y yo me quedaré sola, en el nido vacío, que para mi se habrá convertido en un cementerio. - Siempre te quedará él... - Él y yo no somos ya nada. Sólo dos cuerpos que comparten la misma tumba, a la espera de sabe Dios qué milagro que nos devuelva de nuevo a la vida, si es que es posible aún hacerlo. - Pero algo quedará de aquel amor... - Cenizas. Sólo cenizas como única prueba de que alguna vez hubo fuego. - Tú eras feliz cuando te casaste... - Tanto, que por él lo dejé a un lado todo: familia, amigos, trabajo... ¡Incluso hasta mis sueños! Él llenaba hasta el rincón más profundo de mi ser, y creí que eternamente seguiría haciéndolo. Más tarde, la vida iría convirtiendo en polvo miles de proyectos. Llegaría el primer hijo, y el segundo, y un tercero. Y con ellos los mil y un problemas económicos que harían que las discusiones comenzaran a tomar entre nosotros cuerpo. Y las frustraciones; al ver como todos nuestros proyectos iban quedando sólo en eso. Y el silencio; que como una inmensa tela de araña va cirniéndose en torno nuestro. Y con él la soledad. La soledad de dos, que es casi peor que hallarse muerto. - Pero algo quedará de bueno... - Recuerdos, nada más que recuerdos para alimentar al corazón que se nos muere por momentos. Le alimentamos de sueños ya pasados, porque no somos capaces de crearnos otros nuevos. Tratando de engañarnos a nosostros mismos, con la vana esperanza de que algún día dejen de ser sólo sueños. - ¿Es posible que no quede nada entre vosotros? - De vez en cuando tan solo un gesto amable. Un beso que casi nos sabe a veneno; un encuentro entre dos cuerpos que intentan reconocerse, aunque para ello haya que hurgar muy profundo en los recuerdos. Y luego, un cansancio infinito. Una nueva frustración que nos envuelve aún más en hielo. En ese hielo que no somos ya capaces de fundir, ni aun poniendo en ello todo nuestro empeño. - Quisiera poder ayudarte... - Tú no puedes hacer nada, y tampoco lo deseo. Ya no me quedan ni ganas ni fuerzas para salir de este profundo agujero. Pero si de verdad quieres ayudarme, sigue ahí, como hasta ahora has venido haciéndolo. Que tus ojos no dejen de brillar, porque sin duda en ellos hallaré consuelo, cada vez que te mire y que recuerde que tú eras la imagen que me devolvía el espejo.

Milady dijo
Darunia, precioso cuento y terrible historia.
Si pudiese hacer llegar mis palabras a los oídos de la portadora de la escoba, le diría que no hay cárceles más seguras que las que los mismos presos construyen. Le diría que tomar una decisión, supone asumir sus consecuencias y renunciar a buscar más culpables que uno mismo. Le diría que el valor crece sólo si se alimenta, igual que la rabia, la decepción y la esperanza. Le diría que elegir qué alimentamos en cada momento, es lo que diseña parte de nuestro futuro, porque nunca, nunca es tarde. Y le diría que tire la escoba, que guarde la foto con respeto en algún cajón y que abra la puerta de su cárcel, porque, por muy vieja que se sienta, todavía le queda mucha condena por delante... o mucha libertad.
Un gran abrazo.
5 Noviembre 2006 | 09:46 AM