La Coctelera

de la vida y sus cosas...

Para hablar sobre las cosas cotidianas que pasan en nuestra vida. Incluso de aquellas que no suelen parecernos importantes.

14 Noviembre 2006

El tanque de mi hermano

Mi hermano, cuando era pequeño, tenía un tanque de juguete. Era un tanque muy avanzado para la época, o al menos para la época en la que vivíamos en mi pueblo.
Se lo había traído de regalo una tía nuestra que vivía en Suiza, y era la atracción de todo el barrio porque ningún niño que conociéramos tenía un tanque igual.
Funcionaba con pilas y cuando chocaba contra la pared, o contra las sillas o la mesa, se detenía unos segundos y después, girando a derecha o izquierda, emprendía de nuevo la marcha.
Mi hermano, durante todo el año, vivía deseando que llegara el día de Reyes para que le trajeran su tanque. Porque los Reyes Magos, que siempre venían cada año cargados de juguetes para los niños, no para los de nuestro entorno, sino para otros, según decían, para mi hermano, milagrosamente, siempre traían el mismo tanque año tras año.
Cuando se levantaba por la mañana, allí, junto a sus zapatos, que con tanto esmero se había entretenido en limpiar la noche antes porque si los Reyes Magos los encontraban sucios pasaban de largo, allí, decía, estaba su pequeño tanque.
Y durante no más de una semana se convertía en su juguete preferido. Y en el de toda la familia.
Para nosotros era casi un milagro ver como se movía por toda la cocina, girando de un lado para otro, chocando contra cualquier obstáculo que se le atravesara en el camino... A veces le poníamos en dirección a la pared, porque nos hacía gracia, o mas bien porque nos asombraba ver, como el tanque era lo suficientemente inteligente como para detectar, al llegar a la pared, que por allí no se podía pasar y se daba la vuelta, él solo, buscando una nueva ruta. Hasta que se encontraba con otro obstáculo, a veces nuestros propios pies, que los poníamos delante suyo a propósito, porque queríamos cerciorarnos, una vez más, que el tanque sabría retroceder y marchar por otro camino.
Pero esto, como ya he dicho, sólo ocurría una semana al año. Una mañana al levantarnos, misteriosamente, el tanque había desaparecido de la casa. Preguntábamos por él y nadie sabía qué había pasado.
Ni dónde estaba. Ni qué espíritu maligno se había llevado nuestro tanque. Porque era el tanque de todos.
Después, poco a poco, con el correr de los días, el tanque iba pasando a un segundo plano y comenzábamos a hablar de él con cariño pero sin pena. Mi hermano volvía otra vez a jugar con sus canicas; con sus chapas de botella que recogía junto a sus amigos en los bares del pueblo; con los indios y los pistoleros de plástico o con el aro que hacían rodar por las calles del pueblo.
Y otra vez, casi sin darnos cuenta, llegaba de nuevo la Navidad. Y con ella los turrones, que el duro era de cacahuetes, porque salía más barato que el de almendras, y las peladillas, y las figuritas de mazapán, que esas sí que no podían faltar, y los villancicos que cantábamos en la cocina de mi casa, al calor del brasero, mientras mi padre tocaba la zambomba, y mi abuelo le acompañaba rascando con un tenedor una botella de Anís del Mono vacía...
Y por fín, después de mucho esperar, llegaban los Reyes Magos, porque por aquellos años no sabíamos que existía Papá Noel y los regalos siempre los traían ellos.
Y como una extraña aparición, al levantarnos la mañana de Reyes, allí estaba él, de nuevo junto a los zapatos de mi hermano: su pequeño tanque de juguete.

servido por delavidaysuscosas 18 comentarios compártelo

18 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Girasol

Girasol dijo

Cuántos recuerdos me han venido a la cabeza, cuánta similitud en "el vivir" de esos días. Gracias de nuevo Darunia por despertar en mí sentimientos aletargados y hermosos. Eres muy buena narradora, me gusta tu sencillez y ese saber transmitir los sentimientos. Felicidades!!!!

15 Noviembre 2006 | 12:16 AM

Darunia

Darunia dijo

Girasol,
Lo que pasa es que tú me lees con muy buenos ojos. Sólo es eso...
Un beso.

15 Noviembre 2006 | 08:28 AM

Mariana

Mariana dijo

Jeje, Darunia, creo que mi hermano tuvo el mismo tanque que el tuyo. Y claro que me acuerdo de lo sorprendente que resultaba que diera la vuelta al chocar.

Ah, el de mi hermano disparaba. Bueno, hacía ruidos como si lo hiciera.

Por un rato he paseado por mi niñez, gracias.

Un abrazo-

15 Noviembre 2006 | 10:33 AM

Darunia

Darunia dijo

Pues ahora que lo dices, el de mi hermano también disparaba. Y tenía unas lucecitas de colores que se encendían y se apagaban.
Ya no me acordaba de eso...
Un beso.

15 Noviembre 2006 | 12:20 PM

Mariana

Mariana dijo

Jeje, creo que tuvieron el mismo, aunque a Beltrán se lo trajo una tía que tuvo que huir a Venezuela por la guerra civil.

¡Que recuerdos!

Un beso.

15 Noviembre 2006 | 03:26 PM

Darunia

Darunia dijo

O sea, que los dos tanques eran extranjeros...
¡Qué casualidad!

15 Noviembre 2006 | 03:31 PM

Mariana

Mariana dijo

Para más casualidad, los dos regalados por tías, jeje

15 Noviembre 2006 | 03:47 PM

Darunia

Darunia dijo

La nuestra era hermana de mi madre. ¿A que en esta ya no coincidimos...?

15 Noviembre 2006 | 03:58 PM

Mariana

Mariana dijo

Pues no pero casi, jeje.

En realidad, tía-tía no era sino prima de mi madre. No sé cómo se llama, ¿tía segunda?

15 Noviembre 2006 | 04:13 PM

Darunia

Darunia dijo

Tampoco yo sé cómo se llama...
A lo mejor "tía-prima". No estoy yo muy puesta en parentescos...

15 Noviembre 2006 | 04:27 PM

Milady

Milady dijo

A eso le llamo yo un tanque de ida y vuelta. Lo bonito es que fuese capaz de renovar la ilusión de tu hermano año tras año. ¿Nunca llegó a sospechar? A veces pienso que los niños tienen una increíble capacidad para cerrar los ojos cuando quieren.
Una bonita historia.

15 Noviembre 2006 | 07:54 PM

imagina

imagina dijo

Abundando en comentarios anteriores, los tanques de verdad de cuando hice la mili, también eran extranjeros, comprados a los americanos de los restos de sus guerras.
Estoy de acuerdo con anteriores comentarios, en que tu narraciones enganchan y a mi también me han traído recuerdos de la infancia. Mi tanque era de hojalata y se le daba cuerda con una llave, corría un poco, se paraba y daba una vuelta de campana y vuelta a empezar. Me lo trajeron de fuera y fue, que yo recuerde, el único juguete propiamente dicho que me trajeron los reyes majos, porque lo tradicional era un sobre surtido de material escolar, calcetines, calzoncillos y pañuelos.
Pero ¡que majos los reyes!
Saludos

15 Noviembre 2006 | 08:14 PM

Trini

Trini dijo

Me ha encantado tu relato del tanque. Por un momento he visto a tu hermano ilusionado la mañana de Reyes al descubrir que le habían vuelto a traer el tanque que tantas alegrías le proporcionaba.
También he visto a mi hermano llorando la misma mañana porque un año más los Reyes no le habían podido traer la bicicleta que tanto ansiaba…era lo que tenia ser pobre….no se llegaba. A las niñas no, a las niñas con la escoba de juguete y dos cacharritos de cocina ya había bastante.
Yo siempre pedía una pizarra…nunca la tuve pero alguna noche tan fuerte con ella, que en mis sueños me pellizqué para ver si estaba despierta…y lo bueno de todo es que sentí daño y llegué a la conclusión que no era sueño…que era realidad.

Ya me he enrollado de nuevo…me vas a atener que ponerme un contador de palabras y un límite para tus comentarios.
Besos de mucha evocación

15 Noviembre 2006 | 08:27 PM

Darunia

Darunia dijo

Claro que al final se dio cuenta, Milady. Que mi pobre hermano de tonto no tenía un pelo.
Pero como era más bueno que el pan, y lo sigue siendo, mi madre le decía que había que guardarlo para que no se estropeara, y que al año siguiente se lo volverían a dejar los Reyes Magos.
Porque claro, un juguete de "esa categoría", no se podia permitir que se destrozara.
y todos tan contentos...

15 Noviembre 2006 | 08:27 PM

Darunia

Darunia dijo

Imagina, es que en este país siempre hemos sido así de listos: nos quedamos con lo que otros desechan.
Veo que con los Reyes Magos te pasaba más o menos como a mi. Mi único muñeco de verdad fue uno parecido al Nenuco, que me trajo mi tía la de Suiza. Cuando a mi hermano el tren. Y me duró años y años...
Los reyes también me dejaban siempre cosas para el colegio y ropa. Y en una ocasión, recuerdo que junto a mis zapatos, que yo no dejaba de ponerlos por si acaso caía un juguete de los de verdad, había unas pocas galletas María y cinco pesetas.
¡Y yo tan feliz!

15 Noviembre 2006 | 08:33 PM

Darunia

Darunia dijo

Trini, enróllate cuanto quieras, que yo no cobro por comentar.
Lo bueno de aquella época, al menos en mi entorno, es que como a nadie de los niños del barrio, les dejaban tampoco juguetes, no había envidias ni desilusiones. Y como tampoco teníamos tele, pues ni conocíamos casi los juguetes. Sólo los de fabricación casera, que ya nos bastaban.
Mi padre me hizo una cuna de madera para el "suizo", que es como llamábamos al muñeco, y mi madre un colchón y la ropa de la cuna, y algún trajecito.
Y ese fue el muñeco que ocupó toda mi infancia. Y como fue el único, me acuerdo de él con cariño.
Seguro que mi hija, con tanta Barby como tuvo, a ninguna la querría como ya a mi suizo.
Abrazos.

15 Noviembre 2006 | 08:40 PM

rfael

rfael dijo

Que conmovedora historia la del tanque, o no sé si decir la de tu hermano y el tanque; se puede decir que es hasta casi cruel darle un juguete a un niño y luego quitárselo para que sirva para otro año, pero los que hemos vivido esa época oscura entendemos los apuros de los padres para que los hijos tengan su juguete ese día, acordándose de que muchos otros niños no tenían ni tanque ni nada.
Cuando llegaba la Navidad mis padres compraban polvorones al igual que el resto de vecinos, cuando nos reuníamos por la noche, yo siempre me comía los polvorones de los demás, ya que los que habían comprado mis padres, yo decía que eran de tierra, de malos que eran, pero mis padres insistían en que había muchos niños que no tenían ni eso, y me quedaba conforme.
La Navidad no me gusta mucho, porque sé que no es la Navidad de todos, y que junto a la alegría se cruzan historias tristes.
Me ha gustado mucho tu historia.

16 Noviembre 2006 | 02:15 PM

Darunia

Darunia dijo

A mi la Navidad no es que no me guste mucho, es que no me gusta nada.
Esas reuniones familiares de compromiso... Y esos regalos que a veces nos toca comprar, sólo para no quedar mal y porque hay que hacerlo.
Quizás es que tengo idealizada la infancia, pero a mi me parece que entonces todo era más auténtico.

16 Noviembre 2006 | 04:27 PM

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