El día que me convertí en señora
Hubo un día, no muy lejano en el tiempo, en el que me convertí, o mejor dicho me convirtieron, en señora.
Y ese día mi vida cambió.
Hasta entonces yo llegaba, pongamos por caso a la pescadería, y pedía la tanda, o la vez, como se decía en mi pueblo, y esperaba tranquilamente, con toda la paciencia del mundo sin tratar de colarme, como haría cualquier persona de bien, a que la pescadera preguntara:
- ¿A quién le toca ahora?
Y yo amablemente contestaba:
- Me toca a mi. Póngame una merluza, por favor.
A veces, mientras esperaba que llegara mi turno, alguien, entrando por la puerta de la pescadería a mis espaldas, preguntaba:
- ¿La última, por favor?
Y antes de que me diera tiempo a responder, alguna amable y servicial compradora, de esas que siempre están al tanto de todo y que también estaba esperando su turno para comprar, respondía:
- La última es aquella chica de allí.
Pero llegó un aciago día en el que ante la susodicha pregunta la amable y servicial compradora, que ejercía de informadora no oficial, respondió sin vacilar:
- La última me parece que es aquella señora de allí. La del sueter azul.
Y la señora era yo.
Y no sólo eso. Sino que la pescadera, cuando ya me había servido las truchas que ese día había comprado para la cena, también preguntó:
- ¿Quiere algo más, señora?
Y aquel triste y penoso día, en el que al salir de casa era todavía la chica del sueter azul, salí corriendo de la pescadería y sin pararme siquiera a comprar el pan, como tenía pensado hacer, me fuí derecha a casa para mirarme en el espejo del cuarto de baño, donde podía verme casi de cuerpo entero, porque ansiaba descubrir qué era lo que así, tan de repente y de un momento a otro, sin que yo me hubiera percatado, había cambiado en mi para que la chica del día anterior se hubiera convertido en una señora.

theboy dijo
Trágico pero me has hecho reír. Disculpa.
Pero se le puede ver el lado positivo: casi todas las niñas juegan a ser señoras, sí, con los hijitos y el esposo y la cocina. No es algo malo. al contrario, es algo agradable para muchas personaas. Mi madre es una señora ¿cómo la ves? Además cada cual le pone su estilo y encanto personal a su vida y yo veo que tu no careces de ello.
Un beso.
16 Noviembre 2006 | 02:22 AM