La Coctelera

de la vida y sus cosas...

Para hablar sobre las cosas cotidianas que pasan en nuestra vida. Incluso de aquellas que no suelen parecernos importantes.

19 Noviembre 2006

Un adiós sin retorno

Un año ya que te fuiste. Un año en el que dejé de vivir. La sombra de la muerte me cubrió con su manto y desde entonces, desde aquel fatídico día en el que todo acabó, la oscuridad más absoluta envuelve toda mi existencia. Una vida que perdió para mi todo su sentido. "Tienes que salir adelante. Piensa que aún eres joven y que el paso del tiempo todo lo cura..." Esto es lo que se empeñan en decirme todos aquellos que me rodean. Supongo que con la mejor intención. Guiados por su buena voluntad y por qué no, por el afecto que sienten por mi. Pero todo es inútil. Siento que ya nada volverá a ser lo mismo. Me diste los mejores años de mi vida, y así, de un golpe, golpe que para ti fue mortal, me los arrebataron sin la menor compasión. Soy como una sombra deambulando por la casa. Como un cuerpo sin alma, condenado a vivir en esta especie de infierno en el que quedó convertida mi existencia. Entro en tu habitación, donde todo sigue igual, y veo tus libros, tus juegos, algún peluche de tu infancia que te negaste a tirar, tu ordenador... La mochila del colegio con tus libros escolares dentro. Libros que apenas pudiste hojear. Estabas tan ilusionado... Por fin empezabas el bachillerato. El primer paso para llegar a la Universidad. El lugar donde conseguirías, según decías tan a menudo, tu gran sueño de convertirte algún día en un médico. Médico que dedicaría su vida a paliar, en la medida de tus fuerzas, el dolor ajeno. Cojo alguno de tus juguetes entre mis manos, y puedo ver la felicidad que se reflejó en tu rostro aquellas navidades en las que te lo regalamos. Miro alguna de tus fotografías: cuando apenas eras sólo un bebé; dando tus primeros pasos; aquel verano inolvidable en la playa, o esta otra del invierno aquel, tan frío, en el que te empeñaste en aprender a esquiar, y apenas si podías mantenerte en pie sobre los esquís. Toda tu ropa sigue aún llenando tu armario. Me dicen que tengo que deshacerme de ella, así como del resto de tus cosas, pero me veo incapaz de hacerlo. Tirar tus ropas, tus libros, tus juegos... Sería como tirarte a ti. Como lanzar tu recuerdo a la basura. Como aceptar, definitivamente, que ya no vas a volver. Y me niego a aceptarlo. No podría vivir por más tiempo. No puedo borrar de mi mente aquellos seis días. Los seis últimos días que pasaste con nosotros y en los que tú no eras siquiera consciente de tu existencia. Ni de lo que te había pasado. Te observaba a través del cristal de la ventana, en aquella habitación donde te habían metido, con todo tu cuerpo lleno de cables. Los médicos nos decían que no había ninguna esperanza para ti. Que tu cerebro había recibido un impacto tan brutal, que era imposible, en el remoto caso de que sobrevivieras, que pudieras actuar y pensar como un ser humano. Paradójicamente tu cuerpo apenas reflejaba el brutal accidente. Por eso me negaba a aceptar, por más que me lo dijeran con la intención de prepararme para lo venidero, que tú habías dejado de ser Tú. Me sentaba a tu lado en la cama, en los pocos momentos que me dejaban entrar para estar contigo, y con tu mano entre las mías, te pedía, te suplicaba, que no te dejaras vencer. Pero todo fue inútil. Una mañana ví venir a tu médico, aquel que hacía lo imposible por devolverte a la vida, y no tuvo necesidad de decirme ni una sola palabra. Supe, al instante, que todo había acabado. Y la vida acabó para mi. Se me fue con la tuya. Quizás algún día me recupere de tu partida, o quizás no lo consiga nunca. No sé siquiera si lo deseo. El recuerdo de tus quince años, aquellos que pudimos tenerte con nosotros, es lo único que todavía consigue mantenerme en pie. Entre tu padre y yo, ahora sólo queda un silencio casi imposible de romper. Se abrió una brecha tan profunda con tu ausencia, que no sé si el paso del tiempo será capaz de cerrarla. Cuando nos miramos, mudos reproches se reflejan en nuestros ojos. "¿Por qué accediste a comprarle la moto? ¿Por qué fuiste tan blando con él si sabías que yo no quería?" "¿Por qué no fuiste más firme en tu oposición y dejaste que se saliera con la suya? ¿Acaso no te diste cuenta que con un poco más de presión por tu parte yo no hubiera cedido?" Preguntas que jamás nos atreveremos a formular en voz alta, pero que con los ojos no paramos de repetirnoslas. Ahora, sólo te ruego una cosa: desde allá donde ahora estés, si es que la eternidad existe, ayúdanos a seguir caminando por la vida. Haznos ver, que pese a tu partida, todavía tenemos algo por lo que luchar. Algo por lo que valga la pena seguir viviendo.

servido por delavidaysuscosas 22 comentarios compártelo

22 comentarios · Escribe aquí tu comentario

rafael

rafael dijo

Dramático relato.
Es algo que me pregunto muchas veces, si sería capaz de seguir viviendo ante la pérdida de lo que más se quiere en el mundo, espero no saberlo nunca, pero creo que difícilmente se puede superar eso, se puede aprender a vivir si él, sin ellos, pero todo sería ya distinto y diferente.
Menos mal que es un relato de ficción y que sólo te has puesto en el lugar de, me alegro que no hayas pasado por ese trance tan duro, pero gracias a él, me da por acordarme de los que no han tenido tanta suerte; creo que ya conté una vez que mis hijos querían una moto para trabajar en Telepizza, su madre y yo les quitamos a duras penas la idea de la cabeza, ahora que son independientes, el pequeño tiene coche y moto, las dos cosas, así que imagínate cada vez que sé que se va a Villalba en moto.
Me ha encantado tu relato, aunque la verdad me ha inquietado.
Un abrazo.

19 Noviembre 2006 | 02:26 PM

Darunia

Darunia dijo

Pues sí Rafael, debe ser casi imposible superar una cosa así, y más cuando ha sido por culpa de una moto, pues seguro que algo de culpable te tienes que sentir.
Durante algún tiempo ejercí de canguro de un niño, a la salida del colegio, hasta que su madre regresaba del trabajo. Éste era aquel niño.
Su madre, que es amiga mía, como es de suponer está destrozada. Ahora ha hecho un año que ocurrió. Y por un momento me puse a pensar cómo me sentíria yo en un caso así, y surgió el relato.
Conozco varios casos como éste, todos por culpa de las motos, y las familias ya no vuelven a ser las mismas.
y en cuanto a lo que pueda pasarle a los hijos, más vale no pararse a pensarlo porque si no tendríamos que encerrarles bajo siete llaves.
Un abrazo.

19 Noviembre 2006 | 03:06 PM

Martha Humphrey

Martha Humphrey dijo

Hola,Darunia: Solo unas lineas para saludarte,y para decirte que he contestado el mensaje que me dejaste en mi blog.Puedes leer lo que te escribi en este enlace....

http://www.espacioblog.com/palabrasdelalma1969/post/2006/11/19/ho...

Espero que estes disfrutando del fin de semana,gracias por todo y hasta luego.

Dejo un saludo muy cordial para todos.

Sinceramente...
Martha Humphrey.

19 Noviembre 2006 | 08:30 PM

Girasol

Girasol dijo

Triste relato, pero peor aún triste verdad. Sabes describir muy bien las situaciones, en función del tema siempre consigues hacerme sonreír o entristecerme, pero nunca me dejas indiferente. Hoy "he inaugurado", con dos textos, nuevo blog (atrás he dejado Campos de girasoles....) te invito a pasar por allí cuando desees:
http://www.lacoctelera.com/arrumaco
Un beso.

19 Noviembre 2006 | 08:56 PM

Girasol

Girasol dijo

Lo soy Darunia jejjeje, nada más lejos de confundirte con dobles personalidades. Te contestaba en mi blog que la otra dirección desde que tuve aquel incidente que perdí todo, como que no estaba yo muy convencida no fuera a repetirse. Así que ya ves, me decicí por un "cambio de look" jejeje, espero te guste mi nueva "casa" ya sabes que eres bien acogida en ella. Un besito.

19 Noviembre 2006 | 10:11 PM

Trini

Trini dijo

Se me encoge el corazón…mi hijo tiene 15 años y hace mucho que va detrás de una moto. No quiero ni pensarlo...perder un hijo debe ser la peor experiencia de esta vida. Espero no saberlo nunca...y que tampoco lo sepan mis seres queridos.
Besos con el corazón encogido

19 Noviembre 2006 | 10:52 PM

Darunia

Darunia dijo

Girasol, ya te he visitado en tu nueva casa. A ver si con esta no tienes tantos problemas.
Y la casa será igual de hermosa que la anterior, porque lo que cuenta es lo que dejes escrito en ella. Y escribiendo como escribes, no hay duda de ello.
Un abrazo.

19 Noviembre 2006 | 11:38 PM

Darunia

Darunia dijo

Trini, lo de la moto es una pelea que en muchas casas se vive. No sé que tienen que les atrae tanto a estas edades.
Por suerte el mio de momento no ha dicho nada. Y creo que en eso seré inflexible.
En la escalera de mi hermana, que vive en Barcelona,se mató una chica que iba en la moto con su novio. El novio quedó vivo.
Pero lo más terrible es que al año y medio le pasó lo mismo al hermano. También con la moto. Imagínate como está la madre. Imposible recuperarse de algo así.
Un beso.

19 Noviembre 2006 | 11:42 PM

Milady

Milady dijo

Ya te lo he dicho, pero espero que no te importe que me repita. Me gusta mucho cómo escribes. No necesitas florituras de ningún tipo. Tienes el don de reflejar las emociones más complejas con el lenguaje más sencillo.
Un beso.

20 Noviembre 2006 | 07:53 AM

cristina

cristina dijo

me encanto, que hermoso relato...demuestra todo lo que queda despues de la muerte, desolacion, dolor, impotencia, rabia. y como para paliarla mucxhas veces es necesario hechar la culpa a algo o alguien.

yo tb escribo y me acabo de hecer un blog para publicar, me encantaria si te pasaras a comentar...

besos

20 Noviembre 2006 | 08:41 AM

Darunia

Darunia dijo

Milady, pues eso es lo que menos me gusta de mis escritos. Que tienen un lenguaje demasiado sencillo. Como de andar por casa.
A mi me gustaría saber utilizar un lenguaje como el tuyo: como de fiesta.
Es como si mis escritos estuvieran en bata y zapatillas y los tuyos con tacones de aguja y vestido de noche.
Pero no doy para más...
Un abrazo.

20 Noviembre 2006 | 10:27 AM

Darunia

Darunia dijo

Gracias Cristina por tu comentario.
Ya me he pasado por tu blog y te he dejado un comentario yo también. Creo que lo he inaugurado.
Por una vez en la vida he sido la primera en algo. Y estoy contenta, mira tú por donde...
Un abrazo.

20 Noviembre 2006 | 10:29 AM

Corlas

Corlas dijo

La sencillez es una virtud Darunia, y tu la tienes. No es la primera vez que te lo digo (como Milady) pero es que es precisamente esa sencillez lo que me atrajo de ti.
Salud!

20 Noviembre 2006 | 11:23 AM

Darunia

Darunia dijo

Bien hallado seas Corlas. Que bueno verte de nuevo por aquí... Ya se te echaba de menos.
Hace una par de días me pase por la mula y vi que estabas, así que supuse que estabas bien.
Y no es que tengas obligación de venir aquí a comentar. Faltaría más... pero es que ya me acostumbré a tus comentarios.
Un abrazo de nuevo.

20 Noviembre 2006 | 12:52 PM

Renaissance

Renaissance dijo

La sencillez jamás oscureció la calidad de nada, y menos en un relato. Y el tuyo es francamente bueno, Darunia; no solo está muy bien escrito, sino que es capaz de despertar toda una gama de emociones, y eso es lo verdaderamente valioso.

Juan Ramón Jiménez decía que prefería la poesía desnuda de artificios que aquella que se maquillaba y engalanaba con todo el arte de la retórica, así que..

Un amigo mío perdió un hijo de esa edad, aproximadamente... Fue terrible. Pero por más que parezca mentira la vida sigue fluyendo y se termina por asimilar la pérdida, es ley de vida. Aunque esta ya no vuelve a ser igual, desde luego, pero llega un momento en que aprendes a convivir con eso. Espero que a tu amiga le llegue pronto ese momento...

Un beso, Darunia, nos veremos.

20 Noviembre 2006 | 01:23 PM

Corlas

Corlas dijo

Gracias Darunia, decirte que no he acabado de leer tu ficción porque las lágrimas no me han dejado.
Salud!
P.D: Soy de los que prefiero ver cine subtitulado, pero soy de los que lloro en el cine. O sea, que no me entero de los subtítulos!
En Paris Texas, no me enteré de casi ningún diálogo...
Sin remedio...

20 Noviembre 2006 | 01:39 PM

Darunia

Darunia dijo

Corlas, me encanta que no tengas ningún pudor en expresar que eres un hombre sensible. Hay tan pocos así... La mayoría lo esconde como si fuera un pecado demostrarlo.
Y realmente lo tienes mal con lo de las películas subtituladas.
Y espero que sigas "sin remedio..."
Un abrazo.

20 Noviembre 2006 | 03:20 PM

Darunia

Darunia dijo

Gracias por tu comentario Renaissance.
Supongo que tienes razón y que el tiempo todo lo cura. Pero tiene que ser tan difícil en un caso así...
Un beso.

20 Noviembre 2006 | 03:55 PM

Corlas

Corlas dijo

Darunia, otra vez me aprovecho de tu hospitalidad. (Aquí no se pueden poner emoticones)
A veces la canción más sencilla puede ser poesía pura, y, como yo siemnpre estoy escuchando, no puedo reprimirme lo que estoy escuchando. Disco de Javier Colina (un monstruo del contrabajo). (Título: Si te contara)

Pero a lo que voy, el estribillo:

" Las penas que me maltratan, son tantas,
que se atropellan, y como, de matarme tratan,
se agolpan unas a otras y por eso no me matan" (Precioso y alentador)
(De verdad que al oír el coro, es más mejor)
Preciosa canción, excelentes músicos, y filosofía pura...

Salud!

21 Noviembre 2006 | 04:46 PM

Darunia

Darunia dijo

Realmente precioso. No conocía esta canción ni a Javier Colinas tampoco, para qué engañarte. Es que mi cultura musical es bastante limitada. Pero ya me la he puesto a bajar para escucharla.
Saludos.

21 Noviembre 2006 | 08:31 PM

Corlas

Corlas dijo

Hola:

Javier Colina es el contrabajista que hizo el disco Lágrimas Negras con Bebo Valdés.
He puesto mi email en el mensaje, no se si tu lo puedes ver. (Hoy he echado de menos el MP del eMule para comunicarme contigo).
Por cierto, vi El Sur y me gustó. Te recuerdo "El arbol de los zuecos", y, ayer vi "Tierra y Libertad", de Ken Loach,(no la había visto todavía). Ex-ce-len-te.
Salud!

22 Noviembre 2006 | 03:36 PM

Darunia

Darunia dijo

Como siempre, gracias Corlas.

23 Noviembre 2006 | 01:04 AM

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