La Coctelera

de la vida y sus cosas...

Para hablar sobre las cosas cotidianas que pasan en nuestra vida. Incluso de aquellas que no suelen parecernos importantes.

20 Noviembre 2006

Reflexiones de andar por casa

El viernes pasado fui con mi padre al hospital. Tenían que hacerle una prueba y mientras esperábamos, que ya se sabe lo que pasa en estos sitios que te tienen allí horas, nos pusimos a hablar de mi madre y de sus padecimientos.
Al rato llegó un matrimonio ya muy mayor con un hijo, que también venía a hacerse una prueba, con parálisis cerebral. Le llevaban en una silla de ruedas y el chico, que tendría unos treinta años, nos miraba todo el tiempo sonriendo. En realidad no sé si se enteraba de algo o no. De vez en cuando decía alguna cosa, como queriendo intervenir en la conversación, pero yo no le entendía. Su madre, en cambio, ejercía de intérprete de una manera asombrosa. Sabía en cada momento lo que estaba diciendo.
De vez en cuando le limpiaba la boca, porque no paraba de correrle un hilillo de babas, con una dedicación y un amor en sus gestos dignos de admiración. Le acomodaba en su silla, le preguntaba constantemente si estaba bien, si quería un poco de agua... Si tenía frío o calor...
Por un lado sentí lástima viéndoles. Porque a la madre, que casi podía pasar por su abuela, se le notaba en el rostro el cansancio físico que sentía. Pero por el otro, la felicidad y el amor que reflejaban sus ojos, cuidando aquel hijo, que a pesar de la edad que tenía para ella seguía siendo un niño, me hizo pensar que ella lo tenía tan asumido que no le suponía ningún trauma hacerlo. Y sentí admiración por ellos. Por como eran capaces de sonreir a pesar de lo que llevaban encima.
Nos contaron que al chico venía todas las mañanas una ambulancia y se lo llevaba a un centro de día, y que al atardecer se lo traían de nuevo a casa. Pero los fines de semana y los festivos, nos dijo, los pasaba siempre con ellos.
Y como suele ocurrir en estos casos, su mayor preocupación era pensar qué pasaría cuando ellos ya no pudieran cuidarle por estar demasiado viejos o porque cayeran enfermos.
"Tendrán que ingresarlo en algún centro, porque esto sólo puede sobrellevarlo una madre. A sus hermanas no se les puede exigir que carguen con semejante responsabilidad." - nos dijo la mujer.
Les llamaron para la prueba antes que a nosotros, y cuando ya se habían ido mi padre me dijo:
- Y luego nos quejamos de lo que tenemos nosotros en casa. Comparado con esto, lo de tu madre no es nada. Fíjate en esos pobres padres, la carga que han tenido toda su vida con ese hijo. Y se les ve tan contentos...
Y yo me puse a pensar que tenía toda la razón del mundo.
A menudo nuestros pequeños problemas del día a día nos hacen sentir que somos los más desgraciados, que la vida es injusta con nosotros, o que a los demás todo les va bien y que todo lo malo nos lo tiene reservado para nosotros.
Pero bastaría con echar una mirada a nuestro alrededor, para darnos cuenta que siempre hay alguien que lo está pasando peor.
Nos quedamos sin trabajo, se nos estropea el coche y la lavadora al mismo tiempo, perdemos el autobús y llegamos tarde al trabajo o a nuestra cita, tenemos peleas absurdas con la familia o con quienes nos rodean, nos frustra no poder comprarnos el último modelo de cualquier artilugio electrónico que salga... Cualquiera de estas cosas pueden amargarnos el día y hacernos sentir que la vida la tiene tomada con nosotros.
Pero cuando ves un caso así, te das cuenta de que al lado de eso nuestras pequeñas frustaciones diarias no son mas que naderías. Ganas de calentarnos la cabeza.
Porque es bien cierto que todo esto, en su momento, nos puede hacer pensar que el mundo se nos viene encima, y hacernos olvidar de lo esencial: que estamos vivos y que estamos sanos. Y que podemos luchar por lo que queremos. Porque sin la salud, nada de todo lo demás tiene la más mínima importancia. Y aunque estemos enfermos, mientras sigamos vivos y tengamos fuerzas para luchar, la vida sigue y tenemos la posibilidad de salir adelante.
Pero a personas como este chico, la vida les negó absolutamente todo. Y ni siquiera tiene la posibilidad de luchar por mejorar su estado.
Dan un anuncio por televisión en el que una famosa actriz anuncia una crema para la cara, de esas que te harán rejuvenecer diez años en unas pocas semanas y dice algo así: "¿Frustración? Frustración es darte cuenta que te ha salido una nueva arrugita en el rostro..."
Pues eso es lo que nos pasa a veces. Que una nueva arrugita, ya sea en el rostro o en nuestra vida, nos llena de frustración y nos hace sentir los seres más desgraciados e incomprendidos del mundo.
Y empezamos a comprarnos cremas milagrosas, sin darnos cuenta que no es la arrugita la que hay que eliminar. Lo que realmente hay que quitar de nuestra vida es esa absurda idea de que todo en ella tiene que ser perfecto.
No podemos pretender que nuestro transcurrir por la vida sea como navegar en una balsa de aceite.
El mar en el que nos movemos, a veces nos trae un fuerte oleaje capaz de trastocar toda nuestra vida y ponerlo todo patas arriba. Pero en otras, en cambio, sopla una suave brisa que nos va meciendo y que convierte nuestra existencia en algo parecido a lo que debe ser la felicidad.
Y esto es lo que debemos aprender a valorar.

servido por delavidaysuscosas 16 comentarios compártelo

16 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Martha Humphrey

Martha Humphrey dijo

Hola,Darunia...

Esta mañana de otoño te escribo desde el desván de mi soledad,físicamente me siento sola,espiritualmente no.Tengo la compañía de Dios en todo momento,¿verdad?,si,se muy bien que acertaras con lo que he expresado con una sonrisa en tu rostro.

Este día no es como cualquier otro día para mi,¿y sabes por qué lo digo?,porque hoy,Dios me ha puesto en mi corazón el deseo de escribirte estas lineas...

Te escribo para decirte que estas haciendo muy buen trabajo en tu blog.Tus mensajes son muy positivos,y creo confiadamente que tus escritos y todos los mensajes positivos que aquí haz publicado han sido para el beneficio de mucha gente.Personas como tú,son las que hacen brillar este mundo tan caótico.

Sigue adelante con tu buen trabajo,Dios te bendiga,hoy,mañana y siempre.

De todo corazón te deseo una feliz semana.

Sinceramente...
Martha Humphrey.

20 Noviembre 2006 | 04:52 PM

Milady

Milady dijo

Son unas conclusiones muy sensatas. Hay una capacidad por la que doy gracias por encima de todas las que pueda tener. Independientemente de mi estado de ánimo y mi nivel de satisfacción o sufrimiento, desde niña nunca he dejado de sentirme privilegiada. Espero conservar esta consciencia hasta el final; no me hace la vida más fácil, porque cuando algo duele, duele igual aunque se compare con heridas mayores, pero me ayuda a no perder demasiado la perspectiva.
Un abrazo.

20 Noviembre 2006 | 06:16 PM

Darunia

Darunia dijo

Gracias por tus palabras Martha.
Yo no sé si la gente se beneficiará o no con mis palabras. No pretendo tanto. Me limito a poner por escrito mis reflexiones. Que quizás no sean acertadas, pero es como yo veo las cosas.
Saludos.

20 Noviembre 2006 | 06:29 PM

Trini

Trini dijo

Pues es muy cierto que a veces debemos vivir la noche para apreciar lo que reconforta un cálido rayo de Sol.
Muy buenas reflexiones, Darunia
Besos reflexivos

20 Noviembre 2006 | 06:39 PM

Darunia

Darunia dijo

Esta claro Milady, que ver el sufrimiento ajeno no va a hacer que el propio disminuya. Pero quizás sí ayude un poco a relativizar las cosas. A no darles más importancia de la que realmente tienen.
Cuando algo nos duele, de nada sirve que nos digan que a otros les duele más. Nuestro dolor es el que sufrimos, no el ajeno.
Pero a mi sí que me sirve para concienciarme de que en el fondo soy afortunada. Porque podría haber sido peor.
Un beso.

20 Noviembre 2006 | 06:48 PM

Darunia

Darunia dijo

Gracias Trini.
Yo sí creo en aquella frase que decía algo así: "Si de noche lloras por el sol, no podrás ver las estrellas."
Hay que tratar de ser feliz en cada momento con lo que se tiene. Que se puede conseguir algo mejor, pues estupendo. Y si no, seguro que también tiene su parte positiva.
Un abrazo.

20 Noviembre 2006 | 06:52 PM

MB

MB dijo

Tienes toda la razón, pero que triste es cuando solo nos damos cuenta si vemos a alguien que lo pasa peor. Porque a mi me suele pasar eso y mucho, recorfortarme porque se que otros estan peor que yo.
Pero esta es la vida a veces nos amargamos por la mayor de las tonterias sin apreciar lo que de verdad tenemos.
Yo siempre se que lo primero en esta vida es la salud para asi luchar por lo que queremos. Pero ¿cuántas veces se me olvida?
A veces pienso que no somos felices porque no queremos, y que nuestro sino es quejarnos de todo.
¡Somos tan raros!

Un beso.

20 Noviembre 2006 | 07:11 PM

Girasol

Girasol dijo

Hermosa reflexión Darunia y me he quedado con la observación de tu padre que aceptando el dolor lo agradece, siento consciente de que todo puede se peor, porque en la vida todo es relativo. Y sí, es cierto que vivimos cada vez más en una sociedad con valores vacíos donde la apariencia prima al precio que sea.... con todo lo bueno que tenemos como seres humano y que no lo utilicemos.
Por cierto, si en unos días ves que no te visito y que no hay escrito nuevo en mi blog, es porque quizá mañana me vaya de viaje unos días, que sepas que no he desaparecido jejeje que tú capaz de creerte que me he mudado otra vez. Si puedo algún día tal vez me asome a esta ventana. Un beso.

20 Noviembre 2006 | 11:00 PM

Luz

Luz dijo

Mi primo murió hace cosa de un año, también tenia paralisis, mis tios y toda la familia cuidamos de el, lo mimamos, hicimos que se sintiera querido, para que el camino le fuera más fácil.

Estas historias ayudan a más de uno a sobreponerse y ser fuerte.

Espero que las pruebas de tu papi fueran bien.

Un besito

20 Noviembre 2006 | 11:15 PM

Darunia

Darunia dijo

Yo también creo MB, como tú, que la salud es lo primero en la vida. Será porque como llevo tantos años viviendo con la enfermedad, he aprendido a ponerla por encima de todo.
Porque ya puedes tener lo que sea en esta vida, que sin salud, es como si no lo tuvieras.
Y lo de ser felices, será que está en la naturaleza del ser humano no serlo. Porque siempre andamos detrás de lo que no tenemos olvidándonos de lo que conseguimos.
Un beso de buenas noches.

20 Noviembre 2006 | 11:20 PM

Darunia

Darunia dijo

Pues nada Girasol, si es que te vas que tengas un muy buen viaje.
Y si te mudas, para esconderte, me da igual. Yo, como un perrito faldero, pienso ir detrás de ti de blog en blog.
Porque sin tus escritos no me quedo.
Un beso.

20 Noviembre 2006 | 11:23 PM

Darunia

Darunia dijo

Luz, en las familias que se viven casos así, a todos les canvia un poco la vida, o la visión que se tiene de ella.
La persona que lo padece, sufre por lo que tiene. Y los que están a su alrededor casi siempre salen enriquecidos interiormente.
Lo de mi padre no era nada importante. Era una prueba del oído porque tiene vértigos. Gracias por el interés.
Un abrazo.

20 Noviembre 2006 | 11:27 PM

Girasol

Girasol dijo

Me he levantado a tomar un vaso de leche, no consigo dormir y mañana tengo todavía que preparar el equipaje :( y me acordé en la cama que enfrascada con el artículo que habías escrito al final, y que conste que lo pensé, no me acordé de preguntarte por tu padre, el motivo de la visita al médico, ya lo siento Darunia aunque ya queda aclarado por el último post que acabo de leer. Me alegra que esté bien y los vértigos supongo que los tiene controlados con medicación, aunque sé de gente que también los sufre y se tiene que acostar mientras le duran, a veces días. Nada, paciencia. Un beso de nuevo Darunia.

21 Noviembre 2006 | 01:38 AM

Darunia

Darunia dijo

Gracias Girasol. Se los van controlando, pero son un incordio. Lo que pasa es que ya tiene muchos años encima y los achaques no paran de salir.
Un abrazo.

21 Noviembre 2006 | 08:42 AM

rafael

rafael dijo

Darunia
como siempre consigues hacerme pensar, la primera vez que tuve un infarto, en el año 99, me revelé contra todo porque pensaba que era demasiado pronto, que era demasiado joven para tener esa dolencia, cuando me recuperé, a los pocos días, pasee por la planta y pude ver la cantidad de niños que esperaban un trasplante de corazón, niños con 7 años, con 10, de muchas edades, y me sentí inmensamente desafortunado por haber pensado de esa forma, ahora me doy cuenta de que yo no soy el único que sufre.
Hay una cita que no sé quién escribió, que dice: "No le perdono a la vida hacerme pensar que no era feliz, cuando lo era". Tal vez sea cuestión de conformarnos con lo que tenemos.
Un abrazo, tu artículo, de nuevo, me hace reflexionar. A esto le llamo yo, escribir en serio.

21 Noviembre 2006 | 02:11 PM

Darunia

Darunia dijo

Me gusta la frase, Rafael.
A menudo nos pasa eso que no somos conscientes de lo que tenemos. Y cada vez que nos pasa algo nos preguntamos que por qué a mi. Como si fuéramos los únicos a quienes les ocurre algo malo.
Yo, que llevo años pateando hospitales, me dí cuenta hace mucho que hay infinidad de personas que lo pasan millones de veces peor que yo. Y son personas que están al lado. No hace falta mirar al tercer mundo.
Pero casi siempre estamos medio cegatos y no lo vemos.
Abrazos.

21 Noviembre 2006 | 03:36 PM

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