Reflexiones de andar por casa
El viernes pasado fui con mi padre al hospital. Tenían que hacerle una prueba y mientras esperábamos, que ya se sabe lo que pasa en estos sitios que te tienen allí horas, nos pusimos a hablar de mi madre y de sus padecimientos.
Al rato llegó un matrimonio ya muy mayor con un hijo, que también venía a hacerse una prueba, con parálisis cerebral. Le llevaban en una silla de ruedas y el chico, que tendría unos treinta años, nos miraba todo el tiempo sonriendo. En realidad no sé si se enteraba de algo o no. De vez en cuando decía alguna cosa, como queriendo intervenir en la conversación, pero yo no le entendía. Su madre, en cambio, ejercía de intérprete de una manera asombrosa. Sabía en cada momento lo que estaba diciendo.
De vez en cuando le limpiaba la boca, porque no paraba de correrle un hilillo de babas, con una dedicación y un amor en sus gestos dignos de admiración. Le acomodaba en su silla, le preguntaba constantemente si estaba bien, si quería un poco de agua... Si tenía frío o calor...
Por un lado sentí lástima viéndoles. Porque a la madre, que casi podía pasar por su abuela, se le notaba en el rostro el cansancio físico que sentía. Pero por el otro, la felicidad y el amor que reflejaban sus ojos, cuidando aquel hijo, que a pesar de la edad que tenía para ella seguía siendo un niño, me hizo pensar que ella lo tenía tan asumido que no le suponía ningún trauma hacerlo. Y sentí admiración por ellos. Por como eran capaces de sonreir a pesar de lo que llevaban encima.
Nos contaron que al chico venía todas las mañanas una ambulancia y se lo llevaba a un centro de día, y que al atardecer se lo traían de nuevo a casa. Pero los fines de semana y los festivos, nos dijo, los pasaba siempre con ellos.
Y como suele ocurrir en estos casos, su mayor preocupación era pensar qué pasaría cuando ellos ya no pudieran cuidarle por estar demasiado viejos o porque cayeran enfermos.
"Tendrán que ingresarlo en algún centro, porque esto sólo puede sobrellevarlo una madre. A sus hermanas no se les puede exigir que carguen con semejante responsabilidad." - nos dijo la mujer.
Les llamaron para la prueba antes que a nosotros, y cuando ya se habían ido mi padre me dijo:
- Y luego nos quejamos de lo que tenemos nosotros en casa. Comparado con esto, lo de tu madre no es nada. Fíjate en esos pobres padres, la carga que han tenido toda su vida con ese hijo. Y se les ve tan contentos...
Y yo me puse a pensar que tenía toda la razón del mundo.
A menudo nuestros pequeños problemas del día a día nos hacen sentir que somos los más desgraciados, que la vida es injusta con nosotros, o que a los demás todo les va bien y que todo lo malo nos lo tiene reservado para nosotros.
Pero bastaría con echar una mirada a nuestro alrededor, para darnos cuenta que siempre hay alguien que lo está pasando peor.
Nos quedamos sin trabajo, se nos estropea el coche y la lavadora al mismo tiempo, perdemos el autobús y llegamos tarde al trabajo o a nuestra cita, tenemos peleas absurdas con la familia o con quienes nos rodean, nos frustra no poder comprarnos el último modelo de cualquier artilugio electrónico que salga... Cualquiera de estas cosas pueden amargarnos el día y hacernos sentir que la vida la tiene tomada con nosotros.
Pero cuando ves un caso así, te das cuenta de que al lado de eso nuestras pequeñas frustaciones diarias no son mas que naderías. Ganas de calentarnos la cabeza.
Porque es bien cierto que todo esto, en su momento, nos puede hacer pensar que el mundo se nos viene encima, y hacernos olvidar de lo esencial: que estamos vivos y que estamos sanos. Y que podemos luchar por lo que queremos. Porque sin la salud, nada de todo lo demás tiene la más mínima importancia. Y aunque estemos enfermos, mientras sigamos vivos y tengamos fuerzas para luchar, la vida sigue y tenemos la posibilidad de salir adelante.
Pero a personas como este chico, la vida les negó absolutamente todo. Y ni siquiera tiene la posibilidad de luchar por mejorar su estado.
Dan un anuncio por televisión en el que una famosa actriz anuncia una crema para la cara, de esas que te harán rejuvenecer diez años en unas pocas semanas y dice algo así: "¿Frustración? Frustración es darte cuenta que te ha salido una nueva arrugita en el rostro..."
Pues eso es lo que nos pasa a veces. Que una nueva arrugita, ya sea en el rostro o en nuestra vida, nos llena de frustración y nos hace sentir los seres más desgraciados e incomprendidos del mundo.
Y empezamos a comprarnos cremas milagrosas, sin darnos cuenta que no es la arrugita la que hay que eliminar. Lo que realmente hay que quitar de nuestra vida es esa absurda idea de que todo en ella tiene que ser perfecto.
No podemos pretender que nuestro transcurrir por la vida sea como navegar en una balsa de aceite.
El mar en el que nos movemos, a veces nos trae un fuerte oleaje capaz de trastocar toda nuestra vida y ponerlo todo patas arriba. Pero en otras, en cambio, sopla una suave brisa que nos va meciendo y que convierte nuestra existencia en algo parecido a lo que debe ser la felicidad.
Y esto es lo que debemos aprender a valorar.

Martha Humphrey dijo
Hola,Darunia...
Esta mañana de otoño te escribo desde el desván de mi soledad,físicamente me siento sola,espiritualmente no.Tengo la compañía de Dios en todo momento,¿verdad?,si,se muy bien que acertaras con lo que he expresado con una sonrisa en tu rostro.
Este día no es como cualquier otro día para mi,¿y sabes por qué lo digo?,porque hoy,Dios me ha puesto en mi corazón el deseo de escribirte estas lineas...
Te escribo para decirte que estas haciendo muy buen trabajo en tu blog.Tus mensajes son muy positivos,y creo confiadamente que tus escritos y todos los mensajes positivos que aquí haz publicado han sido para el beneficio de mucha gente.Personas como tú,son las que hacen brillar este mundo tan caótico.
Sigue adelante con tu buen trabajo,Dios te bendiga,hoy,mañana y siempre.
De todo corazón te deseo una feliz semana.
Sinceramente...
Martha Humphrey.
20 Noviembre 2006 | 04:52 PM