La Coctelera

de la vida y sus cosas...

Para hablar sobre las cosas cotidianas que pasan en nuestra vida. Incluso de aquellas que no suelen parecernos importantes.

23 Noviembre 2006

Los paisajes de nuestra infancia


Leí un precioso artículo en el blog Arrumacos desde el alma , aunque para mi siempre será Girasol, que era su antiguo nombre, en el que en un texto cargado de poesía, como todo lo que ella escribe, me hizo regresar, por unos instantes, al paraíso perdido de la infancia.
A lo largo de nuestra vida recorremos miles de caminos. Visitamos cientos de lugares. Hay algo en nosotros que nos impulsa a no quedarnos anclados en un mismo lugar.
Ya no necesitamos viajar de una lado a otro, atravesando verdes valles ni escalando altas montañas, buscando las mejores cuevas donde acampar durante los gélidos inviernos, como hacían nuestros ancestros.
Desde hace miles y miles de años nos hicimos sedentarios, pero aún así, aquel espíritu nómada de nuestros antepasados parece aún pervivir en nuestro interior.
Quizás por eso, a la menor ocasión, abandonamos la seguridad y la calidez de nuestros hogares y nos lanzamos a la búsqueda de nuevos paisajes. A veces, cuanto más lejanos y exóticos mejor.
Y aunque sólo sea durante unos pocos días, visitamos otros lugares, exploramos otros mundos y regresamos renovados y cargados de energía. Energía que nos ayudará, en el largo año que nos queda por delante, a sobrevivir, hasta que llegue el momento de nuestra próxima escapada.
Pero de todos los sitios que visitemos, de todos los lugares que recorramos, por muchos paisajes que divisemos, ninguno quedará tan grabado en nuestra alma como los paisajes de nuestra infancia.
Hay algo en ellos que no hallaremos en ningún otro lugar. Por mucho que los busquemos.
En ellos quedaron enterrados nuestros sueños infantiles. Convirtiendo aquellos paisajes, la mayoría de las veces, en nuestro particular paraíso perdido. Un lugar en el que todo era posible y en el que a la vez nada malo nos podía ocurrir.
Donde levantar cada piedra del camino era toda una aventura, porque nunca sabías qué mágicos tesoros encontrarías debajo.
Un árbol se convertía en una casa en las nubes; un pequeño arroyo en la mejor de las piscinas; unos campos sembrados de olivos en una inexplorable selva. Una hormiga, una lagartija, una rana... en salvajes fieras a las que había que combatir y amaestrar. En ocasiones simplemente observándolas. O forzando su recorrido con un palito, para que se dirigieran a la lata vacía donde pretendíamos encerrarlas.
Y ocurre que un día, cuando ya la infancia se perdió en el tiempo, que volvemos de nuevo a recorrer aquellos paisajes, después de haber visitado otros infinitamente más lejanos, y a primera vista pudiera parecernos que ya no son los mismos. No porque ellos hayan cambiado, que casi siempre permanecen inmutables en el tiempo, sino porque nosotros ya no somos aquellos niños de entonces. Ahora somos unos niños que perdieron la inocencia y la frescura en su mirada. Una mirada que quizás la vida nos la volvió triste y apagada.
Pero algo sucede en nuestro interior, porque casi sin darnos cuenta, volvemos de nuevo, ante su sola visión, a sentirnos aquellos felices chiquillos que ilusionados ante cada nuevo amanecer danzaban por ellos sintiéndose libres como el viento.

servido por delavidaysuscosas 18 comentarios compártelo

18 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Corlas

Corlas dijo

Si Darunia, y es entonces cuando nuestra mirada vuelve a brillar. Doy gracias a mis padres y mis abuelos por facilitarme esa infancia en la que a veces me refugio con tan buenas sensaciones. (Recuerdos agrícolas y salvajes, inocentemente salvajes).
Salud!

23 Noviembre 2006 | 01:00 AM

Darunia

Darunia dijo

Creo que no hay infancia más feliz que la de aquellos que tuvieron un pueblo para vivirla.
Porque allí, la vida y por supuesto la infancia, eran otra cosa.
Saludos de buenas noches.

23 Noviembre 2006 | 01:01 AM

Señora Nostalgia

Señora Nostalgia dijo

Querida Darunia: Creo que tienes razón. Por eso prefiero no regresar a los lugares adonde fuí feliz de niña..., y más bien, mantenerlos intactos en la memoria. Una vez hice la prueba...y qué desilusión! Nada era como yo lo recordaba. Una ladera inmensa por donde nos deslizábamos con mi hermana, no calificaba siquiera como pequeño promontorio. El jardín inmenso de mis recuerdos no existía y en su lugar había sólo un diminuto cuadrado de mala hierba. Escribes muy bien. Te felicito. Madeleine

23 Noviembre 2006 | 06:48 AM

Darunia

Darunia dijo

Gracias Madeleine por tus palabras.
Algo parecido a lo que tú explicas me ocurrió a mi la primera vez que regresé a mis paisajes infantiles después de muchos años. Todo me parecía como si hubiera encogido.
Después, las siguientes veces, ya lo veía un poco más normaalizado.
Saludos.

23 Noviembre 2006 | 08:29 AM

Milady

Milady dijo

Darunia, me encanta que me des una excusa para volver a mi paraíso de la infancia. Se llama Medrano y tengo la enorme fortuna de poder regresar a él de vez en cuando, sin traerme más desilusión que la de tener que marcharme de allí.
Un abrazo.

23 Noviembre 2006 | 11:19 AM

Trini

Trini dijo

Yo no tengo pueblo en mi infancia…excepto 7 meses que pasé con mi abuela antes de hacer la comunión. Pero mi infancia, aunque sin esos magníficos paisajes que describes, también está plagada de imaginación.
Un saludo, Darunia.

23 Noviembre 2006 | 11:32 AM

patrus

patrus dijo

ay!(suspiro...) qué tiempos aquellos los de la tierna infancia.
Yo recuerdo especialmente un lugar al que me encantaba ir. En primavera, verano y algunos días de otoño, nos reuníamos en familia, mis padres y mis tíos, y nos íbamos a un parque natural, el Monte Aloya. Guau! para mi aquello era el paraíso, de allí guardo de los mejores recuerdos de cuando era un guisante. Qué bien nos lo pasábamos... los cuatros mágníficos, mis 2 primas, mi hermano y yo.
Ahora cada vez que vuelvo y me encuetro con todos aquellos rincones los recuerdos vuelven y me hacen sonreír, es una sensación muy agradable.
Me ha encantado recordarlo leyendo tu post :-)
Un abrazo.

23 Noviembre 2006 | 12:24 PM

renaissance

renaissance dijo

Fin de la infancia, y fin de la inocencia. A veces idealizamos tanto esos paisajes, ya sean los geográficos o los anímicos , en busca de un oasis en que refugiarnos de la tormentas de arena cotidianas que cuesta enfrentarse de nuevo con ellos. Desilusión al ver que el panorama que contemplábamos ya no es el mismo, como en el caso de Madeleine, desilusión al comprobar que ya no podemos sentir las misma cosas que de pequeños... Pero nunca deja de ser agradable revivir las sensaciones de entonces, como con tu post y el de Girasol(para mí también seguirá siendo Girasol).

Me encanta cómo escribes, Darunia. Un beso.

23 Noviembre 2006 | 01:20 PM

Darunia

Darunia dijo

Milady, pues no sabes la suerte qué tienes al poder seguir visitándolos. Yo no voy más que de muchos en muchos años.
Por La Rioja paso siempre para ir a León, la tierra de mi cónyuge.
Un abrazo.

23 Noviembre 2006 | 03:34 PM

Darunia

Darunia dijo

No hace falta que me lo jures, Trini. Sé perfectamente, que aunque no tengas pueblo de infancia tus recuerdos están plagados de imaginación, como dices. Y seguro que hasta el parque más pequeño, donde jugaras, para ti siempre será el mejor paisaje.
Un beso.

23 Noviembre 2006 | 03:37 PM

Darunia

Darunia dijo

Patrus, es que pocos paisajes hay como los de Galicia. A mi, que soy de la meseta castellana, aquello siempre me ha parecido una maravilla.
En mi tierra, extensas llanuras peladas en verano. No como en la tuya siempre tan verde.
Un beso.

23 Noviembre 2006 | 03:43 PM

Darunia

Darunia dijo

Rena, viniendo de ti, decir que te gusta como escribo es todo un elogio. Gracias.
En el fondo estoy convencida de que ni la infancia, ni aquellos paisajes eran en realidad tan idílicos.
Es el recuerdo que los engrandece. De ahí, quizás, que al volver a ellos los veamos diferentes.
Un abrazo.

23 Noviembre 2006 | 04:07 PM

Corlas

Corlas dijo

Después de leer los comentarios, el mío incluído, tengo unos recuerdos de mi infancia que me apuntalan a la vida, pero aunque como los míos son agrícolas, pueblo con calle de tierra (calle, una. Bueno, en realidad son dos, una "ele"), contacto con la tiera, recoger tomates, melocotones, (sobre todo, recoger je, je).
LO que quiero decir es que tal vez, bueno, que estoy casiseguro que lo ralmente importante es la infancia, aunque fuere en un iglú, por no decir una estación petrolífera de esas aisladas.
La imaginación del niñ@, es su vida futura. (vaya sentencia!)
Por cierto, somos tod@s un@s niñ@s o chic@s estupend@s.
Salud!

P.D: Naturalmente, Darunia como anfitriona, y como persona, puedes multiplicar los piropos por infinito.

23 Noviembre 2006 | 05:27 PM

Mariana

Mariana dijo

¡Que me vas a contar a mi del pueblo!

Recuerdo mi niñez como el "lugar" al que siempre quiero volver en mis malos momentos. Un "lugar" donde la peor de las heridas se curaba con un beso y la mayor desgracia con un trozo de pan.
Y la alegrías infinitas.

Un beso y gracias por llevarme de la mano hasta mi niñez.

23 Noviembre 2006 | 07:14 PM

rafael

rafael dijo

Darunia
No hay nada peor que la infancia perdida, ni nada mejor que hallar su recuerdo escondido.

23 Noviembre 2006 | 07:44 PM

Darunia

Darunia dijo

Corlas, no me das ninguna envidia.
Mi pueblo también tenía las calles de tierra. Y con muchas piedras, además. No las asfaltaron hasta después de yo vivir en Barcelona. Así que imagina el impacto que me supuso la primera vez que fuí y me encontré las calles asfaltadas. Parecían otras.
Saluditos.

23 Noviembre 2006 | 09:17 PM

Darunia

Darunia dijo

Mariana, yo me vine de allí con catorce años recién cumplidos. Por lo que llevo aquí más del doble de tiempo.
Aún así, mi pueblo es mi pueblo.
Y eso que cuando voy ya no es el mismo. De tan cambiado que está. Pero a mi me da igual. Lo tengo idealizado.
Un besito.

23 Noviembre 2006 | 09:21 PM

Darunia

Darunia dijo

Rafael, me encantó tu frase. Es auténtica poesía.
Recibe mi admiración junto con un abrazo.

23 Noviembre 2006 | 09:22 PM

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