Mi traje de la soledad

Soledad...
Mi eterna compañera,
mi amiga más sincera...
Así comenzaba uno de aquellos poemas que escribí en mi ya cada vez más lejana adolescencia.
Cuantos más años se me van acumulando, más me voy convenciendo de que con la soledad se nace.
Es como un traje que Dios, el destino, la naturaleza, o quizás simplemente el azar, nos coloca encima como una segunda piel, de la que ya nunca o casi nunca te podrás desprender.
Durante muy pocos años, desgraciadamente cada vez menos, es el traje de la inocencia el que nos cubre. Pero se deteriora tan pronto... Es un traje muy frágil, que al menor descuido queda hecho jirones, y por eso, de repente, cuando aún no tocaba, te ves con otro muy diferente. Uno que consigue que dejes de verlo todo con esa limpieza en la mirada que sólo este traje te podía proporcionar.
Es el único que a todos nos ponen nada más nacer. Pero enseguida es cambiado por otro. Por el que llevarás, probablemente, el resto de tu vida.
A algunos, después de éste, les ponen el traje del optimismo, y benditos sean ellos, que caminan por la vida felices y confiados. Nada les detiene. No hay obstáculo demasiado grande para ellos. Porque si algo proporciona este traje, es una capacidad de verlo todo fácil y accesible de conseguir.
A otros, para su desgracia, les tocó el traje de la incomprensión y la intolerancia. Y se muestran muy seguros de si mismos. Juzgando y menospreciando a todos aquellos que no sienten ni ven la vida a su manera. Que para ellos es la única y verdadera forma de entenderla.
Hay quienes visten uno de los mejores trajes que en este reparto te pueden tocar. Es el traje del amor y la entrega a los demás.
Pasan por la vida amando a todos y todo cuanto les rodea. Haciendo siempre el bien. Luchando por los derechos y por la felicidad de los demás, que ellos saben transformar en su propia felicidad.
A lo largo de la vida, encima del traje que nos tocó, quizás por azar, nos vamos vistiendo con otros muy diferentes.
En ocasiones nos ponemos el de la alegría, que como el de la felicidad, es un traje de quita y pon. Se ensucia fácilmente y es preciso lavarlo muy a menudo. Pero cuando lo llevas puesto, aunque sea por un tiempo muy limitado, todo cuanto te rodea te llena de una profunda dicha. Nada puede lastimarte porque es como si las desdichas te resbalaran y no pudieran hacer mella en ti.
Se han dado casos de personas, que por propia voluntad, han conseguido cambiar su traje. Son pocos quienes han podido o querido hacerlo. No es nada fácil. Hay que ser muy valiente y muy fuerte para lograrlo. Pero cuando lo hacen, se convierten en la mejor percha para el nuevo. Claro que estos son los que cambian de un traje intolerante, a otro de comprensión y empatía para con los demás. Si el cambio es al revés, no cuesta tanto hacerlo. El paso a dar no es tan grande, pero sí mucho más doloroso para quienes les rodean.
Me gustaría tanto saber si estos trajes son repartidos al azar... O si por el contrario nos eligen a dedo, por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender.
De lo que no me cabe la más mínima duda, es que a mi me tocó el traje de la soledad. Uno de los peores trajes que te puedan tocar. Porque no importa cuanta gente te rodee. Este traje siempre te hará sentir sola, aún rodeada de multitudes. Aunque tengas a tu lado a quien estaría dispuesto a darlo todo por ti.
Es un traje que a veces no se nota que lo llevas puesto. Nadie lo diría al verte. Pero ahí está. Debajo de todas tus otras ropas. Y a la menor ocasión, cuando más confiada estás, se deja ver de nuevo. Y lo reconoces al instante. Porque es el traje con el que te has visto desde aquel lejanísimo día en el que se te rompió el de la inocencia.
Y no lo puedes odiar. Porque es tu traje. Y sabes, que por muy viejo y ajado que esté, es el tuyo. Es como tu segunda piel. De la que nunca, por mucho que lo intentes, podrás desprenderte.

Corlas dijo
Primero, el humor...
"lo mal hecho que está y lo bien que le queda el traje!!"... no se si sabéis el chiste, pero es metafóricamente extrapolable a cualquier traje...
Y después, la reflexión/ones:
Buda, llevaba el traje de Budda...
Jesús, la túnica...
La Madre Teresa dijo "no sean incautos, que si hago esto, es por que algo saco (o parecido)
Todos estamos solos en la vida, y darse cuenta duele, y nos vestimos con diferentes trajes a lo largo de ella, y supongo que al final, escogemos el que mejor nos queda... pues ya me vale.
Darunia, otra vez has escrito sencillamente claro, pero mi vagancia, hace que cuando veo que es largo, lea más deprisa, y me pierdo algo... No tengo remedio.
Un abrazo.
Salud!
28 Noviembre 2006 | 01:08 AM