La Coctelera

de la vida y sus cosas...

Para hablar sobre las cosas cotidianas que pasan en nuestra vida. Incluso de aquellas que no suelen parecernos importantes.

3 Diciembre 2006

Una rústica en la ciudad

No sé si lo he dicho ya, pero vivo en un pueblo. Mejor dicho en una Vila. Que de Poble, por el número de habitantes que tiene, ya casi diez mil en la actualidad, no hace demasiado tiempo nos elevaron a la categoría de Vila. Espero que nunca alcancemos la de Ciutat, porque entonces fijo que me fugo de aquí.
Pues como vivo en una Vila, decía, aunque con alma de pueblo, sigo siendo una persona de espíritu pueblerino. O rústico, como me decía la otra noche un amigo, que queda un poco mejor.
Y para que no quede ninguna duda de a qué me refiero al denominarme así, os defino lo que para mi significa tener espíritu rústico.
Rústica: persona que vive en un entorno natural rodeado de zonas boscosas, con largos y a veces angostos caminos por los que a menudo le gusta perderse. Donde aún puede encontrarse desde un rebaño de ovejas, un conejo o un jabalí, hasta un campo de amapolas o almendros en flor. Y que cuando camina por ellos, siente que forma parte de la naturaleza que le rodea. Como si fuera un todo con ella.
Pues bien, como que soy rústica por naturaleza y vocación, la gran ciudad no deja de asombrarme. Y no sé realmente por qué, ya que hasta el mismo día que me casé, mi hábitat era la gran urbe. Pero fue venirme a vivir aquí, y volvió a brillar en mi con todo su esplendor, la rústica que llevo dentro.
Y esta rústica estuvo una vez más, como todas las semanas, en la gran ciudad. Esa que para mi es como una inmensa caja de sorpresas; caja, que al abrirla, jamás sabrás que va a salir de su interior.
Y lo primero que salió, al bajarme del metro, fue un chico boxeando. Allí mismo, en el andén. Con sus guantes de boxeo no se cansaba de darle mamporros a la pared de la estación. Con baile de pies incluído. Todo un espectáculo. Y yo me pregunté: ¿qué hace este desquiciado muchacho boxeando contra una pared?
Más tarde, a las puertas de El Corte Inglés, ví a un grupo de emigrantes, todos de raza negra, con sus mantas extendidas en el suelo. Bolsos, cinturones, gafas, música, cine... Allí se encontraba de todo.
Me llamó la atención su actitud. La de todos ellos. El cuerpo erguido; mirada acechante en una única dirección: aquella por la que presuponían, llegaría de un momento a otro la policía.
Apareció unos cuantos metros más abajo y no salí de mi asombro cuando vi lo que ocurrió en apenas unos pocos segundos.
Las mantas llevaban una cuerda atada en cada una de sus cuatro esquinas. Cuerdas que por supuesto ellos no habían soltado en ningún momento. Y al grito de "que vienen", o el equivalente en su idioma, con un ligero tirón de las cuerdas aquella manta, extendida en el suelo, quedó convertida en un hatillo con toda la mercancía dentro. Cuando llegó la policía nadie diría que hasta hacía apenas unos segundos habían estado allí unos quince manteros.
La necesidad agudiza el ingenio. No me cabe la menor duda. Por eso, en esta sociedad en la que vivimos, cada vez más pululan por ella manadas de borregos siguiendo las consignas del pastor de turno. Se nos ha quedado el ingenio adormecido por falta de necesidad. Sabe Dios si despertará algún día...
Me adentro por la Avenida Puerta del Ángel y me cruzo con un extranjero que camina descalzo. Lleva los zapatos y los calcetines en una mano. Como habla animadamente con su pareja, deduzco que sus pies ni están doloridos ni fríos. Posiblemente sólo quiera sentir el asfalto bajo sus pies. Es alguien deseoso de experimentar nuevas sensaciones.
Entro en la hamburguesería, lo que más a mano tenía en esos momentos, para tomarme una botella de agua. Me siento en una de las muchas mesas vacías que hay en esos momentos y observo a los que me rodean.
Una pareja de adolescentes se intercambian la comida. Ella coge una patata y con la boca se la pasa a su compañero, que hace otro tanto pero con un trozo de hamburguesa. Se ríen de su propia hazaña. Están felices , no hay duda.
En otra de las mesas, una chica solitaria se pelea con la hamburguesa que está intentando comerse. Una hamburguesa de esas de medio metro de altura. Le da un bocado, y por el lado contrario al del mordisco comienzan a chorrear todo tipo de salsas y potingues. Asoma por allí también el pepinillo y el tomate. Y algún trozo de beicon. Como queriendo huir de aquella boca ávida que pretende engullirles. Me imagino que piensan: "Mientras ella muerde por ese lado, nosotros nos escapamos por este otro. Con un poco de suerte nos libramos de ser ingeridos."
En un banco de la plaza de Cataluña dos chicas, muy jovencitas, se besan y acarician a la vista de todos. Me gusta verlas. No se esconden de nada ni de nadie. Se sienten libres.
Cientos de palomas se arremolinan en el suelo formando un círculo, tratando de atrapar un poco de la comida que una mujer les va echando. Es un círculo enorme el que han formado. Y yo lo atravieso justo por el medio. Algunas emprenden el vuelo, y de pronto me veo sumergida en una nube de palomas. Sé que no hice bien, pero no pude evitarlo. Me sentí como una estrella de cine.
Una mujer de raza gitana se me acerca e intenta regalarme lo que parece una piedrecita de colores. Sólo pide la voluntad. La rechazo amablemente. "Te dará suerte..." - me dice. Pienso que la vida ya me ha regalado toda la suerte que merezco. No necesito nada más para seguir caminando por ella. Con lo que tengo me sobra y me basta.
Me dirijo a la calle Pelayo, y allí la veo. Sentada en el suelo con la mano extendida. La cabeza agachada, como si quisiera esconderse del mundo y de todo cuanto hay a su alrededor. Se la ve muy envejecida. Me cuesta casi reconocerla, pero es ella, no me cabe la más mínima duda. Es una antigüa compañera de trabajo. Siento que algo se remueve en mi interior. Me gustaría acercarme y darle alguna moneda, pero no me atrevo. Tengo miedo que ella a su vez me reconozca y se sienta humillada.
Mi hermana me lo había comentado en más de una ocasión: "la Sole está pidiendo limosna en la calle Pelayo." Y a mi me costaba creerla.
¿Cómo ha podido llegar a esto? ¿Qué tumbos habrá ido dando por la vida para terminar así, pidiendo en una acera? ¿Cuándo se le torció el camino? ¿Y por qué no ha tenido a nadie que le echara una mano y le ayudara a salir del abismo en el que se encontraba metida?
De repente se ha apoderado de mi una especie de vacío interior al verla. Mi día en la ciudad ha terminado de la peor manera posible.
Cojo el metro y me dirijo a la casa de mis padres.

servido por delavidaysuscosas 20 comentarios compártelo

20 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Luz

Luz dijo

A mi suele pasarme cuando rondo por Plaza Catalunya...

Gracias por tu comentario, para mi es un gran halago :)

Un besote

3 Diciembre 2006 | 01:56 PM

Antonio Alviárez

Antonio Alviárez dijo

Nunca antes mejor descrito, yo vengo de allí ahora.
Saludos

3 Diciembre 2006 | 03:06 PM

Darunia

Darunia dijo

Luz, pasear por Plaza Catalunya o por Las Ramblas, es toda una incógnita. Jamás sabrás que puede salirte al paso.
Un beso.

3 Diciembre 2006 | 05:11 PM

Darunia

Darunia dijo

Antonio, desde que te "conozco", siempre que paso delante del Cafe Zurich no puedo dejar de pensar que quizás alguno de los que allí están sentados seas tú.
Ya te he identificado totalmente con aquella zona.
Será por tus escritos...
Saluditos.

3 Diciembre 2006 | 05:28 PM

Cris*

Cris* dijo

Hola, me ha encantado encontrar tu blog, claro que se lo debo a Antonio!!!

Yo nací en Barcelona, pero ahora vivo, también en una Vila de 9.000 y pico habitantes. Tengo que confesar que solo voy a Barcelona de visita, pero cuando pase por el Zurich, me acordaré de todos vostros.

Seguiré viniendo a verte o leerte.
Enhorabuena por tu blog un abrazo.

3 Diciembre 2006 | 06:10 PM

Darunia

Darunia dijo

Gracias Cris por tu visita. Encantada estaré de que vuevzs cuando quieras.
He intentado entrar en tu blog, pero tu nombre no me lleva a ningún sitio. Me da error.
Un abrazo.

3 Diciembre 2006 | 07:21 PM

ren

ren dijo

De verdad que me has hecho sentirme inmersa en el bullicio de la ciudad, Darunia.

A mí me encanta perderme por las calles, observar el bulle-bulle que las llena de vida. Todas esas escenas que has descrito tan fielmente son las mismas que, con un paiaje urbano diferente, veo en mi ciudad..los "manteros" (pobrecillos...), la gitana que pide la voluntad a cambio de algo (aquí, por lo general, ramitas de romero), la parejita que se hace carantoñas, el "sintecho" aovillado en el suelo... Jamás he encontrado a nadie conocido en esa situación, pero debe de ser tremendo... Yo tampoco hubiera podido acercarme;el hambre que hubiera podido remediar las monedas que hubiese dado no se vería compensada con la humillación recibida.

Entiendo perfectamente el vacío que sentiste.

Un beso.

3 Diciembre 2006 | 10:32 PM

Darunia

Darunia dijo

Pues sí Ren, fue horrible verla allí sentada. Era más o menos de mi edad, y parecía como poco mi madre.
Tuve que verla para creer que realmente era ella. Porque aunque mi hermana me lo decía, me costaba admitir que una chica como ella, hubiese terminado así. Porque de eso ya sí que no sale.
Cuando dejé de verla tenía novio y pensaban casarse.
No sé qué ha podido pasarle.
A mi la ciudad no me gusta mucho. Prefiero mil veces dar largos paseos por el campo. Me llena de vida.
Es que yo soy muy rústica.
Un abrazo.

3 Diciembre 2006 | 10:42 PM

sarah

sarah dijo

Hermoso relato Danuria, a pesar de ser triste.
Yo vivo en el corazón de la ciudad, pero echo mucho de menos la tierra, el contacto con la naturaleza, la vida de barrio, es todo tan diferente...aunque también amo todo lo variopinto que comentas!!
Lo de tu compañera de trabajo es muy triste, a mí me paró una vez por la calle en pleno Príncipe, un chico pidiendome dinero...estaba todo colgado y me dijo si podía darle algo que era seropositivo...cuando le ví y le reconocí..había estudiado conmigo, me sentí, no sé...él ni me conoció...estaba puestísimo!, metí las manos en mi bolso y le dí todo lo que tenía suelto con lágrimas en los ojos, yo también le recordaba con su novia y tal...la vida, unos nacen con estrella y otros estrellados.
Un beso Danuria...preciosa la foto! me encantan los puestos de flores!!!

3 Diciembre 2006 | 11:45 PM

Darunia

Darunia dijo

Sarah, la foto es de las Ramblas de Barcelona. Pasear por ellas es toda una incógnita porque nunca sabes qué te va a salir al paso. Y está llena de puestos de flores. A mi me gustaban más hace unos años. Ahora está siempre tan llena de gente, que a veces cuesta caminar, y no puedes observar nada con tranquilidad.
Triste también lo de tu compañero. Y es cierto que algunos parecen nacer estrellados. La mala suerte les acompaña siempre.
Un beso guapa.

4 Diciembre 2006 | 08:16 AM

Cris*

Cris* dijo

Hola Darunia, la verdad que no se que pasa con mi blog, estos de La Coctelera, tienen un cruce de cables... mi blog es: www.lacoctelera.com/nomeacuerdo-com
Así seguro que llegas.

Un abrazo,

Cris

4 Diciembre 2006 | 11:22 AM

Darunia

Darunia dijo

Ya he tomado nota Cris. Prometo pasar a visitarte.
Un abrazo.

4 Diciembre 2006 | 03:12 PM

rafael

rafael dijo

Rústica
¿Sabes una cosa? que te envidio aunque deseo que tu villa no alcance nunca el más que dudoso honor de ser una ciudad pongamos cómo Madrid, donde vivir es imposible.
El relato de lo que es una gran ciudad está muy bien contado, demostrando que hay un submundo que está lejos de nosotros aunque nos rodee, mendigos que piden, amor libre en plena calle, inmejorable la historia de los ingredientes queriendo huir de una boca hambrienta.
En fin, cada vez me gustan más tus relatos.
Un beso

5 Diciembre 2006 | 08:53 PM

Milady

Milady dijo

En poco tiempo has visto mucho más de lo que ni siquiera mira la mayoría de la gente que vive en esa misma ciudad. Creo que tienes razón, hay algo en esta absurda forma de vivir lejos de la tierra que atonta. Parece que cuantos más pisos subimos para instalar una casa, menos hogar es.
Me ha encantado tu mirada de rústica en la ciudad.
Un fuerte abrazo.
PD:
¡Has escrito un montón últimamente! Aprovecharé los festivos para ponerme al día.

5 Diciembre 2006 | 09:11 PM

Darunia

Darunia dijo

Rafael, siempre pienso que en este mundo hay otros muchos mundos paralelos.
Cada persona vive en el suyo sin mezclarse con el de los demás, pero todos al mismo tiempo.
En un pueblo pequeño puede decirse que todos habitan el mismo. Pero en una gran ciudad es muy diferente.
Yo cada vez estoy más contenta de no vivir en la ciudad. Voy cuando lo necesito, y el resto del tiempo viviendo tranquilamente.
Un beso.

6 Diciembre 2006 | 12:35 AM

Darunia

Darunia dijo

Milady, seguro que si tú vinieras a mi pueblo caerías en la cuenta de mil detalles que a mi me pasan desapercibidos.
Nos acostumbramos a un paisaje y ya ni reparamos en él. A mi me pasa que cuando voy a Barcelona, despues de casi veinte años que no vivo allí, lo veo todo con ojos nuevos. Y por eso me fijo en cosas que los demás, al estar viéndolos a diario, no reparan.
Un abrazo.

6 Diciembre 2006 | 12:38 AM

Carlos Lamm

Carlos Lamm dijo

ya se que no tiene nada que ver lo idílico y extraordinario de pasear por una ciudad y descubrir ese "mundo" real que te encuentras cuando no observas (no cuando miras) con lo que me ha venido a la cabeza leyendote a ti y a los que te contestan con lo que me ha venido a la mente.
Estoy pensando en toda esa gente que de repente se quedan sin sustento por cualquier motivo. Hoy estás bien, mañana se tuerce el asunto, y en dos semanas, o dos meses se te ha complicado tanto el asunto que no puedes salir de ese lago y te empiezas a ahogar, pero nunca terminas de ahogarte, con lo cual la vida te convierte en un "sintecho", en un "raro" o en un canalla.
Sigue mirando tres centímetros más allá del resto de la gente, tú ves otras "visiones" de la realidad que nos escupe que la mayoría de la gente no ve.
Un abrazo enorme.
'''çEnhorabuena!!!!

6 Diciembre 2006 | 12:56 AM

Darunia

Darunia dijo

Carlos, ya sé por qué lo dices. He leído en tu blog lo de tu trabajo, y no sabes como lo lamento. Y sí, tienes toda la razón. De repente la vida se nos puede torcer, y nunca se sabe en qué terminará todo.
Ojalá que encuentres algún tipo de solución.
Un beso guapo.

6 Diciembre 2006 | 01:18 AM

patrus

patrus dijo

Cada vez que pienso en dónde me gustaría vivir, me imagino en una vila como la tuya. De esos lugares en los que respirar se hace sencillo y no te sientes atrapada por el tráfico o los bloques de viviendas.
Me encanta como describes las escenas, me he visto inmersa como en una película, los fotogramas de tus palabras me han envuelto.
Ha sido un crudo final. Me imagino que encontrártela allí ha sido un trago amargo y difícil de olvidar. Una imagen de esas arrebatadoras y desgarradoras.
Besos.

6 Diciembre 2006 | 09:41 PM

Darunia

Darunia dijo

Patrus, esto de vivir en un lugar determinado va en gustos, como todo.
Yo tengo una cuñada que vive en el centro de Barcelona, y cuando viene a mi casa dice que si tuviera que vivir en este pueblo se moría.
Yo en cambio me moriría si tuviera que vivir donde ella. Así que ya ves, cada una es feliz en su entorno.
A mi me gusta la tranquilidad que aquí se respira. A Barcelona capital voy una o dos veces a la semana y listo.
Lo de ver a mi ex compañera de trabajo pidiendo fue muy impactante. Y ni me acerqué a dejarle algo para que no pasara vergüenza en el caso de que me reconociera.
Un abrazo.

7 Diciembre 2006 | 12:04 AM

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