Los tiempos han cambiado (afortunadamente)
Que el mundo y la sociedad han cambiado, no creo que a nadie le quepa la más mínima duda. Ya nada es lo que era. Ni el amor, ni la amistad, ni las relaciones de pareja, ni los padres, ni los hijos...
Tampoco es que sea realmente así, porque el amor sigue siendo amor, y la amistad sigue siendo amistad... Lo que realmente ha cambiado son la forma de manifestarse.
Infinitos caminos se nos han abierto. Caminos que hasta hace bien poco nos estaban vedados y que sólo unos cuantos, afortunadamente cada vez más, se han lanzado a adentrarse por ellos. Como suele ocurrir siempre que algo nuevo surge, sólo los más valientes se han atrevido.
Hasta hace apenas unos pocos años, las parejas que se formaban, salvo alguna excepción, duraban toda la vida. Daba igual si se amaban o no. Aquello era para siempre y pobre del que se atreviera a romper esta norma, porque se arriegaba a que la justicia, tanto la divina como la humana, le cayera encima con todo su peso.
Hoy día hemos comprendido que la vida es sólo una y muy corta. Y que no vale la pena malgastarla al lado de alguien a quien no puedes hacer feliz, y que a su vez no te lo hace a ti. Y rompemos con todo. Una rotura que a veces es muy dolorosa, pero seguramente necesaria. Porque eso permitirá que se te abran otras puertas que de la otra manera seguirían cerradas.
Una pareja era la unión de dos personas, hombre y mujer, y que a nadie se le ocurriera pensar en otro tipo de unión. Ahora, por suerte, las hay de todo tipo: de hombre y mujer, de dos hombre, de dos mujeres... ¿Y a quien le importa que esto sea así? Por mi como si se unen un hombre y una jirafa o una mujer con un oso panda.
Mis vecinos, unas cuantas casas más abajo de la mía, son dos chicos. Felices y enamorados se les ve. ¿Qué daño me hace a mi esto? ¿Mi vida va a dejar de ser lo que es por permitirlo? ¿Y quién soy yo para negarles su derecho a tener su porción de felicidad?
¿Acaso por no permitirles que vivan juntos yo ya no tendré que levantarme más a las siete de la mañana cada día? Igual hasta dejaba de planchar, de lavar los platos o de hacer las camas... Mi vida es lo que es, y vivan ellos juntos o no, seguirá siendo la misma. Mi intransigencia para con ellos no la haría diferente. Aunque haya quienes sí parecen pensar de esta manera, cuando tan dispuestos están siempre a censurarlo.
También están los nuevos modelos de amistad.
La amistad es una flor muy delicada. Casi más que la del amor. Si no se la cuida y se la riega a menudo, de seguro que terminará secándose.
Y la sociedad actual no está diseñada precisamente para esto. Nuestra vida camina a un ritmo tan acelerado, que casi no nos queda tiempo para nada. Y a los amigos poco a poco se les va dejando de lado, porque ya apenas si tenemos un segundo para dedicarles. Y así, cuando quieres darte cuenta, casi los has perdido. Se ha secado la flor de la amistad.
El nuevo modelo que ha surgido, que apenas acaba de nacer, ya está dando hermosos frutos.
Ahora tenemos amigos cibernéticos. Algo absurdo y lamentable, me decía alguien el otro día, porque esto sòlo demuestra una cosa: nuestra incapacidad para relacionarnos con quienes tenemos más cerca. Y por eso -decía-, nos buscamos estos otros. Que no son mas que pura fantasía. En realidad no existen. Porque el que se muestra detrás de la pantalla no es mas que una proyección de lo que querría ser.
No es cierto. No estoy de acuerdo en absoluto con él. Los amigos cibernéticos también son muy importantes en nuestra vida. A veces incluso más que los que tenemos al lado.
Con ellos te sientes más libre. No te juzgan; no al menos con la ligereza con que los otros puedan hacerlo. Como no te conocen de nada, toman de ti lo que les ofreces. No exigen nada más.
Y están ahí. Dispuestos a echarte una mano cuando lo necesites. Aunque sólo sea una mano simbólica, pero a la que te podrás agarrar cuando sientas que te estás hundiendo. Y surgen muchas manos que tiran de ti; que te ponen otra vez a flote. Porque no hay nada mejor que sentirse arropada cuando ves que todo a tu alrededor comienza a tambalearse. Y aunque esa mano que te tiendan, sólo sean unos pocos mensajes de apoyo escritos en una pantalla, te hacen pensar que sí vale la pena seguir adelante.
Hace unos días, cuando me sentía de lleno metida en mi traje de la soledad, alguien me ofreció un abrazo de oso, así lo definió él, y sentí, por un momento, que realmente me encontraba allí cobijada.
Hay veces que los que tienes más cerca no pueden darte un abrazo así. Simplemente porque no son conscientes de lo que te está pasando. Por no preocuparles, por no romperles la placidez de sus vidas, te lo callas. Y es entonces cuando un abrazo de éstos, llegado de sabe Dios qué punto del planeta, te hace de nuevo reconciliarte con la vida.
Y sientes que todo un universo se encuentra al alcance de tus manos.

ren dijo
Totalmente de acuerdo contigo, Darunia. La esencia permanece: el amor sigue siendo amor, la amistad sigue siendo amistad... Pero cambia el envoltorio, afortunadamente. Nada tan absurdo como mantener a flote y hacerle el boca a boca a una relación que ya no se sostiene, o como demonizar el amor de un pareja no convencional, como las de los homosexuales. Más allá del sexo al que cada uno pertenece, está el hecho de que somos personas, y eso es lo que debe primar.
En cuanto a los amigos cibernéticos, vuelvo a darte la razón. ¿Qué es eso de que no son reales? ¿No son acaso manos humanas las que pulsan las teclas del ordenador? Tras la pantalla respira, vive y siente alguien tan de carne y hueso como uno mismo, aunque no se le pueda ver el rostro. Eso precisamente es lo que hace que bajemos la guardia que mantenemos con las personas de nuestro entorno por tantas y tantas razones. El anonimato te invita a relajarte, a compartir dudas, sentimientos, etc. que a veces cuesta trabajo exteriorizar cara a cara. Yo también he sentido esa calidez de la que habla, Darunia. El día de mi cumple estuve sola en casa hasta la tarde, pues por motivos de trabajo o de estudios ese día precisamente nadie podía venir a comer. No te imaginas lo que fue estar frente al ordenador y ver cómo entraban continuamente, la mayoría varias veces, todos los amigos a dejar mensajes, música, poemas, bromas, felicitaciones.. Aquello se convirtió en una fiesta de verdad, te lo aseguro. Nunca me he sentido más acompañada que aquel día que, estando físicamente sola, podía oír la música, las risas, las conversaciones... Fue un continuo entrar y salir de personas, tan de carne y hueso como las que luego, por la tarde, entraon por las puertas de mi casa. Te aseguro que ese cumple no lo olvidaré jamás...
En Rincones ha habido quien, sintiéndose mal o teniendo algún problema, a la sombra del anonimato lo ha contado, y tendrías que haber visto cuántos de volcaban con mensajes de ánimo, de solidaridad, cómo tendían esas manos de que hablabas... EUDLF y yo jamás nos hemos visto en persona; nos conocimos en Internet hace 10 meses y tenemos una amistad mucho más firme y real que la que nos une a personas de nuestro entorno. No, ni él, ni tú, ni Misipayi, ni Hapte ni ninguno de los que a diario veo y con lo que hablo sois fantasía. A vees, sois más cálidos y reales que la gente que puedo ver y tocar.
En fin, me callo, porque esto amenaza con convertirse en la Historia interminable.Es que me has tcoado muchas fibras con este post.
besos, cielote.
6 Diciembre 2006 | 01:14