El barrendero de mi calle
Casi todos los días, cuando voy a buscar el pan a las siete y media de la mañana, me cruzo con el barrendero de mi calle. Es un hombre todavía joven, que con su chaleco amarillo reflectante, imagino que para que los coches le vean, va recogiendo y limpiando la basura que los demás, sin ningun tipo de conciencia cívica, vamos dejando tirada por los suelos.
Hoy estaba intentando despegar de la acera, con una especie de espátula, unas "mierdas" (que no cacas ni excrementos) resecas de perro. Hacía frío, mucho frío. Tres grados según me dijo la panadera, pero él, inmune a todo, se afanaba por quitar lo que otro allí dejó.
Alguien que se piensa que la calle es su feudo particular y que por tanto puede ir haciendo por ella lo que le plazca. Porque el culpable de que esas mierdas estuvieran allí, no es el perró que las originó. El no tiene conciencia de lo que está bien ni de lo que está mal, y tan sólo se limitó a hacer lo que su naturaleza le pedía en ese momento. Es su dueño el único culpable de todo, y el que debería ser sancionado. Por no recoger lo que su perro fue dejando. Si lo hubiera hecho, este pobre hombre no habría tenido que estar a llí, todavía de noche y doblado sobre la acera, intentando despegar aquello del suelo.
Otras veces me lo encuentro vaciando las papeleras, o barriendo la calle. Siempre sólo, sin más compañía que su escoba y su recogedor. Barre y barre, y al momento, sobre todo, ahora en el otoño, ya están otra vez las hojas secas caídas por el suelo.
A veces le miro y me pregunto como se sentirá en su interior. Realizando un trabajo, que como el de basurero, y tantos otros similares, tan mal vistos están socialmente. Sabiendo que nadie envidia lo que hace, ni admira la labor que realiza. Probablemente cobrando un sueldo de miseria, pero al que no tiene más remedio que agarrarse si quiere salir adelante.
En una ocasión, recuerdo que venía un chico comiendo por la acera, y cuando acabó tiró el envoltorio al suelo sin ningún tipo de consideración. Y el barrendero se le quedó mirando, juraría que con tristeza en la mirada, porque justo fue a tirarlo en el trozo de acera que él acababa de barrer. Debió de pensar, seguramente, que era un gesto de desprecio hacia su trabajo.
Estamos tan acostumbrados a verles por las calles, que probablemente ni nos paramos a pensar en ellos y en la labor que están realizando. Un trabajo que nadie querría hacer, si no es porque no le queda más remedio, pero que consigue que nuestra vida sea un poco más agradable. Evitándonos tener que movernos entre basuras e inmundicias.
No me equivoco al asegurar que lo que él desearía sería estar sentado en una oficina, sin pasar frío ni calor, tomando un café cuando le apeteciera, hablando y bromeando con sus compañeros, sin tener que ensuciarse las manos.... O en cualquier fábrica apretando tornillos. Todo, antes que esto.
Pero la vida es así de dura con algunos. Hay a quienes les pone en bandeja todas las oportunidades, que no siempre saben aprovechar, y a otros, como seguramente le ha pasado al barrendero de mi calle, todo se le volvió del revés. Y tuvo que ir recogiendo las migajas que el destino, o quien quiera que fuese, dejó a su alcance. Como este trabajo. Tan digno como el del más alto ejecutivo, pero tan poco valorado por los demás.
Cuando en ocasiones leo en la prensa que a algún artista famoso le han concedido la Medalla al Mérito en el Trabajo, sólo por cantar o actuar, haciendo lo que le gusta, por vocación; siendo admirado y aplaudido por los demás, y habiéndose enriquecido con ello, pienso, una vez más, lo absurda que es la vida y esta sociedad en la que vivimos. Una sociedad que siempre premia a los de arriba. A aquellos que si bien pueden estar realizando una labor meritoria, no están mas que desarrollando su vocación personal. Lo que significa que el trabajo para ellos es un motivo de satisfacción y no una especie de cruz, como debe serlo para este hombre, quien pese a no querer, no tiene mas remedio que llevar a sus espaldas.

DIEGO dijo
Amiga Darunia como siempre y siguiendo en tu línea estupendo articulo eso si tengo algunas diferencias de opinión, cosa lógica por otro lado no todos vamos a pensar igual en todo y paso a explicarme.
No creo que esté tan mal mirado socialmente dicho trabajo, porque todos tenemos claro lo que serian las ciudades y pueblos si no existieran estas personas trabajando por el bien de todos ,segundo yo trabajé de basurero un año en Barcelona concretamente hacia la zona de pueblo nuevo ,contaba con 22 años lo hacia sin ningún tipo de perjuicio y además me sentía bien pagado ,piensa que pertenecíamos al ayuntamiento ,llámanos funcionarios de 2ª es igual y teníamos un buen sueldo, yo casi me atrevería decir que muchos de los que Iban trajeados nos tenían envidia ,no trabajaba más de 6 horas diarias
Plegaba me duchaba y como nuevo.
Así que ya sabes amiga no te preguntes más como se sentirá en su interior dicho hombre
Estoy seguro que se siente completamente honrado por la digna función que desempeña.
Te diré más si tuviese que volver a desempeñar dicho trabajo volvería sin ningún tipo de dudas y sin ningún tipo de complejos, eso si siempre con unas condiciones laborables dignas ya que siempre he sido un poco inconformista y proteston.
UN BESO REINA, MUY BUENO TU ARTÍCULO
EL CAMALEÓN DEL TIBET
14 Diciembre 2006 | 12:45 PM