La Coctelera

de la vida y sus cosas...

Para hablar sobre las cosas cotidianas que pasan en nuestra vida. Incluso de aquellas que no suelen parecernos importantes.

21 Diciembre 2006

Mi primer viaje en tren II

Apenas si dormí aquella noche porque a la mañana siguiente iba, por fin, a realizar mi primer viaje en tren. Nunca antes había salido del pueblo, salvo alguna vez, quizás, al pueblo de al lado. Pero íbamos siempre caminando atravesando los campos. Esta vez sería diferente. Iría a la ciudad y además subiría por vez primera en un tren.
Nos levantamos cuando aún era de noche mi madre, mi tía y yo. Era un frío amanecer a principios del mes de abril, y cuando nos adentramos por los pedregosos caminos que cruzaban los campos y que nos llevarían hasta la estación, situada en el pueblo vecino a unos dos kilómetros de distancia, las estrellas todavía brillaban en el firmamento.
Mi madre, como todas las mañanas, me había hecho mis dos trenzas y con los nervios que sentía no paraba de juguetear con una de ellas. Nunca antes había caminado durante la noche por los oscuros campos sembrados de olivos y de encinas, y fue ésta otra experiencia nueva a añadir en mi aún corta existencia. Recuerdo que iba cogida de su mano y creo que no paré de hablar durante todo el camino. A lo lejos, vimos venir a una mujer tirando del ramal de un burro. Era la pescadera. Todas las madrugadas, subida encima del animal, se dirigía a la estación donde el tren de mercancías le dejaba las cajas con el pescado envuelto en hielos, que luego ella vendería en la pescadería del pueblo. La vuelta siempre la hacía a pie, mientras el animal cargaba con las cajas del pescado. Nos detuvimos unos momentos para hablar con ella, momentos que a mi se me hicieron eternos, porque no veía la hora de emprender de nuevo la marcha y de llegar a la estación.
Jamás antes había visto un tren de cerca, y el saber, que en apenas unos minutos podría hacerlo, me llenaba de emoción y felicidad. Todo lo más cercano que lo había visto era cuando desde el pueblo, allá en la lejanía, se le veía a veces pasar. Aunque más que el tren era la estela del humo que iba soltando lo que se divisaba en el firmamento. Y algún que otro silbido que de vez en cuando también se escuchaba, cuando el viento soplaba en nuestra dirección y nos lo hacía llegar.
Cuando por fin llegamos a la estación, después de lo que para mi se convirtió en una interminable caminata, las luces del alba comenzaban a abrirse paso entre las sombras de la noche.
Era una vieja y destartalada estación, y allí nos encontramos con otros viajeros que también esperaban el mismo tren que les llevaría, a algunos, a emprender una nueva vida. Las maletas de cartón que se apilaban en el suelo, algunas de ellas atadas con correas o con cuerdas, daban fe de ello.
Después de sacar los billetes que nos vendió un hombre vestido con el uniforme de la RENFE, nos sentamos en uno de los bancos que quedaban libres a esperar la llegada del tren. Mi madre no tardó en entablar conversación con algunos de los que allí esperaban, mientras que yo lo miraba todo con ojos ávidos, no queriendo perderme el más mínimo detalle de todo cuanto me rodeaba. Seguía jugueteando con una de mis trenzas, como era costumbre en mi cada vez que me sentía nerviosa o impaciente, y aquellos eran unos momentos en los que me notaba con los nervios y la impaciencia a flor de piel.
La bombilla que colgaba del techo impregnaba de un color amarillento a todo lo que nos rodeaba, y no conseguía disipar las sombras en su totalidad. Por lo que para mi, la estación, se veía envuelta como en un halo de misterio.
Más de una vez me levanté del asiento y me asomé a las puertas del vestíbulo de la estación, las que daban acceso a las vías, como si con ello pudiera conseguir que el tren llegara más pronto.
- No salgas a las vías. - le escuchaba decir a mi madre desde su asiento, cada vez que me veía allí asomada.
Regresaba al banco y volvía a sentarme; me ponía en pie de nuevo; me paseaba; volvía a asomarme a las vías... Pero el tren no llegaba.
Y de pronto se escuchó, allá a lo lejos, su agudo y penetrante silbido. Y mi corazón comenzó a latir desbocado, al tiempo que una especie de hormigueo me recorría por todo el cuerpo.
- ¡Que ya viene el tren..! - le grité a mi madre que en animada conversación no parecía haberse dado cuenta de ello.
Pero ni se inmutó. Siguió hablando y hablando mientras que yo sentía que los nervios me estaban matando.
-¡Que viene el tren...! - grité de nuevo tirando de su mano para que me hiciera caso.
Finalmente dejó de hablar, después de una eternidad, y cogiendo el bolso, que había dejado a su lado en el banco, se puso en pie. Me cogí de su mano y casi con reverencia atravesamos la puerta del vestíbulo de la estación que daba acceso al andén, como quien atraviesa las puertas de un santuario o de un mundo mágico y desconocido
Y lo vi venir. A unos escasos metros. Echando humo y silbando con un pitido atronador que casi me ensordeció.
Era una mole gigante de color marrón o negro, no lo recuerdo bien, que poco a poco, y con fuertes chirridos, se fue deteniendo delante de nosotros.
Allí estaba por fin. Casi no podía creerlo. Mucho más grande, ruidoso e imponente de lo que hubiera imaginado jamás. El tren. Aquel tren con el que tantas veces había soñado, y que en mi primer viaje me transportaría a un mundo totalmente nuevo y desconocido para mi: al mundo de la gran ciudad.

Pd. Misión cumplida.

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20 comentarios · Escribe aquí tu comentario

adrys

adrys dijo

Aquella impaciencia y nerviosismo que te provoca picazon y escalofrios por todo el cuerpo, quieres que todo se acelere para ràpido estar en el lugar, o con alguien, y lo ùnico que consigues es que el tiempo pase mas lentamente, extraño no....
Bonita la ansiedad de tener algo con que remediar lo que nos acelera, lo que nos emociona y excita...
Un abrazo,

Adrys...

21 Diciembre 2006 | 02:46 AM

Darunia

Darunia dijo

Cierto Adry. En casos así, cuanto más rápido quieres que pase el tiempo, más lento parece que transcurre.
Y sí, a pesar de toda la ansiedad que pueda provocarte la espera. saber que al final llegará lo esperado hace que merezca la pena.
Un beso.

21 Diciembre 2006 | 09:59 AM

Submundo

Submundo dijo

Que bonito, ha sido com estar allí, esperando el tren en la estación y que bonito es descubrir algo, el ver algo por primera vez, esa ilusion, esa impaciencia....

Que bonito Darunia. Gracias por volverme a descubrir el tren.

Un beso Superwoman.

21 Diciembre 2006 | 10:55 AM

Darunia

Darunia dijo

Gracias a ti, submundo, por tus elogios. Que viniendo de alguien que escribe como tú, tienen doble valor para mi.
Es que como la primera vez no hay nada. El primer viaje en tren, el primer amor, el primer beso, el primer desengaño, la primera caída, la primera vez que te levantas y descubres que sí es posible volver a hacerlo, la primera vez que te das cuenta de que en el fondo todos estamos solos, y eso te hace sentirte un poco más acompañada...
Y la primera vez que descubres lo importante que es tener amigos virtuales, porque nunca pierdes la esperanza de que algún día dejen de serlo y ese abrazo, que tantas veces les das a traves de un mensaje, puedas por fin dárselo en persona.
Un abrazo para ti, aunque sea virtual.

21 Diciembre 2006 | 11:20 AM

submundo

submundo dijo

Si, la primera vez es.... tremenda y lo de los amigos virtuales es gracioso por que te creas una imagen de cada uno por lo que escribe, por sus sentimientos y es gracioso, si un día nos viesemos todos nos hechariamos unas risas.

Un beso.

21 Diciembre 2006 | 12:20 PM

Milady

Milady dijo

Me encanta como nos haces recorrer historias de la mano de tu memoria. Es una gozada.
Un beso grande como tu ilusión y ruidoso como tu tren.

21 Diciembre 2006 | 12:27 PM

Darunia

Darunia dijo

Seguro que sí Submundo. Quizás cuando tuviéramos delante al otro diríamos. ¿Pero de dónde ha salido este espectro? O a lo mejor no. Quizás lo que pensáramos es que así, al natural, era aún mejor que virtual.
Ya de entrada, para evitar posibles decepciones, te aviso que yo pertenezco al grupo de los espectros.
Un abrazo hermoso.

21 Diciembre 2006 | 12:44 PM

Darunia

Darunia dijo

No lo puedo evitar, Milady. Recordar el pasado es una de mis debilidades. Aunque posiblemente está todo tan idealizado, que ni el tren era tan espectacular, ni la estación, tan sombría, ni siquiera el caminar por los campos de noche fuera tan hermoso.
Pero así es como se emperra mi memoria en recordarlo.
Un gran beso para ti.

21 Diciembre 2006 | 12:46 PM

DIEGO

DIEGO dijo

Como la vida misma amiga mía y perdona mi tardanza pero he venido en un tren de los que echan humo.
¡Que recuerdos me traes a la mente! , te diré que cuando aun vivía en pueblo sevillano me barrio se llamaba y supongo se llama el barrio de la estación la tenía a 5 minutos de mi casa, era principio y fin de la vía, actualmente fuera de servicio.
Cuanta razón Darunia en lo de las maletas atadas con cuerdas y otras tantas cosas, recuerdo haber visto a mi hermano mayor partir hacia Alemania tal y como lo has pintado con tu bonito y exacto pincel, parece que fue ayer, ¡que añoranzas!,no me quiero poner melancólico porque si no contaría casi lo mismo que has contado tú, pero en la piel de un niño que se le caían las lamparillas de los mocos y llevaba pantalones cortos casi todo el año hechos por las duras y suaves manos de su madre.

Tienes la facultad de tocarme la fibra del recuerdo.

OTRO BESO DE LOS DE SIEMPRE

21 Diciembre 2006 | 02:24 PM

Darunia

Darunia dijo

Esos son los mejores trenes, Diego. Los de vapor.
Desde mi ventana se ve el tren de vapor que sale desde Martorell y va hasta Monistrol de Montserrat, y me encanta verlo.
Tan antigüo, todo de madera, con esa columna de humo que va soltando por la chimenea... A veces cuando estoy esperando el tren, de los otros, de los modernos que no echan humo ni nada, pasa por mi estación el de madera y de vapor, y me emociona verlo. Porque me trae tantos recuerdos...
Lo de los pantalones cortos yo también me acuerdo. Mi hermano los llevaba incluso en el invierno. Nunca he entendido por qué en aquellos años a los niños no se les ponían nunca pantalón largo, hasta que no llegaban a una determinada edad.
Un beso.

21 Diciembre 2006 | 04:10 PM

submundo

submundo dijo

De espectro nada. Muy linda.

21 Diciembre 2006 | 04:55 PM

ren

ren dijo

Pero niña, ¿qué habéis desayunado esta mañana tú y Girasol? Vaya artículos...

Sé que no te sientes muy cómoda con los elogios, pero no tengo más remedio que decirte que lo has bordado. Has conseguido hacer sentir cada uno de tus estados de ánimo, que se note bajo la suela cada una de la piedrecillas de aquel camino...

Me encantan estas retrospectivas, volver la vista atrás y recordar viejos tiempos. Creo que saben mejor con la pátina que les da la lejanía y esa idealización en que inevitablemente solemos caer. Me gusta esa punzadita agridulce, nostálgica y a veces hasta sensiblona que queda después de devolver al presente un momento del pasado.

Un beso, guapa.

21 Diciembre 2006 | 05:59 PM

jotatrujillo

jotatrujillo dijo

Lo cierto es que la nostalgia embellece los recuerdos, dándoles una patina de poética realidad, que en ningún caso tuvieron.
Quizás la literatura sea solo eso, recordar embelleciendo.
La realidad era: miedo, oscuridad, sordidez de una vieja estación, carbonilla, insufrible traqueteo, asientos duros, olores no deseados.
Lo dicho Darunia: una bella página literaria.. Y eso es lo que cuenta.
Saludos.

21 Diciembre 2006 | 06:57 PM

Darunia

Darunia dijo

Gracias Submundo. Cuando me tengas delante, exijo que me repitas lo mismo. O perderemos las amistades.
Un abrazo.

21 Diciembre 2006 | 07:01 PM

Darunia

Darunia dijo

Ren, a mi también me encanta volver la vista atrás para recordar los buenos momentos.
Como ya dije en alguna ocasión, a los malos los tengo encerrados bajo siete llaves, y ni caso hago de ellos.
Y en lo de sensiblona, pues qué quieres que te diga... Lo soy, para que vamos a engañarnos. A pesar de que procuro disimularlo muy bien, porque no me gusta ir de blandenga por la vida.
Un beso apra ti.

21 Diciembre 2006 | 07:05 PM

Darunia

Darunia dijo

Jota, soy consciente de que posiblemente no todo fue así. Los hechos ocurrieron tal como los cuento, porque es uno de esos recuerdos que han quedado grabados en mi mente. Supongo que por lo de extraordinario que tuvo. Recuerdo la estación, la bombilla que colgaba del techo, la parada que hicimos en el camino para hablar con la pescadera...
Pero no sé si en aquel momento, mientras todo sucedía, yo era realmente consciente de ello. Sólo sé que es así como mi memoria lo ha almacenado.
Pero esto ocurre con todos los recuerdos que tenemos. Si son buenos, los embellecemos aún más. Y si son malos, les quitamos fuerza para que no nos dañen.
Un abrazo.

21 Diciembre 2006 | 07:10 PM

Antonio Alviárez

Antonio Alviárez dijo

Hermoso relato, me gustan los detalles. Saludos

21 Diciembre 2006 | 08:42 PM

Darunia

Darunia dijo

Gracias Antonio. Tengo pendiente leer tu última entrega de la historia.
Un abrazo.

21 Diciembre 2006 | 11:47 PM

ren

ren dijo

¡Nooooooooooooo! ¡Si la sensiblona soy yoooooooooooooo..! Me refería a que cuando echo con alguien la vista atrás para recordar hechos de la infancia o de la primera juventud (que nosotras estamos en la segunda, ¿eeeehhh..?) siempre me pasa lo mismo... Se me pone la sonrisa tontona, tierna, me entra el pellizquito bobo, ese que antecede a la nostalgia, y luego me pongo blandita y sensiblona. No lo puedo evitar...

A mí tampoco me gusta ir de blandengue, que luego te comen por sopas, hija mía, por eso había redactado el párrafo en 3º persona, más bien en impersonal..je... Pero total, ¿para qué negarlo, si aquí no me conoce nadie? Tu artículo fue como un túnel del tiempo que me retrotrajo, por lo certera de las pinceladas, a otras épocas que a veces añoro, como tú y supongo que como la mayoría. A los tiempos en que el futuro se presentaba como una alfombra roja ante nuestros pies para que, como dice esa antigua canción, pisáramos. Pisa con garbo, morena, pisa con garbo...

Reviví muchas cosas conforme iba leyendo el relato; ya sé que envueltas en el velo de idealización inevitable que extienden los años, pero las reviví.. Y me puse tontona, sensiblona..je.... Y me gusta, hala. ¿Por qué no decirlo? Me gusta a mí de vez en cuando llenarme de ternura, de aromas y colores del pasado, dejar que me invadan de nuevo consciente de que el paso por el tamiz que supone el tiempo transcurrido los ha embellecido. Y dejarme anegar por esa sensación dulce, con su pelín de "agri", que me deja sensiblona pa un ratito...je..

Buen día, preciosa. Qué jaleos ya con la cena de navidad, ¿eh?

22 Diciembre 2006 | 09:14 AM

Darunia

Darunia dijo

Bueno, pues vale. Me uno a tu sensiblonería. ¿Te querías esconder, eh pájara? Redactándolo en tercera persona pensaste: " Ahí queda eso, y nadie se entera de que la blandenga soy yo."
Me alegra que te hayas atrevido a salir del armario, y te unas al club de los sensiblones.
Es cierto que a veces, quizás demasiado a menudo, me gusta echar la vista atrás y acordarme de todo lo bueno que hubo en mi vida. Pero soy consciente de que he de mirar siempre hacia delante, porque el camino que tengo ante mi, seguro que también está lleno de cosas que valen la pena.
Lo que pasa es que creo que la mayoría de las veces, mientras lo estamos viviendo, no somos plenamente conscientes de ello. Ni sabemos apreciarlo en su justa medida. Es sólo después, al recordarlas, cuando nos damos cuenta de lo bueno que fue. Y es una lástima, porque eso nos impide disfrutar del momento como se debiera.
Del jaleo de la cena de Nochebuena me libro cada año. Siempre toca hacerla en casa de mi suegra con toda mi família política. (Dios me coja confesada...)
Un beso y que te sea leve, si es que te toca a ti el lío de prepararla

22 Diciembre 2006 | 09:50 AM

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