Ayudar al que no sabe
.img {border: 0;}img.imgizqda {float: left; margin: 0 14px 6px 0;}img.imgdcha {float: right; margin: 6px 6px 6px 11px;}img.imgcen {margin: 0 50px 0px 50px;}object {display: block; width: 425px; height: 350px; background: #ffc; border: 1px dotted #ccc; margin: 0 auto;} Esta era una de las Obras de Misericordia que me hicieron aprender cuando estudiaba con las monjas y la que intenté poner en práctica el otro día. Y me salió la cosa muy, pero que muy mal... Estaba yo en la estación del tren de mi pueblo, esperando a que éste llegara, cuando un hombre ya mayor se acercó a la máquina expendedora de billetes para sacar el suyo. Tengo que decir que la única manera que hay en esta estación para conseguir un billete es por medio de la dichosa maquinita. Hace ya unos años , supongo que por ahorrarse el sueldo del empleado, nos cerraron la ventanilla por lo que no hay allí quien te pueda ayudar. A lo que iba... Llegó el buen hombre y se puso a toquetear en todos los botones de la susodicha máquina. Como no le salía en la pantallita que tiene, la cantidad a pagar que él esperaba, le daba puñetazos y lo intentaba de nuevo. Puñetazos que acompañaba de alguna que otra palabra malsonante. Empecé a sufrir por él (tengo la mala costumbre de sufrir por los demás), porque vi que el tren estaba a punto de llegar y él no conseguía sacar su billete. Y porque en más de una ocasión, cuando alguien ha viajado sin billete, he visto como el interventor le hace bajar en la primera estación en la que para el tren para que vaya a sacarlo. Y da igual que quieras pagárselo allí en mano, porque no te lo permiten. Te bajan del tren y te toca esperar al siguiente. No todos lo hacen, por supuesto. A mi me ha pasado más de una vez, viajar sin billete porque la máquina no funcionaba, y me han aceptado el dinero sin problemas. Pero como en todo, depende de con quien te cruces. Como tengo facilidad casi cero para relacionarme con quienes no conozco, desde el banco donde me encontraba sentada le miraba sin atreverme a intervenir. Pero al final no pude más, porque ya se escuchaba a lo lejos el silbido del tren y porque era un hombre mayor, por lo que me puse en pie, me acerqué a él y le pregunté: - ¿Quiere que le ayude? Le puedo explicar como funciona la máquina... Me miró con una cara tirando a desagradable, todo hay que decirlo, y me respondió medio gritando: - ¡Señora...! ¿Le he pedido yo acaso su ayuda? La cara de tonta que se me quedó, creo que todavía no se me ha quitado.







el-hombre-del-tibet dijo
Darunia mía ,si estoy por allí lo mando porco lejos ,cuando hay que ser un poco cabroc*t* se es sin miramientos ¡encima ! me….. , amiga mía si hay veces que un@ se dice- para que me habré tenido yo que meter, pero pasa, no te creas que has sido tu la única, la tenias que haber pegado un empujón y haberlo mandado a la vía ¡a tomar por saco un cabr** menos! , que conste que es una forma de hablar vaya que alguien se lo tome al pie de la letra, si nos pasan cosas Darunia es porque somos ¡Ángeles! Y fíjate que digo somos, porque a mi me ha pasado alguna que otra cosa sino igual parecida.
Un beso ángel benefactor
6 Febrero 2007 | 11:37 PM