Morir en silencio
La última vez que mi madre estuvo en el hospital, hace unos pocos meses, su compañera de habitación murió en silencio. Era una mujer, no muy mayor, que siempre estaba sola. Nunca iba nadie a visitarla como ocurre cuando alguien está en el hospital. Se pasaba las horas allí, en su cama tumbada y a ratos sentada en el sillón. En estos sitios, cuando te pasas semana tras semana, terminas teniendo una relación estrecha con los compañeros de habitación. Y esto es lo que me ocurrió con esta mujer. Como mi madre siempre tenía muchas visitas, yo me acercaba a su cama y nos poníamos a hablar. Estaba viuda, me contó, y no había tenido hijos. Sus hermanos, mayores que ella, y sus sobrinos, vivían fuera. De ahí que lo único que recibiera, muy de vez en cuando, fuera alguna que otra llamada a un móvil que tenía. A las horas de las comidas, si estaba yo allí en esos momentos, me turnaba entre mi madre y ella para ayudarles en lo que necesitaran. Y la mujer siempre me lo agradecía con una sonrisa. Decía que no le importaba quedarse en el hospital todo el tiempo que hiciera falta, porque al menos allí tenía compañía. No como en su casa, que estaba siempre completamente sola. Un día, como tantos otros, le ayudé con la comida. Pero comió muy poco porque dijo que apenas si tenía ganas. Cuando le retiré la bandeja se tumbó en la cama y cerró los ojos. - ¿Tiene sueño? - le pregunté. - Sí, un poco. Voy a ver si me duermo un ratito - me respondió. Me senté en una butaca que estaba entre las dos camas y me puse a leer. No habrían pasado más de quince minutos, mi madre también se había dormido, cuando la miré y noté algo raro en ella. Me acerqué a la cama y estuve observándola durante unos minutos.Y de pronto se me encendió una luz y pensé: - Esta mujer está muerta. Cogí su mano y le busqué el pulso pero no se lo encontré. Empecé a llamarla y a darle golpecitos en la cara y tampoco reaccionaba. Aquello ya me pareció de lo más raro, por lo que salí de la habitación para avisar a la enfermera. No quise llamar al timbre para no alarmar a mi madre, que seguía durmiendo. Ya en otras ocasiones se le han muerto compañeras de habitación y siempre le ha afectado mucho. Como siempre la ingresan en la planta de cardiología, por su enfermedad de corazón, no es raro que un día tras otro se muera alguien. La enfermera volvió conmigo y después de intentar encontrarle el pulso, y de escucharle el pecho con las gomas se fue a buscar al médico de guardia. - Si te da cosa quedarte aquí, sal fuera de la habitación - me dijo. - Prefiero quedarme - le contesté. Y allí me estuve hasta que volvió con el médico, que tardaron un buen rato. Mirando a aquella mujer que se había ido en el más absoluto de los silencios. Y me preguntaba, como tantas veces he hecho a lo largo de mi vida, si ella habría sido consciente en el último instante de que estaba atravesando la puerta que le llevaría al más allá. Es imposible, me decía a mi misma, que esta mujer, que hasta hace apenas unos minutos ha sido alguien capaz de pensar, sentir, amar... no sea ahora mas que una especie de desecho. Algo tiene que quedar de ella en alguna parte. Y no me refiero a su recuerdo sino a lo que ella fue. A su esencia, a su alma o a lo que sea... No creo en el cielo ni en el infierno. Ni creo que haya otra vida a la que vamos después de ésta. No al menos una vida como la que nos explica la religión. Pero si de algo estoy segura, es que de alguna manera seguimos viviendo. No sé cómo ni dónde ni de qué manera. Pero no morimos. Es una de esas cosas de las que a veces se está convencida, sin que haya razonamiento que lo justifique, pero es así. Tampoco creo en la reencarnación ni en las vidas sucesivas. En realidad no sé en lo que creo… De lo único que sí estoy totalmente convencida es de que la muerte no es mas que un paso hacia no sé donde. Pero jamás hacia la NADA.








MusicaLigera dijo
En efecto es una de las grandes verdades que buscamos, yo tampoco voy con las explicaciones religiosas, sin embargo igual me cuesta trabajo creer que todo lo que somos en su sentido no físico simplemente se "recicle", quizá las futuras generaciones lo descubran, creo que ya no nos toco.
Un saludo!
9 Febrero 2007 | 11:46 PM