La barbacoa de mi vecino
A mis vecinos les encanta hacer barbacoas. Cada dos por tres se montan un fiestón en la parte de atrás de su casa, y se pasan la mañana preparándola. Su patio está separado del mío por una pared de poco más de un metro de altura, y de ahí para arriba una valla con una enredadera que nos da un poco de intimidad. Lo hacen muy a la americana. Sí, igual que en las películas. Asan sus costillitas, butifarras, carnes, chorizos, morcillas, hamburguesas... después ponen una mesa larga muy bien equipada, y se reúne toda la familia y amigos. Y ponen música, y cantan, y organizan juegos con los niños... Lo peor es cuando les da por hacer gambas o asar pescado. O lo cierro todo a cal y canto, o el aroma impregna toda mi casa durante horas. Y hoy tenían de las dos cosas. Supongo que para que todos los comensales pudieran comer a su gusto. ¿Que te gusta la carne?... Pues nada, le echas el diente a las butifarras, costillas, hamburguesas o lo que haya. Si eres más de productos del mar, las gambas, langostinos, sardinas..., seguro que también calmarán tus ansias de comer. A mí no es que me parezca mal, que en su casa cada uno puede hacer lo que le venga en gana. Además, que como tenemos una relación cordial, de esas que al vernos, ya sea a través de la valla o en la calle, siempre nos decimos: "Hola vecino, qué día más tonto hace hoy..." Esto claro está, si el día ha amanecido nublado y tristón. Porque si es el caso de que es un día de esos radiantes, pues el comentario suele ser: "Vaya día bueno que amaneció..." Y ahí acaban todas nuestras conversaciones. Un buen método para que no hayan peleas ni discusiones de esas absurdas que a veces surgen entre vecinos. Después de diez años conviviendo al lado unos de otros, sólo conocemos nuestros nombres. La relación marcha viento en popa...![]()
Hoy al levantarme, el día era de lo más primaveral. Un sol espléndido comenzaba a despuntar detrás de la montaña, lo que hizo que me apresurara a poner la lavadora, para aprovecharlo. Porque me gusta colgar mi ropa y mis sábanas limpitas en mi patio. Verlas ondear con la brisa soltando esos aromas a campo que les da el suavizante que les pongo. (En realidad no es que me guste esto de las sábanas, pero no tengo más remedio que hacerlo, y como en los anuncios se ve a la gente feliz con su ropa tendida al viento, pues yo quiero ser igual.) ![]()
Y así lo hice. Y después me marché al Caprabo, donde todas las semanas hago mis compras, y volví al cabo de unas tres horas. Salí a mi patio a recoger mi ropa, que supondría ya estaría seca, y me encontré con la barbacoa echando un humo como si de unos altos hornos se tratara. Y me temí lo peor. Me acerqué casi con miedo a mis queridas sábanas, y al llegar junto a ellas se me vino el mundo encima. Las cojo con cierta prevención. Las acerco con delicadeza a mis fosas nasales, y un intenso aroma a gambas, carne, sardinas y no sé qué cosas más, inundó completamente mis papilas olfativas. ¿Y cómo duermo yo ahora en una cama con olor a sardinas ? ![]()













1quimera dijo
Hola!!
Ostia vaya putada, pobres sábanas! jaja
No se.. serán buenos vecinos.. pero no ven k la barbacoa monta un humareda de la leche, y que tu tienes tus sabanas blancas tan feliz colgadas? Que fuerte!
Almenos que avise no?? Donde iremos a parar!
Un saludo
24 Febrero 2007 | 02:30 PM