El Baúl

Abrió la tapa del gran baúl donde guardaba su vida.
Un baúl que había ido creciendo con los años, no pocos ya, y en el que en un revoltijo sin orden ni concierto se guardaban todas sus vivencias. Sabía que tenía que estar allí, lo que un día, todavía no lejano en el tiempo, había perdido. Eso era al menos lo que esperaba y deseaba con toda su alma: poder encontrarlo. Sólo así volvería a ser quien fue...
Comenzó por sacar, por ser la más reciente, toda la tristeza que cargaba a sus espaldas y que guardaba en él. Tanta, que en ocasiones sentía que su peso le aplastaba y le impedía caminar con soltura. La arrojó casi con rabia a un lado de la habitación y continuó rebuscando y rebuscando en su baúl...
Los largos días de playa, el paseo por la montaña, aquella golondrina que en un día de lluvia quedó empapada y moribunda en su balcón, y que amorosamente secó y dio calor hasta que se repuso y emprendió de nuevo el vuelo...
El nacimiento de sus hijos, su primer día de colegio, la mañana de Reyes abriendo los regalos con ellos y reviviendo con ilusión su ya tan lejana infancia...
Todo lo fue haciendo a un lado y siguió buscando y buscando...
Más al fondo del baúl encontró los apacibles días de su niñez, cuando libre como un animalillo salvaje correteaba por el campo y se bañaba en las frías aguas del riachuelo que discurría a las afueras del pueblo donde pasó sus primeros años...
Las ilusiones perdidas, los amigos que el tiempo y la distancia se llevaron, los más recientes que habían venido a llenar el hueco que los otros dejaron... La muerte de quien tanto amaba... A quien todos veían sólo como a un gato pero que siempre fue algo más...
Los días de otoño que tanta melancolía y a la vez alegría traían siempre a su vida... El muñeco de nieve que hicieron cuando la gran nevada y al que todos los vecinos fotografiaron...
La soledad, su inseparable compañera a lo largo de toda su vida...
Encuentros, desencuentros, amores, desamores... Tristezas, alegrías, risas algunas, lágrimas pocas...
Lo que llegó tarde a su vida y se marchó aun antes siquiera de haberlo tenido...
Poco a poco el suelo de la habitación quedó alfombrado con todo aquello que fue sacando de su baúl... Pero lo que con tanto afán buscaba, casi con frenesí, no aparecía por ningún lado. Y sabía que tenía que estar allí. Porque no hacía tanto tiempo que lo había perdido...
Con desaliento se dejó caer al suelo cuando tomó conciencia de que en realidad no sabía siquiera lo que estaba buscando....









el-hombre-del-tibet dijo
Yo necesito un baúl de esos Darunia ,y yo si que sé lo que buscaré, aparte de todo lo que has mencionado ,buscaré escritos ,para archivarlos y guardarlos en la caja fuerte que tengo en mi alma ,que es donde merecen estar ,te advierto que allí tan solo guardo lo escogido ¡lo mejor!.
BESOS MI SEÑORA
Te haces de rogar ,tardas en llegar ,pero cuando llegas arrasas.
9 Enero 2008 | 11:18 PM