A la orilla del camino

- ¿Sabe cómo se repara un alma rota?
Caminaba totalmente abstraído, metido en mi propio mundo como tan a menudo me sucedía, cuando aquella extraña pregunta me hizo volver de repente a la realidad.
Se encontraba sentado a la orilla del camino debajo de un centenario olmo, y me observaba fijamente al tiempo que jugueteaba con una ramita seca que tenía entre sus manos.
- ¿Sabe cómo se repara un alma rota? - volvió a preguntarme de nuevo, clavando con más intensidad su mirada en mí.
No sabría precisar la edad que tenía. De aspecto un tanto desaliñado, con el cabello revuelto y un extraño brillo en sus profundos ojos de un color indefinible, tenía todo la apariencia de ser muy joven, casi un niño, pero con la mirada de un anciano. Una mirada profunda y llena de sabiduría como si estuviera ya de vuelta de todo.
Era un atardecer de un lánguido y amarillento día otoñal, y como acostumbraba a hacer todas las tardes, siempre que el tiempo me lo permitía, me dirigía por el largo y estrecho camino bordeado de altos árboles de troncos retorcidos hacia el viejo y solitario cementerio.
Ya no recordaba cuando fue la primera vez que lo visité. Hacía tantos y tantos años desde aquella primera vez, que ya era casi como una necesidad en mí el visitarlo a diario. Más de cincuenta años habían pasado desde que alguien fuera enterrado en él por última vez, por lo que el paso implacable de los años lo habían convertido casi en un lugar medio salvaje e inaccesible.
Las lápidas de sus tumbas se encontraban la mayoría de ellas medio hundidas entre los hierbajos que fueron creciendo a su alrededor y las inscripciones que en su día tuvieron, aquellas que recordaban a la persona que yacía bajo ellas, se encontraban tan desgastadas que resultaba casi imposible leer lo que en ellas estaba escrito.
Algunas tumbas en vez de lápidas tenían unas ya oxidadas cruces de hierro, la mayoría de ellas caídas en el suelo, como si hubieran perdido la energía necesaria para mantenerse erguidas.
- ¿Sabe cómo se repara un alma rota? - por tercera vez me hizo la misma pregunta..
Quedé parado en mitad del camino, observándole detenidamente, tratando de descifrar que se escondía detrás de aquella profunda y enigmática mirada.
Una ligera sonrisa curvó sus labios al saberse observado, sonrisa que no le llegó a los ojos.
Habría dado cualquier cosa en aquellos momentos por saber qué responderle. Es más, habría dado cualquier cosa por poder explicarle y ayudarle a reparar su alma rota.
Lentamente comencé a caminar de nuevo sin darle ningún tipo de respuesta. Sin saber qué decir...
- Mi alma hace tiempo quedó hecha pedazos...
Era lo único que podría haberle respondido...





el-hombre-del-tibet dijo
Bueno voy a responder yo si me lo permite mi señora Darunia.
Supongamos que vivimos 90 años que va a ser que no pero bueno
Supongamos que el alma se le rompió a los 20
Así que le diría :en 70 años como nueva
Seguro que volvería a preguntar ¿Por qué lo sabes?
Le volvería a contestar el dicho tan famoso:
No hay mal que cien años dure
Después nos vamos al paraíso.
Besos mi señora
12 Abril 2008 | 02:52 AM