El Puzzle

Finalmente había llegado el día...
Sentada delante de la mesa donde lo tenía todo dispuesto y vestida con aquel pantalón de chandal del que era incapaz de desprenderse, a pesar de lo viejo y desgastado que estaba, una camiseta de manga corta que ya pasó también sus mejores años y con sólo unos calcetines de lana en sus pies, sin zapatillas, como le gustaba caminar por la casa, cerró los ojos por un instante como para concentrarse mejor en la labor que tenía por delante. Una tarea nada fácil la que se le presentaba: había decidio reconstruir su vida...
A un lado de la mesa tenía una humeante taza de té a la que le había añadido una hojita de hierbabuena. Con mucho azúcar; como siempre le gustaba tomarlo.
Al otro lado, a la izquierda, una varita de incienso de sándalo, que un día le regaló alguien muy especial, expandía a su alrededor un intenso aroma que le transportaba a otros universos... Aquellos a los que demasiado a menudo le gustaba escapar...
Enfrente tenía la cajita de madera donde había ido guardando, día tras día, todas las piezas que fue rescatando y que ahora se disponía a unir de nuevo como si de un inmenso puzzle se tratase.
Sabía que era misión casi imposible poder volver a reconstruirlo y dejarlo tal y como era antes, porque algunas de las piezas se le habían ido perdiendo por el camino, otras estaban irreconocibles y algunas más pensaba descartarlas para siempre porque no quería que volvieran a formar jamás parte de su Vida.
Además, junto con las piezas que representaban lo que fue, estaban también las que se habían ido añadiendo en los últimos tiempos. Las que reflejaban cómo era en la actualidad. No deseaba que formaran parte de su puzzle personal, pero era consciente de que para bien o para mal ahí estaban y el puzzle no quedaría completo ni terminado si no las incorporaba. Aunque su sola visión le produjera una tristeza nada fácil de sobrellevar. Pero tenía la esperanza de que con el paso del tiempo sería capaz de hacerlo y que terminaría viéndolas como una parte más de su bagaje personal.
También, y después de meditarlo mucho, había puesto en la cajita de madera, junto con lo que fue y lo que era, otras muchas piezas de lo que se había propuesto ser a partir de ese momento: alguien no tan vulnerable; que no se diera tanto a los demás, porque, aunque tarde, estaba aprendiendo que eso sólo llenaba de sufrimiento, tristeza y melancolía su Alma...
Y albergaba, quizás la vana esperanza, de que con la reconstrucción pudiera apartarlos de su vida... Lo que no sería nada fácil, porque se le habían metido tan dentro en el Alma estos sentimientos que sacarlos no podría hacerlo del todo...
Casi como si fuera un solemne ritual tomó un sorbito de la humante taza de té, inspiró profundamente los aromas del incienso de sándalo que ya se habían esparcido por todo su entorno y colocó la primera pieza...
Lo que saldría de allí, una vez terminado, nadie podía saberlo....





unaovarios dijo
Estoy deseando ver qué aparece (para copiarme un poco, jejejeje con tu permiso, que ando montando mi puzzle y estoy atascada)... Me cuesta un poco montar esas piezas de reserva y firmeza, (de esa parte interior dañada por ofrecerla)... Pero por lo menos ya están saliendo de la caja, no? Muchos besos María y un abrazo muy fuerte.
10 Mayo 2008 | 01:57 PM