La huída imposible...

Un día más bajó la pequeña maleta del altillo del armario donde la tenía escondida y siguiendo el ritual, tantas veces ya repetido, comenzó a llenarla.
En primer lugar la ropa interior; poca cosa porque no quería llevarse mas que lo absolutamente imprescindible, y después algunas prendas de vestir. Un conjunto para cada estación del año... Aunque pensándolo bien, tal como actuaba últimamente la Naturaleza, sólo necesitaba ropa para los días de más calor y para cuando hiciera algo de frío... Porque hasta eso había desaparecido... Ya no existía ni la Primavera ni el Otoño... Se pasaba directamente del más frío invierno a las temperaturas más cálidas del verano.
Un par de zapatos de repuesto, un pequeño neceser con alguna cosa para su aseo personal y los pocos ahorros que a lo largo del tiempo, desde que tomó la decisión de marcharse, había ido guardando a hurtadillas.
Cuando lo tuvo todo listo cerró cuidadosamente la maleta, se puso el abrigo y los guantes de lana, estaba siendo aquel un invierno crudo y frío, se anudó al cuello la vieja bufanda azul que tanto le gustaba y salió a la calle, cerrando la puerta del que durante más de veinte años había sido su hogar.
Lentamente, con pasos algo cansados y arrastrados atravesó el parque camino de la estación. Sin volver la vista atrás...
Las hojas secas caídas en el suelo, todavía húmedas por las gotas de rocío del amanecer, crujieron bajo sus pies y aquel sonido le sonó, como siempre le ocurría, a música celestial.
Se cruzó con algunos transeúntes que arrebujados en sus abrigos ni siquiera repararon en ella, lo que hizo que sintiera aún más el peso de la soledad.
Ya en la estación, desierta en quellas tempranas horas de la mañana, buscó un apartado banco en el que poder sentarse y depositó la vieja y pequeña maleta sobre él.
Miró a lo lejos, en la dirección por la que debía llegar el tren que la alejaría de una vez para siempre de aquella vida que le asfixiaba cada día un poco más y siguió esperando... Esperando y esperando, como tantas mañanas había hecho en los últimos meses.
Cuando finalmente el tren llegó, casi como un espectro en el más absoluto de los silencios, no hizo ningún ademán para levantarse del banco en el que se hallaba sentada.
No se veía dentro a ningún pasajero; era el mismo tren fantasma de siempre...
Pasados unos minutos, o quizás fueran unas horas, se puso en pie, cogió de nuevo su vieja y pequeña maleta y desanduvo el camino que le llevaría de regreso a casa.
Hasta la mañana siguiente... Cuando volviera a marcharse de ella...




tibetanox dijo
En ocasiones sentimos el hastió, el tedio etc... Se acomoda a nuestro lado haciéndonos llevar una vida monótona, algo así como con desgana, entonces es cuando creo que pensamos en la huida, en la búsqueda de nuevos horizontes, supongo que es a eso a lo que te refieres.
Muy sentimental y emotivo Darunia, melancólico, pero es algo que todos llevamos dentro.
Un abrazo amiga
24 Enero 2009 | 12:46 AM