Confianza rota

No volveré JAMÁS a confiar en nadie... - sentenció al tiempo que irrumpía en la habitación en la que me encontraba en esos momentos leyendo un libro.
A sus recién estrenados doce años, la traición, como ella la llamaba, de su mejor amiga le había dejado una sensación amarga en el alma.
Me explicó que había perdido, PARA SIEMPRE JAMÁS - palabras textuales suyas - la fe en los demás. Porque deduzco que pensaba que si alguien, a quien conocía desde la más lejana infancia, con quien había compartido risas y juegos, secretos, sueños e ilusiones, había sido capaz de hacerle eso...
- ¿Qué voy a esperar del resto de la gente? - terminó preguntándome con lágrimas en los ojos.
Como mejor pude traté de consolarla. Quise hacerle entender que un "pequeño" desliz como aquel cualquiera podía tenerlo.
- Las personas a las que queremos - le dije -, no siempre están de nuestro lado. Y por eso a veces nos defraudan; se nos pueden caer del pedestal en el que las habíamos subido y con su actitud pueden hacernos sentir que no valió la pena darles tanto, porque lo que finalmente obtuvimos a cambio fue muy poco...
Ella me miraba con esos grandes ojos suyos de mirar profundo que siempre ha tenido. En ellos pude ver cómo casi me suplicaba que le diera esperanzas; que le dijera que sí, que a pesar de lo que le había pasado, se puede seguir confiando en los demás. Incluso en aquellos que en un determinado momento te hubieran traicionado y dado la espalda, como había hecho su mejor amiga.
- No dejes nunca que un hecho aislado acabe con algo tan hermoso y que costó tanto construir. Porque la amistad es un edificio, casi siempre sólido como un castillo, que se va construyendo poco a poco... Lentamente... Piedra sobre piedra... Una sólida e inmensa fortaleza que si hemos sabido construirla bien se convertirá en el mejor de los refugios. Seguramente ella no lo hizo conscientemente y no pensó que al traicionar tu confianza podría hacerte un gran daño - añadí para terminar.
Siempre he sido de los que ven el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. De los que siempre, pese a todo, encuentran una justificación a lo que hacen los demás por incomprensible que nos resulte. Es cierto que quizás más a menudo de lo que incluso me gusta reconocer, aquellos en quienes más confiamos parece que nos hayan dado la espalda... Pero aún así, mi fe en los demás sigue y seguirá siempre intacta.
Han pasado ya unos pocos años desde aquel episodio. Su amiga, la que le "había traicionado", sigue siendo alguien con quien puede contar en los peores momentos, que son a fin de cuentas aquellos que nos demuestran qué es lo que se esconde en el fondo de cada persona.
Van juntas a la Universidad; han elegido incluso la misma carrera y hacen mil y un planes para el futuro. Un futuro en el que sueñan poder seguir alimentando esa hermosa amistad que nació en la guardería y que todavía aún perdura, habiéndose fortalecido con el paso de los años.
Y yo me siento feliz y contenta. Porque de la misma manera que me lo enseñaron a mí, me he dado cuenta de que también yo he sabido transmitirle mi fe en los demás. Y sobre todo hacerle ver que un amigo es, y será por siempre, un compañero del alma... No importa lo que hagan... No importa lo que digan... Habrá momentos oscuros y momentos en los que la desesperanza se convierta en tu peor enemigo. Pero jamás nadie podrá convencerme de que en el fondo, todos ellos esconden algo por lo que vale la pena apostar...
