Y dejó que volara...

No fue una decisión fácil pero sabía que aquello era lo que tenía que hacer...
Abrió las manos y con una tristeza infinita dejó que emprendiera el vuelo.
Sintió un terrible vacío en su interior al ver cómo se alejaba lentamente hasta perderse en el horizonte, al tiempo que pensaba que quizás, sólo quizás, algún día los vientos de la vida harían que retornara de nuevo a su lado...



jotatrujillo dijo
Ese dolor es el precio que hay que pagar por la libertad. Si alguna vez vuelve, sabrá agradecerte el hecho de haberle enseñado a volar.
Un abrazo.
1 Septiembre 2009 | 05:57 PM